Tahar Ben Jelloun, premio Goncourt: “¿Cuántos españoles se gastan 20 euros en leer a un escritor árabe o marroquí?”

Tahar Ben Jelloun (Sevilla, Dic 2018) |

Alejandro Luque


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Dice Tahar Ben Jelloun (Fez, 1944) que su insomnio se debe al hecho de haber pasado por un campamento de castigo en sus años mozos, allá por los años 60, tras participar en unas sonadas protestas estudiantiles. “Estábamos hacinados en literas. Era muy difícil dormir entre tanta gente, porque el sueño es algo muy íntimo”, recuerda. “Necesitamos dormir para regenerar células, pero también para soñar”. Aquel episodio lo recordó en su anterior novela, El castigo, pero el sueño perdido le ha inspirado una nueva obra, El insomnio (Cabaret Voltaire) donde cambia su registro habitual para adentrarse en el territorio del thriller.

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“Le había dado muchas vueltas al tema, hasta que decidí empezar de una forma brutal: con el protagonista asesinando a su madre enferma. Entonces se da cuenta de que duerme mejor, y sigue haciéndolo con otras personas. No mata, ayuda a morir”, explica el escritor, que presenta este nuevo libro en la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, en un acto organizado junto al Institut Français, a la misma hora que España juega contra Japón en el Mundial de Qatar. Las futuras víctimas, sin embargo, serán canallas, pedófilos, torturadores. Y cuanto peores sean estos, más bonus de descanso logra obtener el asesino, e incluso siente despertar su libido aletargada.

Ben Jelloun define a su personaje como “un justiciero” a la antigua usanza: “Todos tenemos nostalgia de aquellas películas de vaqueros en las que John Wayne, James Stewart o Henry Fonda nos quitaban de en medio a algunos cabrones. Incluso creo que estaría bien que alguien visitara a Putin en ese plan”, dice con sorna, para echar mano de la actualidad a renglón seguido: “En Francia hemos tenido recientemente varias tragedias terroristas. En Bataclan fueron 130 las víctimas, y el otro día se celebró el juicio al organizador de la masacre. Es un tipo que tiene sobre su conciencia todas esas vidas, pero logró que le permitieran casarse en la cárcel, tiene tele en su celda, hace deporte. Yo, que no suelo poner la otra mejilla, pensé que esa persona goza de la democracia francesa a tutiplén después de haber hecho lo que hizo. Y que John Wayne habría actuado de otra forma, pero no estamos en el cine”.

Islamistas y ricos

Esa cuestión, la justicia, le lleva en El insomnio a jugar con claves que tienen que ver con Marruecos y su pasado reciente, que el novelista ha abordado en varias de sus obras y en esta novela adquiere cierto aire de ajuste de cuentas. “Conviene no olvidar que Mohamed VI hace algo formidable al principio de su mandato, y es abrir la posibilidad de que todas las víctimas de la represión que ejerció su padre, Hassan II, pudieran recibir una indemnización. Llegaron 29.000 peticiones. Habrían tenido que castigar también a los torturadores, pero lo cierto es que eran funcionarios formados para torturar. Y tal vez el gran problema no sean los torturadores en sí, sino todas las personas que piensan que la tortura debe existir en su país”.

Cuando pasamos a unas elecciones completamente libres, ganaron los islamistas, han estado en el poder durante diez años y han arruinado el país

El autor de títulos como El niño de arena, La noche sagrada, Papá, ¿qué es el racismo? o Mi madre no oculta su defensa a la gestión del monarca alauí. “Todo el mundo sabe que apoyo a Mohamed VI porque ha logrado imprimir desarrollo a un país emergente como el nuestro, que naturalmente tiene muchos problemas”, comenta. “Cuando pasamos a unas elecciones completamente libres, ganaron los islamistas, han estado en el poder durante diez años y han arruinado el país. No han hecho nada, es gente hipócrita e incompetente, porque no se gobierna un país con religión, sino con valores. Y sin embargo, el rey respetó la decisión democrática”, asevera.

“Ahora ya no existen políticamente, apenas tienen diez diputados, pero hemos perdido diez años”, prosigue. En cuanto al impulso de Mohamed VI, Ben Jelloun destaca la creación del estratégico puerto TangerMed y la apuesta por grandes inversiones en carreteras, “aunque es cierto que la desigualdad sigue ahí, por culpa del capitalismo desenfrenado. Al primer ministro marroquí [Aziz Ajanouch], que es el dueño de la mitad de las gasolineras del país, le pregunté públicamente por qué no renunciaba durante unos meses a su margen de beneficios para evitar las subidas del precio de la gasolina, pero obviamente no hizo nada. Alguien me dijo entonces que los ricos, cuanto más tienen, más quieren. Pero al menos se vive mucho mejor que en tiempos de Hassan II”.

Guerra fría

Tahar Ben Jelloun admite, eso sí, que en Marruecos hay cosas intocables. “Lo sagrado”, como él mismo define, es “la figura del rey, primero, y luego la integridad territorial de Marruecos, con ese tema del Polisario que ha envenenado la vida del país durante 50 años, a través de una guerra fría con nuestros vecinos argelinos, celosos de lo que Marruecos ha hecho sin tener petróleo”.

La inmigración es "un problema terrible que necesita una acción conjunta de toda Europa. Debe hacer presión sobre países africanos como Nigeria o Gabón, y hacer frente común contra las mafias de la emigración"

A propósito del Sahara, el escritor subraya que “España es para nosotros un vecino muy importante, recuerdo que antaño todos los marroquíes soñaban con irse de vacaciones a Lanjarón, a Granada, nunca más allá. La situación se degradó cuando el PP llegó al poder y provocó un accidente estúpido con la isla de Perejil, que casi provoca una guerra absurda en pleno siglo XXI. Luego Marruecos pidió que España reconociera que el Sahara es marroquí, pero ni PP ni PSOE quisieron defender esa territorialidad nuestra. Ahora las relaciones son más tranquilas, aunque el episodio con la hospitalización del jefe del Polisario fastidió mucho a Rabat. Veo que hay mucho prejuicio anti-moro, que se manifiesta también en la literatura. ¿Cuántos españoles se gastan 20 euros en leer a un escritor árabe o marroquí? Quienes se acercan a nosotros son personas convencidas, pero no veo un amor loco por nuestra literatura. No se ha cultivado esa atracción hacia la cultura árabo-musulmana”.

Para él, el asunto candente ahora es la emigración. A este respecto, afirma que “Marruecos hace su trabajo, impide que Europa sea invadida por inmigrantes clandestinos”. Respecto a la delicada situación del ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, a raíz de la tragedia en la valla de Melilla del pasado 24 de junio que costó la vida a una veintena de migrantes y dos gendarmes, Ben Jelloun se permite bromear diciendo que “la discusión sobre si ocurrió en territorio español o marroquí solo procede si se considera Melilla parte de España”, sonríe, pero de inmediato se pone serio para recalcar que “hablamos de un problema terrible que necesita una acción conjunta de toda Europa. Debe hacer presión sobre países africanos como Nigeria o Gabón, y hacer frente común contra las mafias de la emigración”.             

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