Andalucía, laboratorio de izquierdas: dos coaliciones, nueve partidos, tránsfugas, hiperliderazgos, cismas y expulsiones
Entre 2015 y 2026, los partidos a la izquierda del PSOE en Andalucía han probado, sin éxito, todas las fórmulas posibles para ensanchar el electorado progresista, ante el avance inexorable de la extrema derecha. Es un debate guadianesco, recurrente entre los referentes políticos, sociales y culturales de la izquierda andaluza, que reaparece hoy propulsado por el líder catalanista Gabriel Rufián.
En Andalucía, detrás de este análisis siempre inconcluso, hay nueve partidos a la izquierda del PSOE, que en distintos momentos electorales formaron coaliciones con el objetivo de sumar fuerzas, unificar a sus votantes en las circunscripciones más pequeñas y sortear la ley d'Hondt, que históricamente penaliza la fragmentación del voto progresista.
No resultó como esperaban. Estos partidos -Izquierda Unida, Podemos, Más País, Sumar, Equo, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alianza Verde, Anticapitalistas Andalucía, Primavera Andaluza, Izquierda Andalucísta- acabaron enfrentados entre sí, rompieron sus coaliciones, pugnaron por sus siglas, forzaron la expulsión de compañeros, se acusaron de transfuguismo y crearon otras coaliciones de izquierdas que terminarían disputando el mismo espacio electoral menguante a sus antiguos socios.
En el camino se dejaron candidaturas de peso e hiperliderazgos, como el de Teresa Rodríguez (Podemos) o el de Antonio Maíllo, que en su día supuso un cambio generacional y de ciclo político dentro de la vetusta IU. También sacrificaron marcas potentes (Podemos, IU) en pos de nomenclaturas que no cuajaron del todo y despistaron al votante de izquierdas, que llegó a las urnas sin saber exactamente en qué gazpacho de siglas se había integrado su partido de siempre.
En 2022, cuando las izquierdas orbitaban alrededor de Yolanda Díaz y la vicepresidenta tercera del Gobierno aún no había formalizado la candidatura de Sumar en las generales, el tortuoso debate de la confluencia Por Andalucía se alargó durante meses, con reuniones, portazos, entradas y salidas de la coalición, e injerencias de la dirección nacional de los partidos integrantes...
El asunto se zanjó con forceps, a las puertas de la Junta Electoral, minutos antes de cerrarse el plazo para inscribir a la coalición. Podemos se quedó fuera jurídicamente, pero logró imponer sus condiciones -tres diputados de cinco-, aunque en el desarrollo de la legislatura quedasen orillados en la toma de decisiones.
La otra coalición -la primera Adelante Andalucía- nació con más ilusión al unificar por primera vez a Podemos e IU, pero su relacíón se deterioró en tiempo récord. Su fundadora, Teresa Rodríguez, forcejeó con su jefe de filas, Pablo Iglesias, reacio a perder la marca morada en Andalucía tras una sola convocatoria electoral.
Luego Rodríguez abandonaría Podemos con todo su equipo -y cargos públicos- para convertir Adelante Andalucía en un partido autónomo. Y luego ella misma sería expulsada de su propia coalición, junto a otros siete diputados, por los partidos fundadores, Podemos e IU, bajo acusación de “transfuguismo”. Acabaron en el grupo mixto.
En las andaluzas de 2022, “la confusión del votante de izquierdas era total”, admiten hoy sus principales referentes. “Sometimos a nuestros electores a un caos organizativo intragable. Nuestra gente ya no sabía si estábamos en Adelante o en Por Andalucía pero, sobre todo, no sabían la diferencia entre nosotros y ellos, porque unos meses antes íbamos juntos bajo la misma marca”, recuerda una de las candidatas.
Hoy, a punto de expirar la legislatura y tras cuatro años de sesiones parlamentarias, el presidente Moreno suele jugar con esa confusión a su favor, mezclando a sus rivales cuando le interpelan los diputados de Adelante Andalucía o los de Por Andalucía. “Yo ya me lío”, dice, con media sonrisa.
Por Andalucía logró 281.688 votos (7,68%) y cinco diputados; Adelante Andalucía obtuvo 167.688 votos (4,58%) y dos escaños, entre las dos coaliciones no superaron a Vox, que se convirtió en la tercera fuerza del Parlamento con 493.932 votos (13,46%) y 14 diputados.
Las alianzas andaluzas siempre han estado (y están) condicionadas por la realidad política nacional, cuando se trata de partidos que nacen en Madrid, que carecen de implantación territorial y no tienen ni autonomía política ni económica ni orgánica en Andalucía. Le ocurrió a Teresa Rodríguez con Pablo Iglesias, cuando lideraba Podemos Andalucía, y le sucede ahora a Raquel Martínez, nueva secretaria regional de los morados.
A cuatro meses para las elecciones (como máximo), Podemos Andalucía está en una situación políticamente muy confusa. Se ha quedado fuera de la reedición de Por Andalucía, de la que ha formado parte los últimos cuatro años, pero no ha confirmado que vaya a presentarse en solitario. Algunos de sus dirigentes en Andalucía apelan a la unidad, pero en Madrid exigen que Movimiento Sumar salga de la ecuación para poder entrar ellos. Y Maíllo rechaza los vetos.
De cómo Moreno pescó en el río revuelto de la izquierda
Mientras las izquierdas se resituaban, apiñadas en un espacio político menguante, la ultraderecha había emergido en el mapa político andaluz, por debajo del radar de los sociólogos, pasando de 18.000 votos en las autonómicas de 2015 (Vox logró apenas el 0,45% del escrutinio, por detrás del desaparecido UPyD) a los 494.000 votos en las elecciones de 2022, cuando se convirtió en la tercera fuerza del Parlamento andaluz, sorpasando a las dos coaliciones de izquierdas.
En la última década, la tendencia internacional a la derechización del voto ha cristalizado en el resurgir de partidos ultra y el éxito de las guerras culturales que han dinamitado los grandes consensos sociales (el feminismo, la lucha contra la violencia de género, el cambio climático...).
Todo esto ha achicado el pensamiento progresista, empujando a sus referentes políticos a la búsqueda desesperada de una identidad colectiva que movilizara y unificara a los suyos en la defensa de unos principios comunes. Esos principios democráticos que todos, por separado, ven hoy en serio peligro de retroceso o desaparición.
Pero el miedo al fascismo no ha servido como catalizador para el repliegue de las múltiples ofertas de izquierdas que concurren a las elecciones, ni tampoco ha sido incentivo suficiente para movilizar al electorado progresista. En Andalucía, estas formaciones se han presentado solas y juntas, pero en ningún caso han logrado frenar el avance de las derechas.
El PP de Juan Manuel Moreno gobierna con mayoría absoluta, y afronta los próximos comicios con un colchón de 14 a 18 diputados más, que es la horquilla en la que se mueve Vox, según los sondeos. El bloque conservador acapara hoy el 75% de los escaños del Parlamento andaluz y es en este contexto en el que se está debatiendo, una vez más, sobre la enésima refundación de la izquierda y la búsqueda de la unidad.
Cuando se apela hoy a la unidad de las izquierdas andaluzas, desde un escenario político de auge total de la extrema derecha, se hace un llamamiento de reconciliación (o al menos de estrategia conjunta) a estas mismas formaciones que lo han intentado varias veces y han acabado como el Rosario de la aurora.
La nueva Adelante Andalucía, pilotada hoy por su portavoz parlamentario y candidato a la Presidencia de la Junta, José Ignacio Gacía, ya no está en esa pantalla. No se sintió interpelado en 2022 por Yolanda Díaz ni en 2026 por Rufián. Su objetivo en las autonómicas de este año es consolidar su marca y su proyecto político, netamente andalucista, que ocupa una posición tan crítica con el PP de Juanma Moreno como con el PSOE de Pedro Sánchez.
También la coalición Por Andalucía vuelve a intentarlo sin cambiar la marca, aunque hoy sus integrantes son la mitad de los que eran en 2022 (IU, Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz). La lista está encabezada por Maíllo, líder federal de IU, que ha decidido avanzar sin esperar a Podemos, pero invitándoles a subirse a un tren en marcha. La candidatura se presentó este viernes, sin la presencia de los morados, poniendo en valor que el proyecto político se ha consolidado en estos cuatro años y está por encima de la siglas.
Maíllo es un convencido del valor de las alianzas de izquierdas cosidas desde abajo, entre partidos que vertebran el territorio, y no como un simple artificio electoral. “La unidad de las izquierdas ya está amortizada como lema de campaña, por sí misma no moviliza. No es un fin en sí mismo, pero sí es una condición para consolidar un proyecto que construimos, mal que bien, hace cuatro años”, resume la portavoz parlamentaria de Por Andalucía, Inma Nieto, que fue cartel electoral de la coalición en 2022.
Las próximas elecciones andaluzas tienen dos relatos: por un lado, van a medir la capacidad de resistencia de la mayoría absoluta del PP de Juanma Moreno [hoy con 58 dputados], frente a la tendencia al crecimiento de Vox. Ese pulso de las derechas se resolverá, a decir de las encuestas, con un Gobierno de coalición, como el que se pergeña en Extremadura y Aragón. O con una nueva mayoría absoluta de Moreno.
En el otro escenario, el PSOE de María Jesús Montero trata de movilizar a un electorado aturdido, capaz de pasar del millón de votos en las autonómicas al millón y medio en las últimas generales, con Pedro Sánchez como el gran agitador del espacio progresista. A su izquierda renuevan dos coaliciones de izquierdas más reconocibles, distinguibles e identificables hoy que hace cuatro años.
En efecto, la ley d'Hondt castiga la fragmentación del voto, sobre todo en las provincias con menos escaños en liza, y más aún con Vox postulando al PSOE la segunda plaza. Pero el resultado de las tres últimas elecciones andaluzas nos dicen que hay electorado disponible para dos proyectos políticos a la izquierda del socialismo, que ni la unidad ni la división de los partidos han sido tan determinantes para el resultado como la desmovilización del electorado progresista.