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El badulaque de Pedro y Pablo

Pablo Iglesias, durante la entrevista de este viernes en La Sexta

Pablo Iglesias, durante la entrevista de este viernes en La Sexta

En el vértigo de los días últimos, estamos empantanados en el artículo 99 de la Constitución, que unos invocan, otros ensanchan y otros quieren reformar, pero todos sin una confesión de impotencia, de incapacidad de superar la previsión constitucional que creo suficiente, lo que no niega que sea mejorable. Nunca van a reconocer que no son capaces de poner en valor lo que dijeron los ciudadanos en las últimas elecciones y, por no enmendar ellos, quieren que el pueblo repita.

Pedro Sánchez ofreció reformarlo. Pobre artículo, la prensa monárquica lo agranda concediéndo al Rey más papel que el otorgado por la propia Constitución, aprovechando el despiste de la izquierda en lo que la monarquía constitucional y parlamentaria significa. Lo último ha sido la propuesta de Pablo Iglesias, anclada en el postín que el Rey se da y Sánchez y los de Casa Lucio le arriman. El líder de los de abajo anuncia que va a pedir al Rey que se salga de su pellejo y le pida a Sánchez  que ceda, que coaligue, que modere y arbitre, aunque eso esté en otro artículo y no en el 99, que es muy claro. Lo que le pide el líder republicano a Felipe es que sea una especie de alcahuete real. Será una broma.

En mi opinión, el artículo citado es suficiente, generoso; el papel del Rey es el justo, el justito diría yo; la interpretación de los protagonistas, lamentable, empezando por el encargado por el Rey de formar Gobierno, ahora seguido por el que lo debería de investir, preferentemente, y luego por la oposición. Lo peor, sin duda, son las    derrotas de la llamada izquierda para llegar a puerto provechoso.

No entraré en culpas, que la gente es madura para llegar a sus propias conclusiones.  Tampoco en reflexiones constitucionales que creo que están claras. Por eso me he entregado al Diccionario de la RAE. El Rey encargó a Pedro Sánchez formar Gobierno. Veamos que dice la RAE de formar: hacer que algo empiece a existir . Y, créanme, el encargado de formar o no forma es él; es el responsable, como dice la RAE, de que algo, un Gobierno, no empiece a existir. Fin de la cita.

Alcahuete real

Otra cosa es -omito el trayecto hasta ahora porque es sobrada mi opinión sobre lo ocurrido- la última idea de Pablo Iglesias. El líder  republicano dice que el Rey se tiene de salir de su papel y que tiene que ayudar a que Sánchez le haga caso. Insisto; pide que el Rey se salga de su cometido y se convierta en alcahuete real.

Al final acabaré admitiendo que nuestros referentes republicanos no merecen la pena. Nicola Sturgeon, primera ministra escocesa, independentista del SNP para más señas, da en la clave. Dice: "En el Reino Unido somos muchos los republicanos pero es un error echar las culpas a la Reina -se refería a la suspensión del Parlamento de Westminster por parte de Boris Johnson para buscar atajos para que sus tesis antieuropeas triunfen-. Lo que debe hacer un republicano, sostiene Sturgeon, no es descargar las responsabilidades en la Reina, en la institución monárquica, sino hacer lo imposible por fortalecer las instituciones no monárquicas, es decir, el Parlamento, para que cada vez, el papel de la Reina y la monarquía sea más innecesario e inútil". Por eso que la prensa y los monárquicos españoles  quieran dar más importancia al Rey de lo que dice la Constitución se entiende; que lo haga la izquierda lactante es inverosímil.

No está de más recordar a Miguel de Cervantes, a Cide  Hamete o a Don Quijote. Da igual pero la reflexión es ésta: "Mira Sancho: si tomas por medio la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen, príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se conquista y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale". Cosas de republicanos de antaño.

Esta semana será la definitiva. Los llamados a la reflexión no cesan. La sinrazón de las encuestas lucha hasta con la razón de una buena coalición como lo ha sido la selección española de baloncesto como metáfora. En el fondo, muchos tenemos una última esperanza. Esperamos que se superen los personalismos, que no importe tanto  la vida orgánica de la izquierda lechal, mirando a los suyos de dentro y a sus recien nacidos. Que no importe tanto a la izquierda achacosa por los años su vida externa, ese exopartido o PSOE del exterior, preso de sus cabildeos y del vargasllosismo que tanto complica la vida,  no sólo del socialismo sino de la opción progresista para una España nueva.

Entre llamadas al Rey, izquierda dudosa, republicanismo débil y algo rosa o tronista, sin embargo y a pesar de todo, queda algo de esperanza en estas últimas horas. La regresión está al acecho.

Todo ha sido un lío, han habido daños, insultos, desconsideraciones, maltratos, se ha desoído al Cardenal Mazarino en eso de que nunca ofendas a quién quieres que se sea tu aliado. Pero, bueno, nos jugamos mucho.

Me voy otra vez con Miguel de Cervantes, me entrego, no solo por cómo escribe sino porque, entre otras cosas, estuvo mucho tiempo preso en Sevilla, y aún así no hay motivos para no quererlo. Cervantes escribía: "pero esotros badulaques y enredos y revoltillos no se me acuerda ni acordará más dellos que de las nubes de antaño".

Lo dicho por don Miguel, pelillos a la mar .

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