Marinaleda y el sorpaso del PP al PSOE: “Es como si en una carrera sacas pecho porque llegas segundo, pero no dices que llegas una hora tarde”

Sede del SOC en Marinaleda | N.C.

Néstor Cenizo

Marinaleda —

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El pasado lunes, a alguien en la televisión se le ocurrió utilizar un subcampeonato como resumen de una gran victoria. “El PP da un golpe en Marinaleda”, tituló un diario. Según la tesis, los resultados electorales en Marinaleda, histórico feudo de la izquierda comunista y el sindicalismo jornalero, son la prueba del algodón del triunfo incontestable de Moreno, puesto que aquí los populares han superado al PSOE para convertirse en segunda fuerza. Sentada en un banco mientras espera que su hijo regrese de una excursión escolar, Carmen se ríe: “Es como si en una carrera ciclista sacas pecho porque llegas a meta segundo, pero no dices que has llegado una hora más tarde”.

Vuelco histórico en la provincia de Sevilla, "el corazón del socialismo" de España

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Como Carmen, pocos aquí ven en el segundo puesto de los populares el síntoma de que algo esté pasando tras estas elecciones. Es cierto que nunca antes había ocurrido en Marinaleda que tras la candidatura de izquierdas, sempiterna ganadora, apareciese la derecha. Pero al fin y al cabo, la izquierda ha obtenido un apoyo similar a hace cuatro años (el 68,7% entonces, el 65% ahora -57,2% de Por Andalucía y 7,83% de Adelante Andalucía). Lo que ha ocurrido, subrayan en el pueblo, es que los votos del resto, que siguen siendo residuales, se han repartido de un modo ligeramente distinto: 12,53% para el PSOE y 16,48% para el PP. En realidad, los populares han logrado 57 votos más que en 2018. Casi todos saben también que ha habido 71 votos a Vox, y uno a Ciudadanos.

Para la mayoría de los marinaleños, nada cambia en el hecho de que el PP bese su medalla de plata, porque está la izquierda y, a mucha distancia, todo lo demás. Y lo demás engloba todo: “Es que en lo fundamental el PSOE es de derechas. Si hay que ir a una romería van; si hay que ir a un concierto, también. Si los sumas, los votos son más o menos los mismos. Por eso, a muchos votantes del PSOE no les incomoda cambiar. Si fueran de izquierdas, no votarían al PP”.

Se trata de una opinión extendida en el pueblo, que ha hecho de su adscripción ideológica a la izquierda un rasgo identitario. “Aquí hay un sentimiento de izquierdas porque en la práctica la izquierda ha mejorado la vida de la gente. Y la gente necesita ver para creer. Claro que hay cosas que se pueden mejorar. Pero si la gente palpa, y se da cuenta de que los de abajo, los sin nada, pueden conseguir cosas, van a seguir votando a la izquierda”, dice la mujer, trufando un discurso netamente ideológico con una cita a Eduardo Galeano.

“Las cosas no se consiguen por casualidad, sino por la lucha”

En el interior del bar de la sede del Sindicato de Obreros del Campo se alternan carteles de Fidel Castro, de los “domingos rojos” (las históricas jornadas de trabajo comunitario en Marinaleda) y en recuerdo de la marcha jornalera del Primero de Mayo de 1986: “Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”.

El lugar es una especie de centro social en el pueblo. A media mañana, se concentran jubilados y trabadores sin faena, y comparten un litro de cerveza a 1,80. Antonio Saavedra, jornalero jubilado, recalca que si la izquierda gobierna y gana en Marinaleda es porque la gente está contenta. Aquí se saca pecho de las viviendas sociales construidas por los propios vecinos con apoyo municipal, del pabellón deportivo y del “parque natural”.

También está la Historia. Saavedra y quien le acompaña, José Rodríguez, se remontan a los años 80, y a cuando en 1991 consiguieron que las 1.200 hectáreas de El Humoso, que eran del Duque del Infantado, se expropiaran y colectivizaran. Después, la Junta de Andalucía las irrigó y las cedió a cooperativas promovidas por el Ayuntamiento de Marinaleda a cambio de un canon que, según algunos, hace tiempo que no se paga. Hoy, medio centenar de familias cultivan allí habas, alcachofas u orégano.

“15 años nos pasamos luchando por esas tierras”, dice Saavedra, que recuerda cuando ocuparon el aeropuerto de Sevilla o el Banco de España, o pararon el AVE para reclamar dinero para la construcción de las viviendas sociales de las que hoy sacan pecho. “Nos decían que no teníamos miedo ni a la ”partida de la porra“. Las cosas no ocurren por casualidad, sino por la lucha, y aquí hemos luchado mucho”. El episodio se recuerda incluso en algún cartel turístico.

El movimiento jornalero es un imán para quien se identifica con la “utopía comunista”. Ángel Vergara es madrileño y tiene 79 años. Trabajaba como soldador de Lufthansa en Alemania, se jubiló en Murcia y nada se le había perdido en Marinaleda. “Pero nos hablaron de este pueblo, vinimos a una feria, hicimos amigos y hace dos años nos mudamos aquí”, cuenta. No concibe que “un obrero vote a quien le apalea”.

Sánchez Gordillo y la pérdida de la mayoría absoluta

El líder de aquellas luchas fue el alcalde, José Manuel Sánchez Gordillo, el único que lo ha sido desde las primeras elecciones de la democracia. En los últimos años, sus antiguas mayorías absolutas han menguado hasta ganar a una candidatura alternativa (sin el PSOE ni el PP) por apenas 41 votos en 2019. Sin embargo, eso no parece repercutir en el arraigo del voto a la izquierda, que ha vuelto a arrasar en las autonómicas del pasado domingo.

Hoy, con una actividad menguada por problemas de salud, Sánchez Gordillo no da entrevistas. En el recibidor del Ayuntamiento hay diez carteles del Che Guevara del artista cubano Rafael Enríquez Vega, y en el suelo de su despacho se despliega una pancarta contra la OTAN. En el Ayuntamiento no conocen a nadie del PP, “porque se presenta gente de fuera”, y del PSOE tampoco dan señas.

Con los años, a la utopía comunista de Sánchez Gordillo le han ido apareciendo testimonios que denuncian el clima hostil hacia quienes no comparten su visión. “Aquí hay una dictadura como un demonio”, dice M.C., que cuenta que en su día la calificaron de “terrateniente” por seis fanegas de tierra. “A mí me dejaron de hablar, cuando el alcalde estaba en toda su pompa, porque no quería comer de su bollo, sino buscarme mi propio bollo”, relata. Es la única que habla (sin apellidos) en términos críticos de la izquierda de Marinaleda. Y cuenta que su entorno, que solía votar al PSOE, esta vez han votado al PP porque “estaban de los socialistas hasta aquí”.

En la práctica, en Marinaleda eso se traduce en una merma de apenas 26 votos. En cambio, se nota donde más socialistas había, que en la Sierra Sur era en casi todos los pueblos. El PP ha arrebatado al PSOE la victoria en feudos hasta ahora intocables: Herrera (donde el PP ha pasado del 27,39% al 41,55%), en Estepa (del 19,74% al 46,9%) o en El Rubio (del 18,01% al 39,73%), de donde procede uno de los más fieles susanistas, Antonio Pradas. “Esta zona era muy de Susana Díaz: yo creo que ahí ha habido consigna, y que mucha pena no tienen”, sonríe Antonio Martín en la sede del SAT.

“Ha sido por la mala imagen que tiene Sánchez en la televisión, porque dicen que la culpa de todo la tiene él”, opina Antonio Torres (56 años). En su entorno, algunos se han pasado del PSOE al PP, y ha conocido a alguien que le anunció que votaría a Vox. “Y lo dijo tan campante. Yo no sé si por joder, o por qué”.

El imán de la “utopía comunista”

En un pueblo donde la ideología pesa hasta imprimir carácter, la cartelería y los murales a lo largo de la Avenida de la Libertad (antes, Queipo de Llano) lo dicen casi todo. Sobre los muros del campo de fútbol, de lustroso césped artificial, hay recuerdos del hermanamiento con Cataluña, vivas a la libertad que no se mendiga y proclamas contra el capitalismo: “Contra el capital, guerra social”.

“El problema es que los partidos no ofrecen una salida diferente. La gente tiene que ver que son una herramienta útil, porque si no sirve para cambiar las cosas, no la usan. Habrá opiniones, pero nadie puede negar esto. La Casa de la Cultura, las casas que cuestan 15 euros; la guardería, 12 euros; la piscina, seis. Eso está ahí, es real. Nosotros, en Marinaleda, sí somos distintos”, concluye Carmen, antes de recibir a su hijo que ya vuelve de la excursión.  

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