¿Para qué sirve un movimiento por la intolerancia?
Por si no lo sabes, hace dos años, Esteban Ibarra, presidente de Movimiento Contra la Intolerancia (MCI), denunció al periodista y activista antirracista Youssef Ouled por delito de odio, concretamente por antisemitismo. ¿En qué se basaba? En qué Youssef estaba difundiendo información sobre cómo Israel perpetró el genocidio contra el pueblo palestino.
Si bien la causa ha sido archivada recientemente, la denuncia saca a la luz el elefante en la habitación: ¿A qué se ha estado dedicando realmente esta organización? Siempre han contado una gran financiación del Estado y apoyo institucional de todo tipo; además, con ese nombre cualquiera que reniegue del racismo acudiría a ellos para “quedar bien”.
Cualquiera diría que esto ha sido un “patinazo”, una pequeña mancha en su impoluto expediente, un desliz o un arrebato pasional del que no han sabido salir. Pues ya te digo yo que no: se trata, más bien, de la respuesta natural de una organización que dice haber nacido en los noventa para combatir el racismo y la intolerancia, pero que parece partir del racismo moral. Ese discurso de “todos somos la raza humana” que sostiene que, si no miras ni nombras el racismo, este desaparecerá.
Claro, este discurso, además de ser cómodo y no impulsar ningún cambio real en la sociedad, permite lucrarse con facilidad. Solo tienes que ir a los foros internacionales a decir que España no es un país racista porque no recoge datos disgregados racialmente; aunque, casualmente, sin estos datos sea imposible medir el impacto real del racismo en la sociedad, al ser un fenómeno estructural.
Y es que, si piensas mal, dirías que alguien le están pagando muy bien para hacer ese trabajo y que lo único que les importa es el dinero. Pero ojo, cuidado, tampoco el sector social debe sostenerse bajo el voluntarismo y la autoexplotación, aunque cuando tu organización se dedica a apoyar las mociones de Vox y el PP (como la que hubo sobre el burka en el Ayuntamiento de Málaga) a mí, por lo menos, me huele raro. Cuando te dedicas a plantear que el mayor problema de xenofobia es la “hispanofobia”, o a señalar a las personas racializadas, migrantes e hijas de migrantes como ilegítimas para hablar de las cuestiones que las atraviesan (desde el colegio hasta la consulta médica), el olor no mejora; al contrario, empeora.
Parece que su prioridad es combatir el racismo, el extremismo y la intolerancia contra los blancos. Porque para ellos, nombrar que hay personas blancas ya supone el mayor agravio racista que puedan vivir. Bueno, no, es el segundo, porque el primero es encontrarse en un lugar donde ellas no sean el centro todo el rato
Pero, ¿por qué señalarnos? ¿Por qué dedicar más esfuerzos a denunciarnos por no decir “gracias, blancos, por compartir el mismo oxígeno”? ¿Por qué denunciarnos por hablar de un genocidio? ¿Por qué su prioridad somos las atravesadas por el racismo de forma negativa y no quienes sientan las bases para que una cacería sea posible? ¿Por qué sus enemigas somos nosotras?
Ah, que están proyectando, en una transposición a nosotras, sus ansias de dinero que se vende al mejor postor. Como si el problema del racismo no fuese la supremacía blanca y cómo organiza la sociedad, sino que haya cada vez más personas racializadas tomando la voz sin pedir perdón por estar ahí. Aunque este hecho sea creciente, sigue siendo anecdótico, pero hoy no voy a abrir el melón de en calidad de qué. Sí es importante cuestionarse por qué da tanto miedo que el micrófono lo tome una persona que no es blanca. ¿Acaso temen que, si lo hace una, esto abra la puerta a que haya más? ¿Tienen miedo a que les reemplacen? Con esa actitud y modus operandi, parece que sí.
Parece que su prioridad es combatir el racismo, el extremismo y la intolerancia contra los blancos. Porque para ellos, nombrar que hay personas blancas ya supone el mayor agravio racista que puedan vivir. Bueno, no, es el segundo, porque el primero es encontrarse en un lugar donde ellas no sean el centro todo el rato.
Pero bueno, qué te digo, ahora que viene el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, sacamos las imágenes que tocan: una mano negra y una mano blanca juntas (bueno, si nos venimos arriba, ¡ponemos incluso una asiática!) para hablar de diversidad; damos un discurso institucional a favor de la multiculturalidad, aunque semanas antes votemos una moción contra la regularización; decimos todas que el racismo está mal y santas pascuas. Aquí paz y después gloria… hasta el año que viene, y vuelta a empezar.
Pero, ¿para qué les sirven este tipo de organizaciones? Y más importante, ¿para qué y a quién sirven realmente?
0