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Casandra, profecías, encuestas y PSOE

Vistos los resultados del CIS, tampoco es que hubiera hecho falta ser augur para anticipar los resultados de la desdichada operación del Comité del PSOE del 1 de octubre: simplemente había que levantar la cabeza del ombligo y observar mínimamente el panorama

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Javier Fernández teme que el nuevo gobierno no sea dialogante ni flexible

Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE. EFE

Cuenta la mitología griega que Apolo se enamoró perdidamente de Casandra, hija de Príamo de Troya, y para seducirla le concedió el don de la adivinación. Como quiera que ésta finalmente no se avino a los deseos del dios, éste "completó" su don con la maldición de que nadie creería sus vaticinios. La hija del rey, pues, se paseaba por la ciudad anticipando su futuro ante la completa falta de interés de los troyanos. Si alguien en Troya hubiera hecho caso de la pobre Casandra, seguramente Homero se hubiera quedado sin trabajo.

En la actual intelligentsia del PSOE a Casandra, más que tratarla con desinterés, la habrían echado por la ventana por aguafiestas. Tampoco es que hubiera hecho falta ser augur para anticipar los resultados de la desdichada operación del Comité del 1 de octubre. Simplemente había que levantar la cabeza del ombligo y observar mínimamente el panorama.

El informe del CIS de este lunes arroja un resultado no por esperable menos dramático. El PSOE pasa a ser tercera fuerza política con un pronóstico del 17% de voto, a más de 4 puntos de Podemos y prácticamente doblado por un rampante PP. No hace falta ser muy agudo tampoco para anticipar cuál habrá sido además la evolución desde el 10 de Octubre (fecha final del muestreo), abstención y circo mediático mediantes. Estoy seguro de que el posterior sondeo, que mida el efecto de todo lo sucedido en octubre, nos hará desear darle un beso a los/as trabajadores del CIS.

Hablando de profecías, nos hallamos ante un ejemplo de libro de profecía autocumplida. Esto es, se han creado activamente las condiciones para que el futuro deseado se correspondiera efectivamente con la realidad. Ha sido recurrente el argumento de que unas nuevas elecciones –dando por hecho, que es mucho, que existiese únicamente esa posibilidad– solo habrían producido una mayoría más amplia del PP y una debacle socialista. Ayer mismo un titubeante Javier Fernández, solo acertaba a repetir ese argumento para justificar todo lo ocurrido. Y no, no se pueden contrastar hechos con fabulaciones. No hay ni una sola encuesta previa al golpe de mano del Comité que reflejara que el PSOE iba a bajar una décima en intención de voto; todo lo más, las hay que reflejaban subidas, fruto seguramente de convertirnos en antagonistas principales de la derecha.

El CIS del lunes se complementaba con un sondeo publicado esa misma mañana, en el que se reflejaba que dos de cada tres votantes del PSOE rechazaban la abstención en la investidura. Eso, añado, sin contar a quienes ya nos habían abandonado por la izquierda y a quienes si queremos volver a ser un proyecto mayoritario deberíamos intentar volver a seducir.

La única "buena noticia" para el PSOE es que la subida de Unidos Podemos es imperceptible. El partido de Pablo Iglesias parece incapaz de moverse de la esquina del tablero y ocupar las enormes partes abandonadas por el socialismo. Se está produciendo una enorme masa de huérfanos/as de la socialdemocracia que se han quedado sin referente político. "Buena noticia" así, entrecomillado, porque de no cambiar nada lo único que certificará es la imposibilidad de que la izquierda pragmática pueda implementar un proyecto alternativo al de la abrumadora derecha que nombra ministras como Cospedal. Ya hemos comprobado quiénes han sido los beneficiarios de nuestra particular versión de las vísperas sicilianas (me refiero, por supuesto, al drama operístico, no al acontecimiento histórico).

Es más que evidente que el problema del PSOE no es que ponga algo más acertado o menos en un documento de trabajo; particularmente creo que nuestro último programa electoral es un fenomenal diagnóstico y propuesta acerca de la realidad española, fruto del trabajo de militantes y organizaciones sociales, difícilmente mejorable. Lo que toca definir es qué queremos ser y por consiguiente quién nos debe dirigir.

Creo firmemente en un proyecto autónomo que lidere la izquierda desde la moderación formal y la profundidad material, también desde el diálogo; que genere espacios más amplios donde puedan caber más segmentos y más formas de sentir y de pensar, que cambie el tablero de juego. La alternativa es seguir aceptando el marco que nos ha definido la derecha, con un tablero cada vez más estrecho en el que acabaremos por no caber tampoco nosotros.

Toca que la democracia resuelva el conflicto de modelo de partido que vive el PSOE. Toca no marear más la perdiz y convocar ya el Congreso. De pasar mucho tiempo con esta deriva confusa y sin liderazgo, los socialistas acabaremos por encontrar definitivamente analogías en Grecia, pero no precisamente en la de Homero.

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