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Trump indulta al sheriff de los “campos de concentración” para hispanos

El presidente de EEUU perdona al símbolo racista de la lucha contra la inmigración

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Trump indulta al polémico exsheriff Joe Arpaio

Joe Arpaio, racista, xenófobo y, según Trump, "patriota americano". EFE

En el elegante estilo que le caracteriza, Trump ha esperado a que el país estuviera aterrado por la llegada del huracán Harvey para anunciar que ha indultado a Joe Arpaio. El antiguo sheriff de Maricopa, en Arizona, es una figura conocida en todo el país después de décadas de demonizar y perseguir a los hispanos. Había sido condenado por ordenar a sus agentes que se centraran en personas de rasgos latinos, o más bien por seguir haciéndolo después de que un juez le advirtiera de que era ilegal. Sin embargo no irá a la cárcel –fue condenado por desacato–; el presidente le ha indultado porque “ha mantenido a Arizona a salvo”.

“¿Ha sido condenado el sheriff Joe por hacer su trabajo? Voy a hacer una predicción, creo que le va a ir bien”, dijo Trump a sus seguidores en un mitin hace poco. “Hacer bien su trabajo” es un concepto amplio, pero la Casa Blanca ha sido aún más precisa en su comunicado oficial: “Proteger a la gente de las lacras del crimen y la inmigración ilegal”.

Trump ha perdonado a Arpaio porque es un ídolo de la derecha más racista y porque desde un primer momento apoyó su campaña presidencial, incluso durante las primarias republicanas.

El principal periódico de Phoenix, la ciudad más grande del condado de cuatro millones de habitantes donde mandaba el sheriff, ha hecho un recopilatorio de las peores barbaridades de los 24 años de mandato de Joe Arpaio. Entre ellas destaca esa cárcel al aire libre que él mismo definía como su “campo de concentración”, un lugar por el que han pasado miles de hispanos sin más delito que no tener papeles y donde el número de suicidios era sospechosamente alto. A Arpaio le gustaba guiar personalmente por allí a los periodistas y mostrarles a los prisioneros a los que obligaba a usar ropa interior rosa por el simple gusto de humillarlos.

Sus habituales declaraciones sobre los hispanos y el crimen le ayudaron a forjarse esa imagen de “el sheriff más duro de América” entre los conservadores. También las palizas y las muertes achacadas a sus agentes. Mientras Arpaio bordeaba la ley para afianzar su reputación, el condado iba pagando indemnizaciones millonarias a todas las víctimas de sus abusos. Y a pesar de la retórica, el crimen no bajaba.

Tal vez la obsesión de Arpaio con la inmigración le impedía ver otros delitos, como las docenas de violaciones y abusos sexuales a menores que su departamento decidió no investigar mientras sí tenía tiempo para organizar el concurso diario de “la mejor foto de la ficha de un detenido”.

Arpaio estuvo un cuarto de siglo como sheriff. La justicia lentamente le dio alcance, aunque antes fueron los votantes quienes le despidieron. De los muchos desmanes que cometió, sólo iba a pagar por uno. Ya ni eso: Trump ha firmado su indulto porque es “un patriota americano”.

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