¿Cuántas cosas puede contar Feijóo en dos segundos?
Muchas cosas pueden pasar en dos segundos en baloncesto. Se han ganado unos cuantos partidos y hasta campeonatos por menos que eso. Lo que no sabíamos es que en política hay margen en ese tiempo para dar un discurso, un grito desesperado o simplemente una patada en las partes blandas. En la sesión de control del miércoles, el Partido Popular sufrió un arrebato de furia porque la presidenta del Congreso birló a Alberto Núñez Feijóo ese espacio de tiempo que le quedaba para completar el tiempo asignado. Quién sabe, quizá esos dos segundos podrían haber cambiado la historia.
Como ha hecho en otras ocasiones, Feijóo consumió en su primera intervención casi todo el tiempo disponible, dos minutos y medio. Es una forma de soltar un discurso que llevas aprendido y anotado y mostrar que te da igual lo que te respondan. Pero aparentemente el reloj no había llegado a cero o eso pensaba el PP. Francina Armengol no le devolvió el turno de palabra y eso hizo estallar la tormenta. Cayetana Álvarez de Toledo comenzó a hacer aspavientos. “¡Quedan dos segundos!”, gritaron varios diputados. “¡Tongo!”, exclamó otro. “¡Manos arriba, esto es un atraco!”, dijo uno como en el fútbol.
Se vio a Feijóo hacer el gesto de dos con la mano, por lo que hay que deducir que estaba dispuesto a consumir ese tiempo. También es posible que tuviera previsto hacer una segunda intervención, pero que se le acabara el tiempo en la primera. Estas cosas hay que traerlas preparadas de casa.
A la hora de la sesión de control, José Luis Rodríguez Zapatero ya estaba en el interior de la Audiencia Nacional antes de prestar declaración por primera vez ante el juez Calama. Era un día para que los socialistas pusieran cara de circunstancias, lo que significa hacer lo posible para que no te vean cara de funeral. La procesión iba por dentro y se extendía durante muchos kilómetros. Esta es una de esas semanas donde el PSOE enseña la cara sabiendo que se la van a partir.
Feijóo no podía desaprovechar tal regalo. Mencionó al expresidente, “para el que usted es su faro moral”, dijo a Pedro Sánchez. El líder del PP afirmó que “siempre es el mismo guion” en cuanto a las explicaciones que da el Gobierno sobre las acusaciones de corrupción. Al final, “es alguien que actuaba por su cuenta”. Reservaba una ocurrencia para el tramo final. “Si fuera una mala persona –ahí se rieron varios socialistas–, solo le diría una cosa. Ánimo, Pedro”. Es lo que le dijo Sánchez en un duelo de hace unos meses (“ánimo, Alberto”). Está claro que Feijóo se pica con facilidad, porque no lo ha olvidado.
Sánchez intentó demostrar que el Gobierno sigue gobernando –esto no es tan fácil como suena– con el anuncio de que a finales de junio aprobará un nuevo decreto de “protección del tejido productivo y de la ciudadanía” frente a las consecuencias de la guerra de Irán, que seguirán existiendo después de la firma del acuerdo de tregua de EEUU e Irán.
Feijóo dedicó tiempo a un tema que ha enfadado a su partido. El partido había presentado una moción para reclamar al Gobierno que convoque elecciones anticipadas. Lo hizo añadiéndole una enmienda idéntica a otra que había presentado Junts con la misma intención. La Mesa del Congreso las vetó porque la disolución de las cámaras es una competencia que solo corresponde al presidente del Gobierno, según la Constitución. Eso es cierto, pero la moción solo era una declaración política sin efectos prácticos inmediatos, como tantas otras que se aprueban en el Congreso. El Gobierno aprovechó su mayoría en la Mesa para quitarse el problema de encima.
La decisión estaba muy alejada de la realidad. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, se lo recordó a Sánchez: “Es evidente que usted ha perdido la mayoría de la investidura”. Sobre la intención del Gobierno de presentar un proyecto de presupuestos, que está condenado a salir derrotado, dijo que si no consigue que lo apruebe la Cámara, “disuélvala y convoque elecciones”. Fue otro ejemplo de que el PNV, al igual que Junts, da por terminada la legislatura.
La Constitución solo admite dos salidas a esta situación de empate estratégico en el legislativo, además de las elecciones anticipadas. Una moción de censura, que el PNV y Junts no están dispuestos a apoyar si la presenta el PP, y la cuestión de confianza, que Sánchez descarta porque el suicidio no tiene sentido en política.
Feijóo hizo su propia interpretación de la Constitución. “Tenemos derecho a votar la continuación de la legislatura”, dijo, aunque sabe que sería una votación sin ninguna fuerza jurídica. Después, añadió el insulto, que nunca falta en el Congreso: “Usted es un cobarde”. El día anterior, su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz dejó volar su imaginación y dijo que si Sánchez perdía esa votación, “va a tener que convocar elecciones generales”. Eso no es lo que dice la Constitución, pero a estas alturas ya da todo un poco igual.
Si los socialistas pensaban que el interrogatorio de Zapatero en la Audiencia Nacional podía suponer un cierre anticipado de la investigación judicial, se puede decir que también estaban soñando por encima de sus posibilidades. Negó haber intervenido en el rescate de Plus Ultra o haber recibido sobornos ni contar con alguna sociedad fuera de España. No quiso responder a las preguntas sobre las joyas encontradas en su despacho por estar recopilando documentación sobre esos regalos.
Fuentes cercanas a Zapatero han dicho a TVE que el collar más caro fue un regalo del rey saudí Abdalá en 2007, que había recibido antes el Toisón de Oro por decisión del Gobierno. Cabe la posibilidad de que eso le libere de responsabilidad penal en caso de que los hechos estén prescritos. Pero recibir regalos de la feudal monarquía saudí y quedárselos supondría el hundimiento de su reputación política y personal. Viene a ser algo parecido a lo que hizo Juan Carlos de Borbón.
En el auto del juez Calama con el que rechazó la imposición de medidas cautelares contra Zapatero, afirmó que “la investigación tiene un evidente carácter embrionario” y que no se han disipado las sospechas. El PP se quedó sin el beneficio político de que el expresidente tuviera que pasar por la humillación de entregar su pasaporte al juzgado. Al PSOE le toca asumir que esta agonía por la situación de su antiguo líder no ha hecho más que empezar. Con o sin joyas.
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