Cosechas perdidas, agua al límite de lo potable y una laguna sin flamencos: la sequía ya golpea Málaga

Mirador ornitológico a la Laguna de Fuente de Piedra, el pasado viernes | N.C.

Néstor Cenizo


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Un palo clavado sobre la tierra se divisa en mitad de la laguna de Fuente de Piedra. Lo normal sería que a estas alturas del año estuviese cubierto por el agua y que los flamencos empezasen a asomar. Sin embargo, la estampa es una llanura parduzca, con apenas alguna mancha de agua y sin flamencos a la vista.

La laguna de Fuente de Piedra, un espectáculo cambiante en el hogar de paso de los flamencos

La laguna de Fuente de Piedra, un espectáculo cambiante en el hogar de paso de los flamencos

El pasado viernes, la Junta de Andalucía declaró la situación de “excepcional sequía” en todas las cuencas mediterráneas, a excepción de Granada, pero hace ya tiempo que la falta de lluvias se percibe en muchos puntos de la provincia de Málaga. Este es uno de ellos: la laguna está seca y los municipios que se abastecen del mismo acuífero están pidiendo a sus habitantes que reduzcan el consumo: habrá multas para quienes utilicen el agua de la red para limpiar el coche o llenar piscinas.

La laguna ilustra una escasez que tiene repercusiones graves para la economía y la población local. “O ponemos los medios para preservar los acuíferos que tenemos o la situación será grave”, dice José García, alcalde de Alameda.

Una laguna seca y sin flamencos

La laguna de Fuente de Piedra es conocida por albergar una de las mayores colonias de flamencos de Europa. Cada año a partir de marzo pueden pasar por aquí hasta 40.000 ejemplares de esta ave migratoria para criar a miles de polluelos durante el verano. Pero la laguna, que se abastece de las precipitaciones, la escorrentía y las aguas subterráneas, hace tiempo que no pasa por su mejor momento. El año pasado llegaron unas siete mil parejas, y llegaron a poner algunos huevos, pero como la primavera fue muy seca la laguna se fue estrechando, abriendo el paso a los depredadores. Finalmente, la colonia, desprotegida, abandonó los huevos.

“Lo más probable es que este año no vengan”, vaticina África Lupión, directora de la reserva natural. Para instalarse, los flamencos necesitan una lámina de agua de al menos 25 centímetros, una profundidad inalcanzable a día de hoy, cuando solo un par de pequeños arroyos aportan agua.

En el año hidrológico que comenzó en octubre la laguna apenas ha registrado 171,5 mm de lluvia, por 202,4 a la misma fecha del año anterior. En total, el año pasado las precipitaciones alcanzaron los 320,8 mm, por los 414,7 de la media histórica. Pero el problema fundamental no es tanto que sobre la laguna llueva poco, sino que lo haga en toda la zona y que los acuíferos que nutren el humedal y a los municipios cercanos estén secándose porque se extrae de ellos más agua de la que reciben. La laguna solo había estado tan seca a estas alturas del año en 1995.

El caso de Fuente de Piedra: la potabilizadora recién estrenada ya no es suficiente

“Estamos en una situación muy crítica”, admite Siro Pachón, alcalde de Fuente de Piedra. Los problemas de este municipio con el agua no vienen de ahora. En los últimos cuatro años, un camión visitaba el pueblo cada martes y viernes con unos 10.000 litros de agua potable, 15.000 en verano. Costaba 70.000 euros al año, pero servía para que los vecinos tuvieran agua para beber, y no solo la que salía del grifo, extraída de pozos a una profundidad tal que venía demasiado contaminada para ser potable.

En enero, Fuente de Piedra estrenó sondeo y planta potabilizadora, teóricamente capaz de suministrar 1,2 millones de litros diarios. El camión cisterna dejó al fin de ser necesario y el pueblo lo celebró con alegría. Dos meses después, Pachón no descarta recuperarlo pronto. La nueva infraestructura, que costó casi un millón de euros (sufragados por la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial) “no está colmando las expectativas” porque “los consumos son muy elevados”.

El alcalde da cifras: cuando se estrenó, el agua del nuevo pozo tenía una conductividad de unos 1.100 micromhos/centímetro cuadrado. A mayor conductividad, mayor cantidad de residuos sólidos disueltos y, por tanto, peor calidad. Pero a medida que se extrae agua a mayor profundidad, la calidad del agua empeora. “Ya vamos por 1700/2000”, dice Pachón. Esto provoca que se obtenga menos agua tras su tratamiento, y que la planta haya reducido su producción a 900.000 litros diarios. Para 2.500 habitantes saldría una media de 360 litros diarios. En teoría, suficiente. Pero no lo es: “Una muestra del consumo tan elevado que tenemosQ.

Para solucionar el problema, Fuente de Piedra ha vuelto a echar mano del viejo pozo contaminado de cloruros, mezclando el agua con la procedente de la nueva instalación. De momento, en una proporción que mantiene el agua “al límite” de los parámetros de la potabilidad. La Consejería de Salud ha exigido que se realicen analíticas diarias. “No nos queda otra. Pero si cada vez tenemos que aportar más agua del pozo contaminado de cloruros, posiblemente lleguemos al nivel de la no potabilidad”, dice el regidor. IU ha pedido su dimisión por “introducir agua no potable en la red de abastecimiento” y retirar las cubas “de forma precipitada”.

La otra solución es gastar menos agua. Pachón quiere aprobar una modificación de la ordenanza en el próximo Pleno para gravar un 25% más el consumo en el tercer tramo y “penalizar los excesos”. Otros municipios de la zona valoran tomar la misma medida. “Cuando te cobran el agua cara se te quita la sed”, dice Miguel Asensio, alcalde de Humilladero (PSOE), que ha pedido a los vecinos que legalicen las tomas ilegales y ayuda a otras administraciones para detectarlas. La mayor parte de los huertos se riega con agua de la red porque es más barata que sacarla de un pozo, dice.

Multas por limpiar el coche en la calle

Fuente de Piedra representa el caso más visible de un problema que afecta también a los municipios vecinos. De hecho, los alcaldes de Alameda, Mollina, Humilladero y Fuente de Piedra han emitido un bando conjunto: prohibido limpiar coches en la vía pública, llenar piscinas, regar huertos y baldear las calles con agua de la red, bajo multas que van de 300 a 3.000 euros. Además, han lanzado una advertencia: si la situación continúa degradándose, no se pueden descartar los cortes en verano. “Estamos acostumbrados a que abres y aparece el agua, pero eso no es imperturbable”, señala José García, alcalde de Alameda (Adelante-IU).

Su pueblo (5.453 habitantes) se abastece de los pozos de El Camorrillo y Llano Santo, y en ambos ha tenido que bajar la bomba: de 140 a 175 metros en el primero, y de 130 a 140 metros, el segundo. También en Humilladero ha bajado el nivel freático, y ahora captan cerca del pueblo en lugar de en la sierra. Al ser más superficial, apenas a diez metros de profundidad, el agua está más contaminada de nitratos.

Aunque se pone el acento en el uso doméstico, a nadie se le escapa que el mayoritario es el agrícola. En Fuente de Piedra, la agricultura representa el 60% de la economía local, según su alcalde. Abunda el cereal, que a estas alturas del año debería estar a punto de dar el último estirón con las lluvias de la primavera. Pero el trigo y la cebada ahora no levantan una cuarta del suelo.

Más importancia aún tiene el olivar, en parte de regadío. “La producción está cayendo desde hace tres o cuatro años”, dice Javier Jiménez, de la cooperativa Purísima Concepción de Alameda, que añade: “El problema ahora mismo es que para el año que viene, aunque llueva en primavera, no vamos a tener producción”. Es ahora cuando el olivo debería estar generando la trama gracias a su reserva de agua. Pero no la tiene, e incluso los pozos se están secando.

“La explotación no es equilibrada”

Todos estos pueblos de la comarca Noroccidental de Málaga se abastecen de acuíferos de las sierras que los rodean. Alameda comparte con Mollina el acuífero de la Sierra del Camorrillo, mientras que Fuente de Piedra comparte con Humilladero el de la Sierra de Humilladero. Bajo estos macizos de roca caliza discurren al menos siete sistemas de aguas subterráneas. Nutren la laguna endorreica, pero también el uso doméstico y el abundante regadío. “Son pequeños, y a medida que detraes el agua se deprimen cada vez más rápido. Como no tienen recarga, la calidad se ve degradada”, comenta Matías Mudarra, hidrogeólogo de la Universidad de Málaga. El problema, advierte, tiene un origen común: “La explotación no es equilibrada”.

Mudarra y Juan Antonio Barberá son los dos investigadores principales del Centro de Hidrogeología de la UMA, y acaban de arrancar un proyecto centrado en los acuíferos carbonatados sobreexplotados del norte de Málaga, financiado con fondos FEDER. “La situación es preocupante: llevamos un periodo largo sin lluvia, los acuíferos no se alimentan y las poblaciones agotan las reservas”, dice Barberá: “Los niveles han descendido drásticamente a lo largo de las últimas décadas”.

Hace años que el Instituto Geológico Minero monitoriza estos acuíferos. “Ya desde los 90 se ponía de manifiesto que se explota por encima de los niveles de recarga”, apunta Mudarra. Sin embargo, los consumos se han incrementado, sin que ahora se sepa cuánto se extrae para riego y cuánto para abastecimiento. Además, existe un problema de mantenimiento de la red, que es muy antigua y tiene pérdidas “muy por encima del promedio de otras poblaciones”, según Mudarra. El agua escasea, pero además se pierde una vez extraída.

El resultado es un problema cuantitativo, pues hay poca agua, pero también de calidad: el agua, procedente de acuíferos calizos, es cada vez peor porque está enriquecida de cloruros y sulfatos, y bordea los límites de la potabilidad. “Esto es como una cuenta corriente. Si gastas más dinero del que ingresas acabas en déficit. Hay que hacer una buena gestión de los recursos y explotarlos de manera sostenible”, explica Mudarra. “La situación empeora progresivamente, si no se gestiona con más racionalidad va a ir a peor”, advierte su compañero.

Ambos detectan un problema de fondo: una mala gestión de los recursos hídricos, que la sequía de los últimos años tan solo ha puesto de manifiesto. 

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