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Paula Echevarría, Mr. Wonderful y las personas

Por mucho que nos intenten bombardear con el falso positivismo liberal y las tazas de Mr. Wonderful, no, no todo depende de tu alegría y tu optimismo, eso es lo que le conviene justamente a los privilegiados: así, cuando te pateen el culo y abusen del poder que tienen sobre ti, no cargarás –unida a las demás– contra sus privilegios, sino –a solas– contra ti misma y con lo torpe que fuiste por no apartarte a tiempo

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El problema de que mujeres con enormes altavoces como Paula Echevarría no se consideren feministas va más allá de lo que pueda parecer. Una mujer puede conocer o no el significado de la palabra feminismo, vivimos ejemplos a diario, sabemos que es una realidad. Muchas, muchísimas personas aún creen que el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Pero es que, de las declaraciones de Paula Echevarría (y de muchas otras) se desprende algo más que una confusión con la terminología. 

"Yo me defino como persona. Yo creo que no hay que ser feminista ni machista, yo creo que los extremos nunca son buenos ni para un lado ni para el otro", dijo Echevarría para  Zeleb.

La gravedad, en mi opinión, no es tanto desconocer el significado del feminismo y su historia, como lo que esto conlleva: ser mujer y creerse igual a los hombres.

¿Cuál es el peligro de esta creencia?

El mismo que corremos los obreros y las obreras cuando no tenemos conciencia de clase: nos explotarán más y mejor, y además daremos las gracias cuando el patrón nos deje librar los domingos.

Para poder mantener los derechos que las mujeres hemos ido recuperando a lo largo de la Historia (gracias a la lucha feminista), necesitamos ser conscientes de qué implica ser mujer, y esto empieza por tomar conciencia de que pertenecemos a una clase política diferente que los hombres. Percibir esta realidad no implica que nos conformemos con ella, ni mucho menos, pero es necesario saber cuánta distancia le lleva el adversario en una carrera para saber cuándo y cuánto ha de esprintar. Si, como mujeres, no nos damos cuenta de que el pistoletazo de salida nos pilla con un baúl atado a la espalda, creeremos que la carrera es justa. Pero no lo es, y así no vas a ganar la carrera.

El individualismo en el que cada vez estamos más inmersos (ellos y nosotras), ayudado por el mensaje liberal de que "todo depende de tu esfuerzo" (ignorando que algunas personas llevan baúl de diferentes tamaños y otras ni siquiera una mochilita) nos hace creer fervientemente que el secreto del éxito depende de qué opinión tenga cada persona de sí misma, y no de cómo la sociedad nos perciba. Éste es el verdadero peligro para nosotras, creernos que todo pasa por catalogarnos como "personas".

Claro que somos personas, biológicamente hablando no hay discusión posible, el problema es que las experiencias que tengamos en la vida serán unas u otras dependiendo de en qué categoría de persona te meta la sociedad: una blanca no sufrirá racismo, pero una persona no blanca, por mucho que se considere a sí misma "simplemente persona", sí lo sufrirá. De la misma forma, un obrero puede considerarse igual a su patrón, pero no lo es: el patrón tiene el poder de cambiar la vida del obrero con una firma en una carta de despido, y el obrero no, por mucho que ambos sean "personas". Y esto puede aplicarse a cada colectivo desfavorecido. 

Muchas mujeres creen estar fuera de peligro de la violencia de género porque son fuertes, seguras e independientes. Porque ellas no aguantarían algo así. Porque hay que ser tonta. Bien, el único requisito para vivir una experiencia de violencia machista es ser mujer. No existe algo llamado "perfil de mujer maltratada". Nos puede pasar a cualquiera, porque las instituciones, los hombres y la sociedad en su conjunto ejercerán violencia sobre ti dependiendo de cómo te perciban ellos, no de cómo te percibas tú ni de cómo de alta sea tu autoestima. 

¿Le importa tu opinión sobre ti misma al desconocido que te aborda por la calle para manosearte? ¿Le importa algo tu personalidad al empleador que te pregunta si tienes pensado quedarte embarazada y decidir así si te da el trabajo o no? ¿Tiene en cuenta tu seguridad en ti misma el ginecólogo que ejerce sobre ti  violencia obstétrica cuando pares? ¿Tenía valor la determinación de una mujer cuando, antes de la conquista del feminismo en este sentido, estaba prohibido abrirse una cuenta bancaria sin el permiso del marido? ¿Marca alguna diferencia percibirse como "persona" cuando eres víctima de una violación? No, en ningún caso, jamás. Las experiencias que vivamos exclusivamente por ser mujeres no dependerán nunca de cómo nos veamos a nosotras mismas. 

Tomar conciencia de qué somos y qué lugar ocupamos en la sociedad –saber identificar cuáles son las diferencias y desigualdades con las que partimos cuando suena el pistoletazo de salida– es vital si queremos conseguir una sociedad justa e igualitaria. ¿Quién va a luchar por nada si creemos que ya vivimos en igualdad con sólo sacar la varita mágica del pensamiento positivo? ¿Cómo mantendremos derechos y seguiremos recuperando los que aún nos faltan si pensamos que todo es cuestión de catalogarnos como "personas"? 

La única forma de avanzar es pararse a ver el camino, asimilar quiénes están en tu misma situación y aliarse con ellas, ya hablemos de la lucha de clases o de la lucha feminista. Porque no, por mucho que nos intenten bombardear con el falso positivismo liberal y las tazas de Mr. Wonderful, no, no todo depende de tu alegría y tu optimismo, eso es lo que le conviene justamente a los privilegiados: así, cuando te pateen el culo y abusen del poder que tienen sobre ti, no cargarás –unida a las demás– contra sus privilegios, sino –a solas– contra ti misma y con lo torpe que fuiste por no apartarte a tiempo.

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