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Moreno pone en riesgo su investidura al ignorar la 'prioridad nacional' e intentar desmarcarse de otros barones del PP

Juanma Moreno, presidente en funciones de la Junta de Andalucía, el lunes tras leer su discurso de investidura en el Parlamento.

Carla Rivero

Sevilla —
29 de junio de 2026 21:47 h

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Juanma Moreno marca distancias con el resto de los presidentes autonómicos del PP que validaron el acuerdo de gobierno con Vox en sus discursos de investidura. Las negociaciones continúan a puerta cerrada para alcanzar un punto de encuentro que valide durante los próximos cuatro años un ejecutivo que permita, cuanto antes, aprobar los presupuestos autonómicos, según reclamaba repetidamente este lunes el líder de andaluces. No pronunció ‘prioridad nacional’, como hizo su homóloga en Extremadura, pero tampoco dio pie a relacionar inmigración e inseguridad, evitando el gesto a la ultraderecha. Una de cal y otra de arena con el objetivo de que la ‘vía andaluza’ recoja lo perdido tras no renovar la mayoría absoluta en las elecciones del 17M y que volverá a ser el camino marcado de cara a las generales, como bastión de Núñez Feijóo y guiño a las municipales.

Es más, las palabras más duras del discurso de investidura de Moreno no tuvieron otra diana que la oposición y el Gobierno de Pedro Sánchez. A las izquierdas las acusó de ni siquiera haber intentado, aunque bien lo sabía, recabar apoyos ante los resultados de unos comicios que él mismo “no quería” y, de alguna forma, obligarlo a tender la mano a sus contrincantes más directos. Pero la ‘vía andaluza’ se toma sus tiempos y, a pesar de que Moreno escenificó un distanciamiento ideológico y gestor de Vox, en el Parlamento andaluz quedaron el consejero Antonio Sanz y el secretario general del PP-A, Antonio Repullo, tratando de reconducir las negociaciones en la tarde del lunes. 

Al contrario de Andalucía, los barones del PP que gobiernan con Vox llegaron al hemiciclo con los deberes hechos a la jornada de investidura: Guardiola firmó el pacto en Extremadura el 17 de abril y cinco días más tarde fue proclamada presidenta tras cuatro meses de paralización; mientras, en Aragón, el PP de Jorge Azcón rubricaba el documento con Vox el 22 de abril para ser elegido el día 28; y Castilla y León protagonizó el último acuerdo el pasado 3 de junio, antes de que Fernández Mañueco fuera refrendado como presidente autonómico el 10 de junio. ¿Darán los de Santiago Abascal este balón de oxígeno a Moreno tan rápido? Las exigencias a las que se ha plegado el PP en el resto de comunidades no serán una excepción en el sur, aunque Moreno haga gala de su número de escaños: 55 frente a los 15 de la ultraderecha. Aún así, el voto a favor o la excepción será la moneda de cambio.  

La extremeña Guardiola, de lleno con la inmigración

Moreno dejó pasar hasta 12 días después del 17M para levantar el teléfono, le recriminaba Manuel Gavira, la cara andaluza de Vox, al igual que “las prisas” con las que los apremiaban los populares, conocedor de la importancia de contar con esos 15 diputados que facilitarían su acción de gobierno. Eso sí, “cuando toque”, declaró hace dos días. Y la sorpresa se dio cuando llegó el “no”: un “no” esperado, pero temprano, ya que llegó 40 minutos antes de que terminara el discurso de investidura en el Parlamento, un golpe duro para quienes persiguen que haya una foto a pesar de las cortapisas de Moreno. “Todos somos conscientes de que solo caben dos opciones: bloqueo y repetir elecciones o interpretar con inteligencia y generosidad el mandato de los andaluces”, manifestaba en el atril, para lo que pidió evitar el enrocamiento entre ambas partes y “saber ceder buscando el interés general de los andaluces”.

La pujanza económica, la industria, la creación de empleo, los servicios públicos, el turismo, el sector agrario... Moreno solo pronunció tres veces el nombre de Vox mientras que “Estado” llegó a escucharse hasta en siete ocasiones y “Gobierno central” otras doce; y la “prioridad” se dirigió a la vivienda, a los jóvenes, al sistema público de salud y a las políticas de agua.

En cambio, Guardiola se metió de lleno el pasado 18 de abril en la inmigración: “El inmigrante no es un culpable por defecto, es una persona con sus derechos y con sus deberes, pero la gestión que ha hecho el Gobierno de Sánchez ha sido un absoluto fracaso que tiene lamentables efectos a nivel político, pero sobre todo a nivel humano”, intentando diferenciar las circunstancias del individuo con las políticas estatalas a las que enfila el ala conservadora. “Extremadura no va a cargar con las consecuencias de un modelo migratorio roto, improvisado y negociado con quien no tiene ninguna legitimidad”, en alusión a Cataluña, el eslabón perdido del PP, que sirvió en cada uno de los discursos, incluido el de Moreno, para hablar de una injusta financiación autonómica. Así, Guardiola lograba contentar a la ultraderecha a la vez que armonizaba con los principios del PP.

Entre los puntos firmados por cada gobierno del PP con Vox hay varios relacionados la ordenación migratoria, como el total desamparo a los menores migrantes. Si bien la extremeña reconoció su protección, habló de “la creación de una unidad de verificación del fraude prestacional y del padrón”, una concesión al partido ultraconservador para trampear la prioridad nacional, ya que, a día de hoy, el requisito que se puede extender para acceder a las ayudas y servicios sociales son los años de residencia en el territorio, y no la nacionalidad. En total, apenas tres minutos dentro de la amplia y detallada exposición que ya daban por hecho los ultras.  

Aragón y Azcón, “inspirados por la prioridad nacional”

Guardiola marcó el tono para los siguientes barones del PP en este nuevo ciclo electoral donde Vox centra su ofensiva contra la inmigración a través del principio discriminatorio de ‘prioridad nacional’ o deriva su discurso contra las políticas medioambientales de la Unión Europea. Temas más simples y generales, menos conflictivos y arriesgados, evitando así volver a poner el foco el negacionismo de la violencia de género o el rechazo al colectivo LGTBIQ+. Una rebaja de decibelios que son producto de una lepenización, en la senda de la extrema derecha francesa, para lograr arrancar el voto femenino y del colectivo queer de manos del PP. Temas incómodos que defendió Moreno en su intervención con mención a las políticas de igualdad y en diversidad, y que pasaron por alto Azcón y Mañueco.

En Aragón, Jorge Azcón salió al hemiciclo y defendió sin pudor su pacto con Vox en aras de la aprobación de las cuentas autonómicas durante los próximos cuatro años. “Nos hemos comprometido, inspirados en el principio de prioridad nacional, a establecer una asignación justa de los recursos públicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio”, ensayó, “es un principio fácil de entender: quienes reciban ayudas, sea cual sea su procedencia, deben acreditar de acuerdo a distintas baremaciones una vinculación legal, efectiva y beneficiosa con el territorio donde viven”. El PP sonríe, porque acepta la treta, sin hablar de principios normativos, modificación legislativa, porque sabe que excede a sus competencias. Un teatrillo que contemplan sus socios, ¿a qué costo?

“Este es el sentido claro de la prioridad nacional recogida en nuestro acuerdo: establecer baremos de acceso a las ayudas sociales que, respetando la ley, demuestren el arraigo territorial y la aportación al sistema de quienes las reciben, sea cual sea su nacionalidad”, repitió, recriminándole a la oposición que “dejara de rasgarse las vestiduras”, porque “estos criterios llevan operativos en España desde tiempos de Felipe González”. Por tanto, las medidas de los populares pasan por endurecer la exigencia de mínimos, un grave escollo tanto para las personas recién llegadas como para un nacional que vuelve a su hogar, sin llegar a torpedear la sanidad pública universal, que volvió a entrar en vigor en el país este marzo. Así y todo, Azcón solo le dedicó tres minutos a la ‘prioridad nacional’, que pronunció dos veces, en el bloque intermedio, diluyendo así el efecto sobre su discurso.

Castilla y León renuncia a los retrocesos

Otros tres minutos y solo una mención a Vox. “Porque dialogar es escuchar, reflexionar y aceptar. Es acercar. Es recordar que todos tenemos parte de verdad, pero nadie tiene toda la verdad. Un diálogo que, en definitiva, es democracia”, amansó a la bancada de la oposición y a los propios Alfonso Fernández Mañueco al inicio de la investidura en Castilla y León. ¿La verdad de Vox que intentarán compensar los populares con medidas a medio gas? El barón popular conoce a sus socios de gobierno, con quienes ya rompió en el pasado, al igual que Juanma Moreno, y se refirió al principio esgrimido a partir “del arraigo real y verificable de sus beneficios con nuestra tierra”.

Esta es la única manera que tiene el PP de eludir e incluir en su discurso los requiebros éticos y legislativos a este mandato discriminatorio, tal y como expuso en los tres puntos de referencia que se marca el Gobierno autonómico: acatar “de manera escrupulosa” lo que dicen las leyes, nombrando a la Constitución y al Estatuto de Autonomía, un sistema que no reconocen sus socios; segundo, “prestando de manera general” los servicios públicos esenciales sin alusión a las expulsiones de personas irregulares que firmaron; y tercero, “excluyendo cualquier tipo de limitación o de retroceso en los derechos ya consolidados en nuestra comunidad”.

El paso a la contra que marcó con sus predecesores fue la referencia a la inmigración, que, aunque mantiene los mandatos del PP, recoonce su aportación en la riqueza de la autonomía: una “inmigración legal y ordenada es fuente de progreso, por ello, siempre serán bien recibidos y tendrán nuestro apoyo”, achacando a “las políticas fracasadas” del Estado el resto de males. “Quiero una Comunidad al servicio de todas las personas que viven aquí, por encima de sus orígenes o diferencias”, remató, “quiero una Comunidad rica en valores, humanista, tolerante”.

Moreno, que evitó la confrontación directa, tomó también las referencias humanistas del discurso del papa León XVI en el Congreso de los Diputados aludiendo “que lo legal sea verdaderamente humano” y a su consabido “diálogo, moderación y cercanía” para marcar el tono en el que se deben dar los siguientes cuatro años. Unas declaraciones que acarrearon el portazo de Vox en pleno debate de investidura, porque la estrategia nacional de la ultraderecha está en homogeneizar a todos los barones del PP y presentarlos como un partido más del sistema, obsoleto, así que la imagen de la ‘excepción Moreno’ no es una opción. Como dice el refrán, cuando una puerta se cierra, otra ventana se abre, la que continúa para las negociaciones.

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