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La transformación colaborativa

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La economía colaborativa es muchas cosas. Puede también que en realidad no sea ninguna de las que habitualmente se cuentan. La economía colaborativa, el concepto, ha devenido en una especie de cajón de sastre donde parece que todo cabe, con tal de que dos personas sin categoría de empresa se relacionen en un intercambio de valor. Es cierto, por tanto, que urge un trabajo de rigor y definitiva definición del concepto. Pero no es el objeto de este artículo. Aquí vamos a reflexionar sobre el fenómeno de la economía colaborativa, no sobre el significante y el significado. Por eso vamos a aceptar el cajón de sastre y vamos a meter la mano en él, a ver qué sacamos.

El proceso de asignación de unos recursos que, per se, resultan escasos es propio del análisis económico. También lo es identificar los problemas y costes asociados a la prospección de información, buceando en un océano de asimetría. De igual modo, el análisis y gestión de intercambios entre agentes económicos y, en última instancia, la búsqueda de colaboración entre las partes, suponen ciertas funciones básicas del management.

El sector turístico logra atraer a cientos de miles de nuevos turistas, fundamentalmente desestacionalizados, británicos, centro-europeos y nórdicos. Son en su mayoría viajeros de rentas altas y clases pasivas cuyos ingresos emanan de los Sectores Públicos de aquellos países y cuyas rentas pueden recalar en el nuestro. Todo ello sustanciado desde un planteamiento de estancias de larga duración, quizá residenciales, y puede que de base colaborativa.

El uso de este tipo de economía facilita, en gran medida, la puesta en el mercado de un importante stock de producto ocioso, al no requerir por parte del oferente la creación de canales nuevos, con el consiguiente coste monetario y temporal, y utilizar los Marketplace existentes. Los intermediarios desaparecen. En rigor, los intermediarios quedan subsumidos en otros nuevos grandes operadores. Como apuntaba hace unas semanas en estas mismas páginas Roberto Espinosa, la eclosión tecnológica hace posible que se den nuevos intercambios “par a par” que son en ocasiones de pequeña cuantía, pero iterados, y que antes no resultaban económicamente eficientes. El avance tecnológico permite la eclosión de nuevos modelos de negocio fundamentados en el intercambio entre partes iguales, incluso para transacciones con un importe testimonial.

El acceso al mercado es entonces rápido y eficaz, concentrando –polarizando- la actividad en torno a unos cuantos macroactores que son nuevos en el mercado y que lo transforman inexorablemente.

Los mercados con dos lados representan grupos organizados que consolidan y proyectan la externalidad de uno sobre otro grupo. Por lo general, el segundo grupo, el demandante, no suele estar tan bien organizado. Y es por ello que esa asimetría provoca un desplazamiento de las capacidades de decisión y de las posibilidades de aprovechamiento en favor del oferente. Es lo que desde Ronald Coase damos en llamar una asimetría de información. Algo que, en un mercado tradicional, incrementa los costes de transacción, fundamentalmente por incumplimiento, para ambas partes.

El Marketplace ayuda reducir estos costes, y es en este nuevo movimiento de economía colaborativa en el que las plataformas pueden ofrecer al grupo de los consumidores finales del bien o servicio herramientas más robustas que reducen estos costes de transacción, mejorando con ello la fiabilidad en la valoración del servicio al tiempo que mejoran el poder de negociación del usuario.

Se genera así una equiparación de fuerzas, al darse gran cantidad de oferta así como de información disponible para hacer posible una valoración más ajustada de esa oferta. En un análisis de las 5 fuerzas de Porter veríamos cómo el poder de los clientes aumenta, aunque también el de la nueva competencia, al reducirse las barreras de entrada a esos mercados en muchos de los casos.

Sea como fuere, los Marketplace no sólo alteran el equilibrio de fuerzas del sector, sino que, desde una perspectiva de uso y acceso al mercado, brindan opciones muy relevantes tanto a ofertantes como compradores. Las herramientas de puntuación y valoración (pensemos en Uber o MyTaxy, por ejemplo) que estos canales facilitan a sus usuarios finales vienen a ofrecer mejoras en la calidad del servicio, pues incentivan la competencia interna entre los conductores, siendo evaluados por los clientes al contar con el acceso a una información a la que en los canales y mercados tradicionales esos usuarios no tendrían acceso.

En este sentido, tradicionalmente encontrábamos ejemplos como los sitios web de subastas o las agencias de citas. En ambos casos comprobamos que el Marketplace distribuye contactos entre oferentes y demandantes de bienes o de relaciones, según el caso. Con la generalización de este tipo de accesos al mercado se consigue, casi para cualquier tipo de producto o servicio, no sólo una reducción de costes, sino también el acceso a mercados de oferta minoritaria, pero que al resultar agregada a estos canales genera un volumen atractivo y muy relevante para el sector, haciendo eficiente la aparición de la oferta y volviendo el mercado más dinámico y flexible.

Como ya hemos señalado, es posible que uno de los hechos diferenciales más potentes venga del lado de la capacidad de valoración con que cuentan aquellos usuarios demandantes, con respecto a la calidad, fiabilidad y/o credibilidad del producto-servicio ofertado, esto es, de la exactitud ex post con respecto a la información ofrecida ex ante previamente mostrada con anterioridad al momento del acuerdo o intercambio. El impacto que genera este hecho no se reduce sólo a la propia relación que se genera en la web o App, sino que afecta a otros elementos del mercado.

Así, la definición de calidad deja de quedar en manos académicas u oficiales, y a título práctico pasa no sólo a estar a manos de los clientes y usuarios, sino a segmentarse y convertirse en un concepto poliédrico, con distintos significados según qué submercados atendamos. Constituye, en suma, un aumento en la complejidad de gestión y un estímulo en el análisis y control big data.

Centrándonos en el sector turístico, Airbnb o BeMate constituyen Marketplaces que configuran lo que llamamos en economía mercados bilaterales ( two-side market) que no dejan de aplicar una tecnología nueva a un proceso de intercambio clásico a través del cual los particulares con excesos de oferta buscan a particulares con excesos de demanda.

Con la problemática del desarrollo sectorial en base a ejemplos como el representado por la ciudad de Barcelona, y en muchos casos el tipo de tributación, sugieren que, además de los aspectos fiscales y laborales correspondientes a la economía colaborativa, desde las instituciones públicas debería desarrollarse un marco legal específico que cubra actividades concurrenciales de una manera transversal, tomando el conjunto del movimiento p2p en que se integra la frecuentemente denominada economía colaborativa.

Tengamos en cuenta que una de las principales causas de queja en el sector turístico nacional es la falta de una regulación que permita al sector competir de igual a igual con esta nueva oferta que aflora gracias a la economía colaborativa.

Otra de las problemáticas pasa en el caso español por el papel del TRADE ( Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente) y su uso (y abuso) por parte de muchos de estos modelos de negocio.

La economía colaborativa precisa análisis de sus retos y reformulación de las políticas públicas. En este sentido, recomendamos la revisión de la Resolución del Parlamento Europeo en su Agenda Europea para la economía colaborativa, cuyo preciso análisis en materia laboral lleva a cabo el profesor Adrián Todolí.

De fondo: la externalidad negativa que representa el problema del polizón, esto es, que unos estén sometidos a una serie de impuestos (y/o cotizaciones) nacionales o autonómicas y otros no, beneficiándose todos (los que tributan y/o cotizan y los que no lo hacen) de unos servicios públicos, coberturas específicas y derechos universales que ofrece el Estado del Bienestar, dando lugar en consecuencia a lo que debemos denominar competencia de tipo desleal o dumping social.

La ausencia de regulación incoa en el equilibrio competitivo un problema de sostenibilidad a medio y largo plazo en un enfoque bifronte. Como decimos, desde un ámbito administrativo y con efectos sobre el Estado del Bienestar (elusión tributaria y laboral), impactando en última instancia sobre la cohesión social. Por otro lado, además, en base a la ausencia regulatoria, en muchos casos, distribuyendo la externalidad negativa con un importante impacto sobre la sostenibilidad de tipo medioambiental, en particular mención en lo referido a aspectos relacionados con la economía colaborativa de tipo turístico.

El p2p representa la punta del iceberg respecto a una transformación que condiciona todos los sectores. Se trata de una revolución transversal que inunda todas las áreas de nuestras vidas. El consumo colaborativo no deja de representar un cambio de paradigma. Nos desplazamos desde un modelo económico basado en la propiedad (tenencia) a una basada en el uso (disfrute), al menos en este momento de manera tangencial e incipiente. Quizá cristalice todo ello con el paso de la economía colaborativa (en rigor, gig economy) hasta el B2B y el B2C. Alcanzada la industria, su consolidación será imparable.

En el desarrollo de futuras líneas de análisis abordaremos cómo este cambio de paradigma puede llegar a transformar el modelo económico actual y, en consecuencia, alterar el equilibrio de fuerzas que venimos vivenciando probablemente desde el establecimiento y generalización de la Propiedad Privada.

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