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Trillo se confiesa

El entonces ministro de Defensa sabía que las identificaciones estaban chapuceramente hechas y aun así las dio por buenas para que el asunto se clausurara.

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Sin acto oficial, familias recuerdan a los 62 fallecidos del Yak tras 10 años

Fotografía de archivo tomada en Trabzon (Turquía), el 27 de mayo de 2003, del lugar del accidente del avión Yakolev 42. / Efe

Yo me confieso por esto y asunto resuelto, es la ventaja que tenemos los creyentes.

Así contestaba Trillo al interlocutor que le reprochaba en los pasillos del Congreso su nula mala conciencia por su comportamiento negligente en la matanza de 62 militares españoles que venían a España en un vuelo todo a cien desde Afganistán.

Los datos de la matanza del Yak-42 son tumbativos.

Restos mortales de un fallecido que fueron entregados a los padres de otro fallecido. Madre y padre que pensaron durante meses que honraban a su hijo en el cementerio de su pueblo cuando en realidad su hijo había sido incinerado y sus cenizas aventadas en el mar por otros padres, también engañados. Restos mortales de dos militares metidos en un mismo féretro. Anillo de boda en el que figuraba el nombre del fallecido y que fue pasado por alto y no identificado. Forenses fiables de la Guardia Civil que no fueron enviados a Turquía y se sustituyeron por médicos de confianza de Trillo, que no eran forenses y carecían de experiencia. Forenses turcos que hicieron profesionalmente su trabajo en las autopsias de 32 víctimas. No forenses españoles, que no hicieron su trabajo con los restos mortales de 30 víctimas, aceleradamente mal identificados. Trillo que sabía que las identificaciones estaban chapuceramente hechas y aun así las dio por buenas para que el asunto se clausurara.

Todo esto y mucho más pasó cuando Trillo decidió que había que repatriar los cadáveres con urgencia desde Turquía para que se celebrara cuanto antes un funeral de Estado (¿?) en Zaragoza con asistencia de Aznar, ese señor que da miedo.

Trillo, el hombre capaz de arrestar al responsable de que un ascensor del Ministerio de Defensa no funcionara; Trillo, el gran conspirador en cuestiones de justicia, el que tantos sumarios e investigaciones judiciales ha abortado para salvar a los corruptos del PP; Trillo, que se paseó con zapatos mocasines con borlas, los gemelos en los puños puñeteros de la camisa, con un propio al lado sujetando un paraguas para proteger al ministro bajo la niebla en el lugar del siniestro; Trillo, que de esa guisa pisoteó los restos de los militares españoles, 62, muertos  en los montes de Turquía.

Hay correos previos a la matanza que certifican cómo los muertos sabían desde hacía meses que esos vuelos eran insostenibles: olores varios sospechosos, ruidos imposibles, aterrizajes y despegues que anunciaban muerte. Trillo ni caso, solo diligente con su ascensor.

Diez años después de que murieran 62 personas por culpa de una cadena de negligencias, los familiares piden responsabilidades. Ya saben lo que pasó, cómo pasó y quién fue el culpable que pudo evitar lo que pasó: Federico Trillo. Trillo, responsable in vigilando. Ahora, los familiares de las víctimas quieren que paguen los responsables, desde Trillo, premiado por Rajoy con una embajada en Londres aunque no es diplomático, al general Alejandre, actual consejero de Transportes del Gobierno balear con el PP.

Me temo que no les pasará nada a ninguno de los dos. Trillo, por si acaso, ya ha sido perdonado en el confesionario. Es la ventaja que tienen los creyentes sin escrúpulos

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