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Cómo cocinar una encuesta

La técnica para conseguir que nuestro barómetro se aproxime al resultado deseado depende de cada cocinero

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Hola, amigos y amigas.

En el programa de hoy vamos a aprender a cocinar una encuesta.

Para este plato necesitamos:

  • Un CIS
  • 2.500 encuestas
  • Un país al borde del colapso
  • Un populista comunista abertzale aupado a la fama por un grupo de comunicación propiedad de un millonario de Barcelona
  • Una Soraya

Introducimos las 2.500 encuestas en una sartén grande, con un poquito de aceite y sal, y las cocinamos a fuego lento durante 10 minutos. Cuando los resultados se empiecen a dorar, retiramos del fuego y llamamos a La Moncloa (este paso es fundamental porque, de omitirse, el presidente del CIS podría ser despedido, hecho que le condenaría nuevamente a la universidad, donde sus compañeros de facultad, sin duda recelosos, le dirigirían agravios tales como: “¡independiente!” o “¡librepensador!”).

Teniendo en cuenta lo delicada que resulta esta llamada, recomendamos acordar previamente con el Gobierno una serie de códigos de difícil descodificación. Veamos un ejemplo:

—Soraya, te llamo del CIS. Qué te iba a decir… Alerta roja pelanas.

Una vez cumplido este trámite, tapamos bien las encuestas y las introducimos en la nevera a la espera de algún pronunciamiento superior.

Pasados dos o tres días, recibiremos instrucciones del aspecto final que deberá tener nuestro plato. Se tratará, por supuesto, de una mera aproximación, ya que, como reza el dicho nepalí, no se puede hacer una tarta de frambuesa con un conejo, ni viceversa (Anónimo).

La técnica para conseguir que nuestro barómetro se aproxime al resultado deseado depende de cada cocinero, y es precisamente este paso el que convierte la cocina de encuestas en un arte. Lo más habitual en países democráticos es un método conocido como “tratamiento de datos”.

Dicho método consiste en la atribución de intenciones de voto a los ciudadanos indecisos. Huelga decir que, en esta fase, el instinto culinario y una cierta desvergüenza juegan un papel fundamental.

Si, por ejemplo, un indeciso respondió: “Yo jamás mataría a nadie”, es evidente que debemos atribuir su voto al PP, ya que se trata del único partido que ama la vida. Si otro dijo: “Ahora no te puedo atender, pero bueno, venga, dime”, debemos atribuir su voto al PSOE, ya que, obviamente, se trata del típico socialista contradictorio que lo mismo critica a las multinacionales que lleva a los críos al McDonald’s condenándoles, así, a un inevitable problema cardiovascular.

Repetimos este proceso hasta que el conjunto de las encuestas muestren el aspecto deseado. A continuación, introducimos el plato en el horno, previamente calentado a 180 grados, y lo dejamos una semana. Es posible que, en este punto, algún confidencial se haga eco del horneado. Da igual. La gente normal no lee confidenciales.

Una vez que el barómetro muestre el aspecto deseado, lo sacamos del horno, emplatamos y mandamos un whatsapp a Soraya.

Sírvase frío y con abundante vino.

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