Manca finezza
Hablemos de finezza. De respeto. De templanza. De elegancia en el trato. De inteligencia táctica. Y de todo lo que falta en la política actual, donde el espectáculo de mala educación es una constante. En los medios, en el Congreso, en los juzgados y en la conversación pública. La furia ha sustituido a la templanza, la grosería al sosiego y la vulgaridad a la elocuencia en un país en el que, sin duda, manca finezza (falta sutileza).
Habrá quien diga que con la acumulación de casos de corrupción que afectan al PSOE, no estamos para delicadezas; que la degradación política “cada día es más insoportable” (Sémper, dixit) y que España necesita con urgencia elecciones. Y aunque de momento solo hay investigaciones y no sentencias, bastaría una descripción fría de los hechos para poner contra las cuerdas a los socialistas: Zapatero, primer expresidente que declara como imputado ante la Audiencia Nacional por cuatro delitos; el comando Leire Díez y sus andanzas, la corrupción de Ábalos, Koldo, Cerdán; las mentiras de la directora general de la Guardia Civil, la confianza traicionada de millones de electores…
Retrato demoledor, sin duda, contra cualquiera que desde la izquierda en este momento intente dar lecciones de pureza. Pero una cosa es la duda, la crítica y la firmeza y otra muy distinta el espectáculo al que asistimos sin que nadie se pregunte hasta cuándo y hasta dónde seremos capaces de llegar en este festival de la ordinariez. Cada día y casi a cualquier hora aparece un Tellado, una Ester Muñoz, una Ayuso, un Abascal, un Figaredo y hasta un Feijóo con la escopeta cargada de insultos, humillaciones y palabras gruesas que sacan a pasear lo peor de la política.
“¡Cobarde!”, espetó este miércoles desde el escaño el líder del PP a Sánchez antes de negarle la condición de demócrata y tacharle también de “mala persona”. “¡Cobarde, corrupto, mentiroso!”, redoblaba la apuesta la popular Ester Muñoz en una nueva demostración de su elegancia dialéctica mientras emitía al tiempo una delatora frase que viene a confirmar lo que parte de la izquierda política sostiene desde hace tiempo: “El Estado se defiende del Gobierno”.
El Estado se entiende, son los jueces, la UCO y todo el que ha podido hacer y ya ha hecho. De los Gobiernos no hay que defenderse, hay que ponerlos o quitarlos en las urnas, que son las que reclama y a la vez teme un Feijóo porque, ni con la ayuda de las togas y de su batería mediática, logra que Vox baje del 17%. Ni con mil Koldos que existieran, el gallego remontará en la valoración que le otorgan propios y ajenos. No se crean lo que leen o escuchan porque el líder del PP tiene más críticos dentro que los que acumula fuera del perímetro de la derecha, entre los que se encuentran muchos de los que le aplauden en público.
Pero, hablábamos de finezza, de talante, de respeto. Y en este tugurio en el que se ha convertido el Congreso y por el que desfila tanto ultrajante, este miércoles se produjo un destello de sentido común. Por increíble que parezca salió de las filas del PP. Un diputado apenas conocido, de nombre Nacho Martín Blanco, que a diferencia de quienes le precedieron en el uso de la palabra, no gritaba, ni insultaba, ni parecía buscar el aplauso fácil de su inflamada bancada. Preguntaba al ministro del Interior, Grande Marlaska, si estaba del lado de la ley o del lado del Gobierno, lo que ya de por sí era una acusación velada, pero sin sobreactuaciones y sin alaridos como los que protagoniza para ganarse el favor de su jefe el siempre aspirante Jaime de los Santos.
Sin leer una sola frase, Martín Blanco consideró urgente la convocatoria de elecciones, habló de la institucionalización de la mentira y de la desazón que genera entre los españoles tanta “indignidad moral”. Tan duro en el fondo como sus colegas, pero a una distancia abismal de las formas a las que acostumbran en su partido. Es probable que no llegue muy lejos porque para ser del círculo de confianza de Feijóo hay que emplear los implacables y mendaces métodos del llamado clan de los gallegos, pero emitió señales nítidas de que otra manera de conducirse por la política es posible, además, de recomendable.
Mientras esto pasaba en la Carrera de San Jerónimo, a poco menos de dos kilómetros de distancia, en la Audiencia Nacional declaraba ante el juez Calama el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero para negar cualquier intervención o influencia en el rescate público de 53 millones de euros de Plus Ultra. Y, aunque la Fiscalía y las acusaciones populares pedían al magistrado que le retirara el pasaporte, la comparecencia ante el juzgado cada 15 días y hasta su ingreso en prisión preventiva, nada de esto ocurrió para desesperación de los odiadores profesionales.
El juez rechazó la imposición de cautelares, tras concluir que no hay riesgo de fuga ni de destrucción de pruebas que justifiquen retirarle el pasaporte y obligarle a comparecer ante el juzgado, ya que Zapatero es una persona de notoriedad pública. Pese a ello, advierte que su declaración no ha servido para anular los indicios de criminalidad contra el expresidente. También que “la investigación, como es obvio, tiene un evidente carácter embrionario”, por lo que su desarrollo puede consolidar la tesis acusatoria o disipar los indicios con nuevas diligencias. Y el expresidente, en conversación con elDiario.es, se declara “tranquilo”, cree una “buena señal” el rechazo de las cautelares y se dispone a defender su inocencia en el ámbito penal. En lo político y en lo social sabe perfectamente que le costará recuperar la confianza de una izquierda que le consideraba un faro moral hasta que vio las fotografías de las joyas que guardaba en una caja fuerte.
En un comunicado hecho público tras su declaración ante la Audiencia reconoció, de hecho, que “lo más doloroso es saber que mucha gente puede sentirse defraudada si cree las cosas que se afirman de mí” y pidió “confianza” hasta que “la verdad se abra paso”. Es consciente de que se le acusa de delitos muy graves, entre ellos el tráfico de influencias, el contrabando y el fraude fiscal, pero insiste en que siempre se condujo “con decencia y con honradez” que demostrará. Por eso, ha presentado ante el tribunal una autorización universal voluntaria para que pueda constatarse la inexistencia de sociedades, dinero, productos financieros o cualquier activo con titularidad suya directa o indirecta.
Se podrá decir que esto último tiene más de gesto político que relevancia procesal porque un juez no precisa de tal permiso para indagar sobre la titularidad de activos o sociedades, pero cuando menos demuestra que Zapatero no teme que se le encuentre ninguna posesión fuera de España de cuantas se han publicado, sin verificación alguna. Y sobre las joyas que aparecieron durante el registro de la UCO, pedirá declarar voluntariamente en un plazo aproximado de diez días cuando haya recopilado la documentación sobre la trazabilidad y el valor de las mismas. De momento, ya maneja tasaciones muy inferiores a la del peritaje judicial que las valoró en más de un millón de euros.
Vamos, que esto no ha hecho más que empezar, aunque el PP haya dictado ya sentencia condenatoria y falte, como en todo, finezza.
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Un boletín de Esther Palomera exclusivo para socias y socios. Donde la verdad no se maquilla ni se suaviza. Una opinión directa sobre lo que esconden los micrófonos de la política.
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