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Análisis

Bruselas suspira por una victoria de Macron en Francia

Para la UE, una victoria del 'novio de Bruselas' Emmanuel Macron podría ser motivo de celebración, y tiene mucho que temer de una victoria de Le Pen o Mélenchon

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Fillon y Mélenchon se acercan más todavía a Le Pen y Macron, según un sondeo

De izquierda a derecha: François Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Mélenchon, Marine Le Pen y Benoit Hamon. EFE

Con dos euroescépticos convencidos y un proeuropeo igualmente apasionado entre los cuatro candidatos con posibilidades de llegar a la segunda vuelta, las ajustadas elecciones presidenciales francesas podrán posiblemente destruir, o construir, la UE.

Autoridades europeas y diplomáticos comunitarios se muestran escépticas ante la idea de que Francia, un miembro central del bloque, abandone la Unión Europea. Tanto el candidato de izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, y su rival ultraderechista, Marine Le Pen, han promovido esta idea, aunque no siempre con mucha contundencia.

Más preocupante, y quizá más probable, es la posibilidad de que París dé la espalda a la UE. La Unión Europea no sobreviviría al Frexit, aunque esta idea “parece bastante improbable”, señala un destacado diplomático. “Pero una oposición activa desde dentro sería casi peor”, añade.

Golpeada por el Brexit y enfrentándose a otros problemas como una crisis de refugiados no resuelta, un crecimiento económico lento y un creciente número de capitales rebeldes, la UE necesita buenas noticias.

Para muchos una victoria de Emmanuel Macron – el centrista liberal proUE que, según predicen las encuestas, ganará la presidencia si llega a la segunda vuelta–ofrecería a Francia una oportunidad de reforma y a Europa una oportunidad de recuperarse.

“Demostraría que los centristas liberales proUE todavía pueden tener futuro en la política europea”, afirma Charles Grant, del Centro de Reforma Europea. “Macron quiere llevar a cabo reformas para avivar la economía francesa y reforzar su posición en Europa”, añade.

Una victoria de Macron podría insinuar también que, tras la decisión de Reino Unido de abandonar la UE y la conmoción de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, “puede que la muerte del liberalismo, el internacionalismo y la Unión Europea no sea inevitable”, explica Grant.

Macron, el "novio de Bruselas"

Si Macron puede implementar su reforma laboral y otras reformas estructurales, ello podría recuperar el intermitente motor franco-alemán que tradicionalmente ha impulsado a la UE pero que se ha visto limitado en los últimos años por la renqueante economía francesa.

Sin duda, un presidente Macron haría más duras las negociaciones del Brexit con Reino Unido. Ya ha advertido que no puede haber “excepción o renuncia” a la posición “inquebrantable” del bloque sobre la prioridad que es la defensa de sus propios intereses.

Con la economía de la eurozona comenzando a recuperare y tras la derrota del antiUE Geert Wilders en Holanda, Macron, apodado “el novio de Bruselas” por sus oponentes, sería un “estímulo inmenso”, indica un miembro de la Comisión Europea.

Desafortunadamente para la UE, sin embargo, el exbanquero y exministro de Economía socialista, que nunca ha ocupado un cargo electo, puede que sea el favorito para ganar la segunda vuelta, pero no está claro que pase la primera.

Mélenchon, el rey de los mítines

Los cuatro favoritos – incluido François Fillon, castigado por escándalos de corrupción y a quien le disgusta el federalismo europeo y quiere una UE más intergubernamental, pero que no tiene planes de cambiar la relación de Francia con el bloque comunitario– están tan cerca en las encuestas que es imposible predecir qué dos llegarán a la segunda vuelta.

La posibilidad de una victoria de Le Pen, la líder ultraderechista y euroescéptica del Frente Nacional, o de Mélenchon, de izquierda radical, ha encendido todas las alarmas en Bruselas. Si bien sus posiciones sobre la inmigración son diametralmente opuestas (Le Pen quiere sacar a Francia del espacio Schengen), hay pocas diferencias entre las posiciones de ambos candidatos en cuanto al euro y a la pertenencia a la Unión Europea.

El llamado “Plan A” de Mélenchon consiste en  una renegociación colectiva de los tratados de la Unión Europea en la que participen los Estados miembros interesados, y en un acuerdo por reformas fundamentales, incluidos grandes cambios en el euro. Su “Plan B”, si fracasa el primero, es una salida unilateral de Francia de la Unión, aunque últimamente ha intentado calmar los temores de que este sea su objetivo.

El veterano de extrema izquierda afirma que, en cualquier caso, el resultado de las conversaciones sería sometido a referéndum. Su rival, Le Pen, también ha prometido un referéndum tras una “renegociación de la permanencia de Francia en la UE” con el objetivo de “una recuperación absoluta de la soberanía nacional”, incluida la vuelta al franco. A primera vista, sus objetivos no son compatibles con la participación de Francia en la UE tal y como es actualmente.

La importancia de las legislativas

Si la UE27 parece relativamente optimista ante las escasas posibilidades de un Frexit y de una salida de Francia del euro –ninguna sería posible sin la otra– es en parte porque un presidente francés sin mayoría parlamentaria estaría muy limitado.

Esto podría afectar a Macron, que, si gana, necesitaría atraer tras las elecciones legislativas una compleja coalición de centristas de la izquierda y la derecha y los nuevos diputados de su movimiento ¡En Marcha!

Sería mucho peor para Le Pen o Mélenchon, ya que es muy poco probable que ganen el apoyo parlamentario suficiente para una referéndum sobre la pertenencia de Francia a la UE, un asunto anclado en la Constitución del país.

Si el nuevo presidente optase por ignorar el Parlamento y el Tribunal Constitucional y acudiese directamente a la gente, los sondeos indican que muy pocos votantes franceses estarían dispuestos a asumir el caos de una salida del euro que los economistas estiman que podría costar 180.000 millones de euros.

Pero incluso sin un verdadero Frexit, un presidente francés populista y euroescéptico podría plantear enormes problemas al bloque comunitario, empezando por las negociaciones sobre el Brexit, en las que la UE de los 27 ha demostrado hasta ahora un asombroso grado de unidad.

Pero  Le Pen ha celebrado el voto de Reino Unido para salir de la Unión como “el primer gran golpe al antiguo régimen” y “el nacimiento de una nueva Europa”. Se podría esperar que Le Pen presionase por unas condiciones que hiciesen de todo menos disuadir a otros miembros a abandonar la UE.

Mélenchon también ha llamado al Brexit “el comienzo del final de una era” y “un terremoto para la UE tal y como la conocemos”. Su programa electoral pide explícitamente que el proceso de salida de Reino Unido “no incluya venganza o castigo”.

Pero las posibilidades de confrontación a más largo plazo van mucho más allá de las diferencias sobre los términos del Brexit. El programa económico de ambos candidatos, por ejemplo, incluye grandes aumentos del gasto público que romperían las normas europeas sobre el cumplimiento del déficit presupuestario.

Los planes de Le Pen de gravar las importaciones y el trabajo de baja remuneración proveniente de Europa del Este serían incompatibles con el mercado único. Por su parte, las promesas de Mélenchon de vetar los acuerdos de libre comercio y de acabar con la independencia del Banco Central Europeo sería un anatema en Bruselas.

Al fin y al cabo, podría ser que el mero hecho de una presidencia de Le Pen o Mélenchon, desobedeciendo las normas, cuestionando los planes y frenando  el apoyo general, sería suficiente para limitar a la UE cuando más necesita avanzar. Para Bruselas, pocas elecciones europeas han tenido tanta importancia.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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