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Los 'paraísos ingleses' de Almería: dos pueblos semivacíos renacen con una colonia británica y un dialecto spanglish

Un grupo de vecinos ingleses toman café en un bar de Partaloa

Álvaro López

Partaloa y Bédar (Almería) —

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El bullicio en el Ayuntamiento de Partaloa, en Almería, parece propio del de una comedia de situación. Un inglés, que apenas habla español, se entiende con gestos con una alcaldesa que apenas habla inglés. Sin embargo, entre los dos fluye una extraña sensación de entendimiento que permite explicar la nueva vida de un pueblo que a principios de siglo caminaba hacia la despoblación. La comunidad extranjera, y en concreto la británica, lo ha llenado de vida. Algo parecido a lo que ocurre a apenas 60 kilómetros de distancia, en Bédar. Los dos municipios se han convertido en los paraísos ingleses de la provincia de Almería.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), Partaloa y Bédar, que tradicionalmente han vivido de la agricultura y cuya conexión con el Reino Unido no es especialmente propicia, tienen el doble de habitantes de los que tenían en el año 2000. En aquella fecha, ambas localidades perdían población al ritmo al que fallecían sus vecinos y emigraban los más jóvenes.

Una tendencia que empezó a cambiar hace un cuarto de siglo cuando los ingleses se propusieron colonizarlos, atraídos por la belleza y la tranquilidad de ambos parajes. Tanto se enamoraron que, rondando ahora el millar de habitantes, en Partaloa hay más extranjeros que españoles (600, de una gran mayoría inglesa, sobre 300) y en Bédar se dividen, aproximadamente, a la mitad con 500 autóctonos por 500 visitantes, de los que los británicos son los predominantes.

“Aquí nos entendemos todos. Les escuchas decir chau chau y les saludas”. La que habla es María Antonia López, una vecina de Partaloa de 76 años que tiene el dibujo completo de cómo ha sido la vida del pueblo antes y después de la llegada de los ingleses. “Ha sido una alegría. Esto se estaba muriendo porque los jóvenes se iban y los mayores se morían, pero desde que han venido los extranjeros esto es la gloria. Cuando no estamos bailando estamos cantando”.

Ella, sin quererlo, anticipa un dialecto que parece estar emergiendo en la zona, al más puro estilo llanito del Campo de Gibraltar. Hablar con los vecinos implica en algunos casos escucharles hacerlo con un inglés con acento almeriense y con un almeriense con acento británico. Una peculiaridad que se acentúa más en el colegio rural en el que 19 niños dan clases en Partaloa. Uno de sus maestros, Juan Carlos Segovia, se afana a diario porque los pequeños, que están hasta sexto de primaria y se mezclan todos en dos aulas, se sientan parte de la comunidad. Los hay españoles, pero también ingleses, belgas u holandeses, que son las siguientes generaciones que darán sentido a este tipo de localidades.

Tal es el nivel de integración que se da en Partaloa que hay clases gratuitas de inglés para los locales y talleres en los que se puede ver a mujeres mayores españolas departiendo con jubiladas inglesas sin intercambiar ni una palabra en un idioma común. “Pero se entienden perfectamente”, dice Cristina Asensio, edil de Bienestar Social en la localidad. Ella nos hace de guía para entender y disfrutar la pluralidad que se respira en un lugar en el que no dejan de suceder cosas. Camiones de reparto, bares repletos y vecinos que se saludan con un “hola” y se responden con un “bye”.

No obstante, desde la entrada en vigor del Brexit en 2020 la llegada de ingleses se ha complicado. Stephen Conroy, natural de Liverpool, también es concejal del Consistorio de Partaloa y lamenta que sus paisanos votasen a favor de la salida de la Unión Europea. Aunque no habla apenas español, se siente uno más. “Ha sido una tontería. Ahora, vivir en España implica tener mucho dinero que no todo el mundo puede tener”. Por ejemplo, uno de los requisitos para obtener el visado implica que la persona demuestre unos ingresos anuales cercanos a los 30.000 euros. “Mi vida no ha cambiado con el Brexit porque yo llegué mucho antes, pero tengo amigos que querrían venir y no pueden”.

Empezar una nueva vida

Partaloa y Bédar no sólo comparten nacionalidades en el padrón municipal, sino una problemática aparejada: hay pocos niños. Mia, una adolescente que trabaja como camarera y habla “almeringlish”, echa de menos chicos de su edad y de su procedencia en el instituto al que va en una localidad cercana. La edil de Bienestar Social de Partaloa, Cristina Asensio, que se encarga del Registro Civil, cuenta cómo ha podido ver los libros de nacimientos que había hace un siglo y cómo tenían varias páginas. “Este año han nacido tres niños de casualidad”. Trabajan para que la tendencia cambie, pero el proceso es lento.

Municipios como el suyo tienen un acuerdo de colaboración con Cosentino, que está a pocos kilómetros de allí, por el que los vecinos pueden trabajar “simplemente echando el currículum”. Una oportunidad para las familias más jóvenes. Familias como la que aspira a tener algún día Jake, un joven de 24 años que tiene la apariencia física habitual de un inglés de los de pub y rugby, pero que habla con un acento de Almería que llama la atención. “Estoy muy feliz de vivir aquí y nunca volvería a Inglaterra. Aquello es triste y se vive peor. Ojalá algún día tenga mi propia familia”.

Esa es la gran aspiración de ambos municipios. En Bédar la realidad es la misma: hay muchos extranjeros, pero la mayoría son jubilados. La balanza de población no decrece porque siguen llegando desde Inglaterra, pero también desde Bélgica, Francia, Holanda y en los últimos años desde el norte de África. Ana Rubio, teniente de alcalde en esta localidad próxima a Mojácar, reconoce que los vecinos foráneos le han dado una nueva vida al pueblo, pero que “queda mucho camino por hacer”.

Desde el Brexit, vivir en España se ha encarecido y quienes vienen lo hacen con mucho dinero en el banco, subiendo el precio de la vivienda”, comenta mientras enseña un casco urbano cuidado al detalle para el disfrute de autóctonos y advenedizos con cartelería en español e inglés. “Viviendas que estaban vacías han sido recuperadas por los ingleses, pero con el paso del tiempo su poder adquisitivo ha elevado mucho lo que cuesta”. Es fácil encontrar inmuebles relativamente pequeños que rocen el coste de un piso normal de una gran ciudad.

De ello sabe bien Philippa Vickery, una inglesa que trabaja en la inmobiliaria Olive, la más conocida por los extranjeros de la zona de Bédar. Una mujer sonriente y encantada de haber dejado su vida en Reino Unido por Almería. Ella es un caso menos común porque llegó a España tras recorrerse toda la costa y enamorarse de este enclave junto a su marido. Aquí nacieron sus hijas, por lo que ha ayudado a mejorar la pirámide poblacional. “El precio de las viviendas ha subido tanto y los requisitos por el Brexit son tan estrictos que es muy difícil que vengan familias jóvenes”, dice.

“A pesar de todo, sigue siendo más barato vivir aquí. En Inglaterra sales a tomarte algo y puedes gastarte 150 euros fácilmente, pero aquí por 40 euros puedes comer muy bien”. Y es que el poder adquisitivo y la calidad de vida se dan la mano para que personas como Philippa no quieran dejar Almería. “Aquí hay de todo y además hay una gran comunidad inglesa, por lo que también te puedes sentir como en casa”. De hecho, ella misma ha traído a su madre a Bédar para que viva en un municipio en el que está aprendiendo a hacer ganchillo con las vecinas de toda la vida del pueblo.

La brecha cultural

Tanto en Partaloa como en Bédar sí se aprecia algo que no termina de estrechar los lazos entre quienes vienen y quienes ya estaban: los ingleses tienden a hablar sólo en inglés y comunicarse entre ellos. De hecho, durante la visita de elDiario.es Andalucía a ambos municipios, pudimos departir con vecinos extranjeros que, pese a llevar décadas viviendo en la zona, no sabían hablar prácticamente nada en castellano. “Muchos son muy vagos porque como saben inglés y el inglés se habla en todo el mundo, creen que no necesitan hablar español”, dice Mariam Simpson, vecina de Bédar.

Ella sí sabe hablar perfectamente en castellano y señalar todos y cada uno de los servicios por los que los extranjeros deciden quedarse después de conocer unos enclaves que se publicitan por el boca a boca. Aunque la brecha cultural es notable, Simpson cuenta que hay compatriotas que se han integrado tanto que participan en las fiestas locales. “El otro día una vecina inglesa fue a comprar pan para lanzarlo por la ventana al paso de San Gregorio”. No es que fuese mal educada, sino que esa es la tradición. El santo se cubre de panes que luego los locales disfrutan en comunión.

Además, hay otro aspecto fundamental para decantarse por España, según Mariam: “La seguridad. En Inglaterra no puedes decirle a tu hijo que vaya solo a comprar a una tienda que esta a diez metros, pero aquí sí”. Una virtud imperceptible para quienes han nacido y se han criado en pueblos como Bédar, pero que para los extranjeros afincados es otro de los motivos por los que la vida española es mejor. “Me gusta muchísimo todo lo que hay aquí. También la Semana Santa”.

El ritmo de Bédar, mucho más pausado que el de las grandes urbes de Reino Unido, Bélgica u Holanda de donde vienen sus vecinos extranjeros, se acomoda al paso de unas generaciones que quieren seguir creciendo. “Muchos amigos plantean venirse”, reconocen tanto Philippa como Mariam. Una posibilidad de la que sacan pecho desde los ayuntamientos de estos municipios y la Diputación de Almería.

Desde el ente provincial dicen que “el éxito radica varios aspectos”: “El clima que ofrece la provincia de Almería es esencial para atraer a residentes de Europa y Reino Unido, así como la mejora de los servicios que han experimentado estos pequeños municipios también ha sido fundamental para poder fijar la población. Además, la calidad de vida que ofrece vivir en un entorno rural cada vez tiene más valor”.

Por otro lado, en la Diputación creen que ha sido esencial la elaboración de normativas de rango regional que han permitido que viviendas que estaban en desuso y en un “limbo alegal” puedan pasar a ser de dominio de los vecinos. “Gracias a la normativa puesta en marcha por la Junta y a los informes que nuestros técnicos han llevado a cabo se han podido regularizar viviendas en ambos municipios y mejorar la seguridad jurídica”.

En definitiva, dos paraíso ingleses en el corazón de una provincia acostumbrada al multiculturalismo. Dos paraísos que han vuelto a hacer palpitar las calles de dos municipios que hace no tanto temían por el final de sus días. Ahora, Stephen, Mia, Jake, Philippa o Mariam son las personas que hacen de Partaloa y Bédar dos ejemplos que demuestran que revertir la despoblación rural es posible.

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