Francis Wolff: “Todos podemos ser músicos, incluso bailar es una forma de serlo”

Francis Wolff durante la presentación del libro en Sevilla

Alejandro Luque


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Francis Wolff sonríe al pulsar el botón play en la pantalla de su celular. Un segundo después, empiezan a sonar los característicos golpes de batería de We will rock you, el clásico de Queen, seguidos de la inconfundible voz de Freddy Mercury. Lo que empieza pareciendo un ruido industrial, se transforma en otra cosa en unos segundos y arrastra a quien lo escucha, invitándolo a moverse o saltar. Es el milagro de la música, que Wolff (Ivry-sur-Seine, París, 1950) ha querido desentrañar en ¿Por qué la música?, calificado por el diario Le Monde como el mejor libro sobre el tema jamás publicado, y que acaba de ser traducido al castellano conjuntamente por los sellos Serie Gong y El Paseo.

¿Fue Demófilo, el padre de los hermanos Machado, un ‘comecuras’?

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“La música es el arte más abstracto de todos, y a la vez el que tiene más efectos concretos: si quieres mandar a los hombres a la guerra, ponles música; si quieres hacerlos resistir, ponles música; para casarse, para morir, todo va acompañado de música”, explica, Wolff, profesor emérito de filosofía en la École normale supérieure de París. “Y todo ello se consigue con cosas que aparentemente no tienen ningún significado, que a diferencia de las artes visuales, por ejemplo, no representan nada”.

Este es el punto de partida del medio millar largo de páginas en el que el filósofo francés, autor de títulos como Tres utopías contemporáneas y No hay amor perfecto, desarrolla su reflexión sobre este arte y su capacidad para infundir emociones. Se imagina a una comunidad de marcianos que serían muy parecidos a las personas normales, con todas las características propias de los seres humanos, pero en cambio serían amusios. “Dicen que Jacques Chirac padecía esta enfermedad, por eso solo le gustaba la música militar”, bromea. “Podríamos hablar con esos marcianos, pero no entenderían por qué al oír determinados sonidos bailamos, lloramos, sentimos cosas. Ese es el porqué que yo me he formulado”.

Cosas y acontecimientos

Por otro lado, Wolff toma una definición básica de la música –“el arte de los sonidos”– para explorar los universales humanos que haya en este arte, “y subrayo que universalidad no significa uniformidad, todo lo contrario. La universalidad supone estar atentos a toda manifestación distinta de la Humanidad, a buscar los universales en esa riqueza”, comenta el autor, que ha incluido 300 ejemplos de todos los estilos –canto gregoriano, ópera, flamenco, rock…– y pone a disposición del público casi un centenar de momentos sonoros que pueden ilustrar la lectura en una web creada ex profeso, https://www.pourquoilamusique.fr/.

¿Por qué la música? conecta en el pensamiento de Wolff con una obra anterior suya, Dire le monde [Decir el mundo], de 1997, en la que explica cómo vivimos un mundo hecho de cosas que nombramos, y de acontecimientos. “El mundo de la música sería un mundo solo de acontecimientos puros, sin cosas; mientras que el de la pintura, al contrario, sería un mundo de cosas sin acontecimientos. Mi tesis es que la música no representa cosas, no muestra el mar ni los árboles, sino relaciones entre acontecimientos”.

Esto tiene relación con el hecho de que, para los seres vivos, el sonido informa de que algo está pasando, de un acontecimiento. La música sería así un resultado “de la desfuncionalización de los sonidos, de dejar de oírlos como señales de acontecimiento. Por ejemplo, subes a un tren y el ruido del tren sobre los raíles te informa de que os habéis puesto en marcha. Pero también puedes empezar a relajarte y pensar en ese tran-tran como algo rítmico. Entonces dejamos de sentirlo solo como algo causado por un acontecimiento, y empezamos a entenderlo como un proceso diferente”.

Una caverna sonora

Si esto no quedara claro, Wolff recurre a otra metáfora filosófica, el mito de la caverna platónico. “En Platón toda la confusión de los habitantes de la caverna viene de la luz, mientras que en mi caso pienso en una caverna sonora. Y mis prisioneros son ciegos, de modo que su única relación con el mundo es el oído. Su mundo es de acontecimientos, y en medio del ruido no pueden distinguirlos. Y tampoco pueden entender la causa de los acontecimientos. En mi versión, mis prisioneros no salen de la caverna, porque la liberación está dentro: la liberación del mundo de los acontecimientos caóticos es la música”.

Asimismo, Francis Wolff medita sobre la capacidad de la música para propiciar el movimiento, el baile, con independencia de que pueda tratarse de una canción considerada “triste” o “alegre”; o se pregunta por qué determinados sonidos, como las notas graves, “entran más por el estómago que por el oído”. También dedica un notable espacio a abordar la cuestión de la improvisación, recordando que no en todas las civilizaciones la música estaba escrita, y que hasta principios del siglo XIX había muchos detalles que no formaban parte de la partitura.  

“En todas las culturas hay tres artes universales: la música, el dibujo y la narrativa, contar cosas. La Humanidad necesita esos tres mundos para contar el mundo real”, concluye Wolff, también conocido por su defensa de las corridas de toros, aunque en los últimos tiempos parece desmarcado de las polémicas. “Allí donde hay Humanidad, hay música. Y todos podemos ser músicos. Incluso bailar es una forma de hacerlo”.      

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