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El bonobo que juega a las ‘tacitas’ con zumo imaginario: los simios comparten la capacidad humana de fantasear

Kanzi, el bonobo que protagonizó los experimentos.

Antonio Martínez Ron

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En la mesa hay una jarra y dos vasos transparentes vacíos. El experimentador inclina la jarra para llenar los vasos de zumo imaginario y luego simula vaciar uno de ellos. A continuación le pregunta al bonobo dónde está el zumo. Y el animal señala la taza correcta que todavía contiene zumo de mentira en la mayoría de las ocasiones, incluso cuando el experimentador cambia la ubicación de la taza. 

La prueba forma parte de una serie de experimentos realizados por el equipo de Christopher Krupenye, de la Universidad Johns Hopkins, en la que los investigadores organizaron una especie de ‘juego de las tacitas’ con un bonobo llamado Kanzi, fallecido en 2025 y conocido por sus habilidades comunicativas. “Es realmente revolucionario que su vida mental trascienda el presente”, afirma Krupenye. “La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento crucial de la condición humana, pero la idea de que quizá no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora”.

La imaginación se ha considerado un elemento crucial de la condición humana, la idea de que quizá no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora

Christopher Krupenye Investigador de la Universidad Johns Hopkins y autor principal

Los resultados, que se publican este jueves en la revista Science demuestran por primera vez con pruebas que los simios pueden usar su imaginación y jugar a fingir, una capacidad que se creía exclusiva de los humanos. Kanzi tenía 43 años en el momento de las pruebas y vivía en Ape Initiative. Los científicos lo escogieron porque de se había informado anecdóticamente que participaba en simulacros y podía responder a indicaciones verbales señalando. 

También con uvas

Durante las pruebas, el animal interactuó con vasos de zumo imaginario de manera consistente y robusta en dos experimentos (el segundo de ellos con un vaso lleno de zumo real). También en un tercero en el que los investigadores jugaban con uvas imaginarias; un experimentador simulaba tomar una uva de un recipiente vacío y luego la colocaba dentro de uno de los dos frascos. Después aparentaba vaciar uno de los recipientes y le preguntaba a Kanzi dónde estaba la uva. Y el animal volvía a acertar casi siempre.

Estas habilidades son similares a las que presentan los niños a los dos años, cuando pueden participar en situaciones imaginarias, como tomar el té. Incluso a los 15 meses, los bebés muestran cierta sorpresa al ver a una persona “bebiendo” de una taza después de fingir que la vaciaban. Existen varios informes anecdóticos de animales que aparentemente adoptan conductas de simulación tanto en estado salvaje como en cautiverio: en la naturaleza se ha observado a chimpancés hembra jóvenes cargando y jugando con palos, como si fueran muñecos. Y un chimpancé en cautiverio parecía arrastrar bloques imaginarios por el suelo después de jugar con bloques de madera reales. Pero hasta ahora no se habían realizado estudios controlados sobre simulación que ofrecieran pruebas claras de esta capacidad.

Es sumamente sorprendente y emocionante que los datos parezcan sugerir que los simios, en su mente, pueden concebir cosas que no existen

Amalia Bastos Profesora en la Universidad de St. Andrews en Escocia y coautora del estudio

“Es sumamente sorprendente y emocionante que los datos parezcan sugerir que los simios, en su mente, pueden concebir cosas que no existen”, asegura Amalia Bastos, coautora del estudio. “Kanzi es capaz de generar una idea de este objeto imaginario y, al mismo tiempo, saber que no es real”. Los autores creen que la capacidad de comprender objetos imaginarios está dentro del potencial cognitivo de este simio y sugieren que esta capacidad se remonta a entre 6 y 9 millones de años, a nuestros ancestros evolutivos comunes. 

El bonobo Kanzi en una imagen de 2005.

“La imaginación es una de esas cosas que en los humanos nos proporciona una rica vida mental”, asegura Krupenye, que recuerda que Jane Goodall descubrió que los chimpancés fabrican herramientas y eso condujo a un cambio en la definición de lo que significa ser humano. “Si compartimos algunas raíces de la imaginación con los simios, eso debería hacer que la gente cuestione la suposición de que otros animales simplemente viven vidas robóticas, limitadas al presente”, concluye. “Estos hallazgos deberían impulsarnos a cuidar de estas criaturas con mentes ricas y maravillosas y a asegurar su supervivencia”.

Un experimento muy humano

Miquel Llorente, primatólogo y profesor del departamento de Psicología de la Universitat de Girona (UdG), cree que el estudio es rompedor y esperable, en el sentido de que en la última década hemos acumulado muchísima evidencia de que los grandes simios tienen una vida mental mucho más rica de lo que creíamos. “Lo que hace este estudio es ponerle el sello científico a algo que ya sospechábamos: que son capaces de desconectarse de la realidad física para manejar un objeto imaginario (lo que llamamos representación secundaria)”, explica a elDiario.es.  Si pueden manejar objetos imaginarios, dice, “estamos a un paso de confirmar que su capacidad para planificar el futuro o entender lo que otros piensan es mucho más parecida a la nuestra de lo que nos gusta admitir”. 

Estamos a un paso de confirmar que su capacidad para planificar el futuro es mucho más parecida a la nuestra de lo que nos gusta admitir

Miquel Llorente Primatólogo y profesor del departamento de Psicología de la Universitat de Girona (UdG),

En cualquier caso, recuerda Llorente, Kanzi no era un bonobo cualquiera. “Era el ”Einstein“ de su especie”, afirma, ya que era un animal hiperestimulado, enculturizado y entrenado durante décadas en un lenguaje artificial (lexigramas) que seguramente ha actuado como un amplificador de sus capacidades cognitivas. “Es como si para estudiar la inteligencia humana usáramos solo a Einstein: él nos marca el techo del potencial biológico de nuestra especie, pero no significa que todos los humanos estemos resolviendo ecuaciones de campo cada mañana”. 

Antonio José Osuna Mascaró, doctor en Biología y especialista en comportamiento animal que recientemente documentó el caso de uso de herramientas de la vaca Veronika, coincide en que el estudio solo ha sido posible gracias a la capacidad de comunicarse de Kanzi. En su opinión, el estudio también dice mucho de nosotros y de nuestras limitaciones. “No solo ha sido necesario trabajar con un simio entrenado para comunicarse con nosotros, sino que el propio diseño experimental es profundamente humano”, argumenta. “En el experimento principal se vierte un zumo imaginario en un vaso; eso está muy lejos de las formas en las que los grandes simios deben de usar las representaciones secundarias en la naturaleza”.

El especialista cree que queda preguntarse si esta es una habilidad única de los grandes simios o si es una de tantas capacidades cognitivas que poco a poco se irán encontrando en muchas otras especies. “Yo me decanto por lo segundo”, confiesa. “Existen evidencias experimentales de monos capaces de manipular figuras mentalmente a voluntad, pero cuanto más nos alejamos de nuestra propia especie más difíciles se vuelven los diseños experimentales.

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