Cientos de personas toman Sóller, epicentro de la turistificación en Mallorca: “Somos un pueblo, no una inversión”
LEER ESTE TEXTO EN CATALÁN
Enclavado entre el mar y la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Sóller es uno de los municipios de Mallorca que con mayor intensidad sufre los efectos de de la presión turística, la proliferación de pisos de alquiler turístico, la escalada de los precios de la vivienda, la especulación inmobiliaria y la saturación de las carreteras. Este sábado, apenas dos semanas después de la multitudinaria -e histórica- protesta llevada a cabo en Palma contra la turistificación, los ciudadanos se han echado a las calles de esta localidad para denunciar las dificultades de los residentes para acceder a una vivienda, defender el comercio local y reclamar una mejora de la calidad de vida. La manifestación ha reunido a unas 2.500 personas, según los organizadores -unas 1.000, según la Delegación del Gobierno-.
Bajo el lema “Sóller al límit”, la marcha ha recorrido el centro histórico con la vivienda como una de sus principales reivindicaciones, pero también con el comercio de proximidad, la saturación turística y la pérdida de espacios para los residentes en el centro del discurso. Los participantes han puesto de manifiesto que el acceso a un hogar se ha convertido en uno de los principales problemas derivados del actual modelo económico y que ya no afecta únicamente a los jóvenes que intentan emanciparse, sino también a trabajadores y familias que encuentran cada vez más dificultades para permanecer en el municipio. En Sóller, los residentes acusan una masificación que, cada año, alcanza límites extremos en la isla. Los vehículos colonizan las acercas y los viandantes deben sortearlos caminando por una abarrotada calzada.
Convocada por el Moviment Jove de Sóller y la plataforma Menys Turisme, Més Vida, la movilización -que ha contado con un amplio respaldo del tejido asociativo, con 80 adhesiones entre entidades sociales, culturales, ecologistas, sindicales y vecinales de Mallorca- ha arrancado a las 10.00 horas desde la plaza dels Estiradors y ha avanzado por la calle Sa Lluna, una de las arterias comerciales más transitadas del municipio.
El recorrido a lo largo de esta vía ha convertido el propio paisaje urbano en parte del mensaje de la protesta: mientras cientos de manifestantes avanzaban, numerosos escaparates mostraban rótulos exclusivamente en inglés dirigidos al visitante extranjero. En apenas unos metros podían leerse reclamos como “Best specialty coffee”, “Local artisan cakes”, “Fine Majorcan wines” o anuncios de degustaciones de jamón ibérico, quesos y vinos en varios idiomas, evidencia de la transformación progresiva del centro histórico hacia un comercio cada vez más orientado al turista.
Entre las pancartas podían leerse mensajes como “Idealista: 6.581 €/m². Això és violència” (“Esto es violencia”), mientras otras resumían el malestar con lemas como “Qui estima Mallorca no la pot pagar” (“Quien quiere a Mallorca no la puede pagar”) o “Sense sostre, sense poble” (“Sin techo, sin pueblo”), en referencia a la dificultad de acceder a una vivienda en el municipio. Los manifestantes también han exhibido carteles que reclamaban preservar una “vida normal” frente a la “luxuria assassina” (“lujuria asesina”).
Lejos de presentar la protesta como un rechazo frontal al turismo, algunas de las pancartas trataban de romper esa identificación. Una de las más llamativas enumeraba profesiones como camareros, cocineros, taxistas, recepcionistas, médicos, maestros, abogados, agricultores, pescadores o periodistas bajo el lema “També som”, reivindicando que quienes trabajan directa o indirectamente para el turismo también sufren las consecuencias del actual modelo y forman parte de la protesta.La dimensión internacional del fenómeno también estuvo presente. Entre los carteles escritos en inglés podía leerse “This paradise has problems. Don't contribute”, un mensaje dirigido expresamente a los visitantes extranjeros para pedirles que sean conscientes de los efectos de la masificación turística sobre la vida cotidiana de los residentes.
Asimismo, la manifestación ha puesto el acento en la presión que soporta el territorio y en las consecuencias del actual modelo de crecimiento turístico, como han denunciado desde el GOB Mallorca: “El territorio, destrozado. Los pueblos y barrios, turistificados. Los espacios naturales, amenazados. La movilidad, colapsada. La vivienda, inaccesible. Las familias, ahogadas. Las casas, convertidas en un negocio. La especulación, desbocada. El agua, gastada. Las infraestructuras, saturadas”. En línea del mensaje lanzado por los organizadores, la histórica entidad ecologista ha reivindicado el “derecho a vivir en Mallorca” y ha reclamado detener “este modelo de crecimiento que lleva demasiado tiempo operando sin ningún tipo de medida sobre el territorio y sobre la gente”.
La movilización ha concluido a los pies del Ayuntamiento, en la plaza de la Constitució, donde los organizadores han leído un manifiesto con el que han vinculado la crisis de la vivienda con el peso creciente de las segundas residencias y la inversión inmobiliaria y han denunciado que casi la mitad del parque residencial balear no se destina a residencia habitual. El documento defiende la necesidad de intervenir el mercado, movilizar vivienda vacía y limitar determinadas operaciones especulativas para garantizar el acceso a la vivienda.
No en vano, la escalada sostenida en los últimos años revela hasta qué punto Sóller, en línea con la tendencia general de Balears, se ha convertido en un mercado fuertemente tensionado marcado por una elevada presión de la demanda -especialmente vinculada al negocio turístico y a los compradores internacionales-: el resultado es un encarecimiento que no solo eleva el coste de vida, sino que consolida un acceso cada vez más restrictivo a la vivienda para la población local.
La paradoja de Sóller queda reflejada en sus propios datos de vivienda: el municipio cuenta con 54 solares urbanos sin edificar, que suman unos 80.800 metros cuadrados de suelo disponible, además de 1.119 viviendas vacías, según el análisis realizado por el geógrafo 'solleric' Antoni Marcús a partir de datos del INE. Asimismo, los datos del Catastro de 2025 apuntan a una fuerte concentración de la propiedad en el municipio: en Sóller hay 4.892 propietarios que acumulan 6.432 inmuebles, mientras que el 38,8% de las viviendas está en manos de propietarios con dos o más inmuebles, frente al 43,7% en el conjunto de Balears y el 36,9% en España. A ello se suma el peso de la propiedad extranjera: 1.276 inmuebles de uso residencial, el 19,08% del total, son de propietarios foráneos, prácticamente uno de cada cinco y una proporción 3,5 veces superior a la media española.
El manifiesto ha dibujado un retrato de las consecuencias que, según los organizadores, está provocando el actual modelo turístico: estudiantes que llegan tarde a clase por la saturación del transporte y las carreteras, trabajadores incapaces de emanciparse con un salario convencional, familias que viven con incertidumbre ante cada renovación del alquiler y comercios tradicionales sustituidos por negocios orientados exclusivamente al consumo turístico. También han lamentado que numerosos residentes hayan dejado de sentir como propios espacios emblemáticos como el Port o la plaza, mientras la lengua y la cultura quedan relegadas a un papel “decorativo”. Asimismo, alertaron de la presión que soporta la costa de Sóller por el aumento de embarcaciones durante el verano y de la fragilidad ambiental de la Serra de Tramuntana.
“No harán retroceder un movimiento ciudadano y pacífico”
El texto también ha enlazado la convocatoria de Sóller con la gran manifestación del pasado 26 de julio en Palma, a la que, de acuerdo a las cifras de los organizadores, asistieron más de 70.000 personas. Los organizadores han denunciado la “criminalización” del movimiento contra la turistificación, han condenado la actuación policial durante aquella protesta y han asegurado que esos hechos no frenarán las movilizaciones. “Que quede bien claro que no harán retroceder un movimiento ciudadano y pacífico”, han aseverado.
Los portavoces han reclamado a las administraciones que garanticen el derecho constitucional a una vivienda digna, recordando el artículo 47 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo y a impedir la especulación. “Exigimos a todas las instituciones que escuchen nuestras reivindicaciones y asuman sus obligaciones constitucionales”, han señalado.
El manifiesto ha concluido con un llamamiento a mantener la movilización en todas las islas para defender “el derecho a una vida digna” y con un mensaje dirigido a las instituciones y a la ciudadanía: “Ninguna economía puede considerarse un éxito si obliga a su propia gente a abandonar su casa”. La lectura terminó entre aplausos con una proclama que resumió el espíritu de la convocatoria: “Quien ama esta tierra no la vende, la defiende. Quien ama Sóller no lo explota. Quien ama Mallorca no la destruye”.
La convocatoria llegaba precedida de semanas de tensión y debate en el municipio. El paso de la marcha por el carrer de Sa Lluna había despertado las reticencias de parte del comercio local, preocupado por el impacto que pudiera tener la protesta en plena campaña de verano. Los organizadores decidieron mantener tanto el itinerario como el horario inicialmente previstos, argumentando que precisamente ese eje comercial simboliza los efectos que, a su juicio, la turistificación está provocando sobre el tejido económico tradicional de Sóller e insistiendo en que el objetivo no es perjudicar a los establecimientos, sino visibilizar que muchos comercios históricos están desapareciendo como consecuencia del incremento del precio de los alquileres comerciales y de un modelo orientado cada vez más al consumo turístico.
En declaraciones a elDiario.es, Bartomeu Miró, miembro de SOS Sóller, ha recriminado la “responsabilidad política” en el cierre de los bares de la plaza Constitució durante la protesta, lamentando que esta decisión ha generado un perjuicio económico a los negocios y aseverando que la protesta se habría desarrollado igualmente con normalidad. Para Miró, el principal problema que afronta Sóller va mucho más allá del colapso circulatorio o de la saturación de las carreteras: “El problema real es cómo la gente va dejando de vivir en Sóller”.
El integrante del movimiento nacido en 2024 para denunciar las dificultades que padecen los vecinos para llegar al pueblo en el que residen como consecuencia de los colapsos de tráfico y el auge de los coches de alquiler ha crticado que el precio de la vivienda se ha vuelto inasumible incluso para quienes trabajan en el municipio, tanto en el sector turístico como en otros ámbitos. “La gente que trabaja en Sóller no se puede permitir vivir en Sóller”, ha señalado, alertando de que se están generando “guetos de gente que viene a trabajar pero no puede vivir aquí”.
Hasta los años noventa, llegar a esta localidad de 14.000 habitantes implicaba atravesar las 70 curvas de la sinuosa carretera que cruza la Serra d'Alfàbia. Una vía que en 1847 puso fin al histórico aislamiento de la localidad, cuyas comunicaciones eran más fáciles con el sur de Francia y con la Península. Con el resto de la isla, únicamente podía conectarse por mar o cruzando toda la Serra de Tramuntana a lomos de una mula. La construcción del túnel de Sóller a finales del siglo XX supuso un antes y un después para esta localidad resguardada entre montañas. Objeto de continuas polémicas -entre ellas, un soborno millonario que cavó la tumba del expresidente balear Gabriel Cañellas (AP/PP)-, la infraestructura, de tres kilómetros de longitud, mejoró con creces las conexiones con este municipio e, irremisiblemente, el lugar se abrió en canal al turismo.
Desde hace varios años, los extranjeros se han lanzado a la compra masiva de viviendas en Sóller y en otros pueblos de la Serra de Tramuntana, provocando, como en tantos enclaves de Mallorca, un incremento desbocado de los precios de la vivienda y que la población local con menor poder adquisitivo no pueda hacer frente a los elevados costes. Hoy, el precio de una casa en Sóller puede llegar a costar más de cuatro millones de euros.
La manifestación de este sábado supone un nuevo paso dentro del calendario de movilizaciones impulsado este verano tras la gran protesta celebrada en Palma a finales de julio. Con ella, los colectivos pretenden mantener la presión social para reclamar cambios en las políticas de vivienda, turismo y ordenación territorial tanto al Govern como al Consell de Mallorca y a los ayuntamientos más afectados por la masificación turística. La marcha ha dejado, asimismo, espacio para las expresiones culturales. En un cajero automático de la calle Sa Lluna aparecía pegado un poema firmado con el nombre de Miquel M. Pou dedicado a la naturaleza y a la crítica de un modelo centrado únicamente en el beneficio económico. Sus versos invitaban a no olvidar “de qué están hechas nuestras batallas” ni que “existen otros mundos con solo bajar la mirada”.
36