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La prevención en Andalucía: situación y perspectivas de futuro

Juan Carlos Rubio Romero, catedrático de Prevención y Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad de Málaga, defiende que "existe una excesiva regulación de la evaluación de riesgos y, sin embargo, no está suficientemente definida la estructura interna que debe hacerse cargo de desarrollar las medidas preventivas planificadas".

Hoy en día, si atendemos a los datos oficiales de siniestralidad laboral, debemos concluir la mejora importante producida en los últimos años. Además, dicha mejora se ve acompañada de una mejora real de los medios, equipos y centros de trabajo así como de los recursos disponibles para la prevención y la formación de los trabajadores. Una comparativa tanto con otras comunidades autónomas como con países de nuestro entorno no hace sino confirmar una favorable valoración de los últimos años.

Si bien es interesante analizar las diferentes encuestas y fuentes de información sobre accidentes laborales, lo más interesante es, sin embargo, reflexionar si hacemos lo suficiente y si aún existe espacio para la mejora. Por ello voy a centrarme en esas oportunidades de mejora que resumiría en mejorar la gestión de un cambio hacia la cultura de la prevención, mejorar la puesta a disposición y aplicación de herramientas y soluciones preventivas e introducir conceptos de excelencia.
 
La prevención hoy en día es un campo muy técnico. Son innumerables las normas, guías,  y técnicas que deben conocerse y aplicarse. Sin embargo, mi actividad investigadora me permite afirmar que hay suficientes evidencias científicas de que la seguridad entendida como la capacidad de una organización para evitar accidentes es un problema de naturaleza sobre todo socio-técnica, y que esa dimensión social es la más importante frente a la técnica. Por dimensión social entendemos factores como el comportamiento de los trabajadores, sus actitudes y el clima de seguridad en la organización. Debido a este desequilibrio, puesto que el campo de lo técnico ha progresado más y está más maduro que el campo de la dimensión social, en los últimos años la tendencia en las principales publicaciones especializadas es a un aumento de los estudios y propuestas en los aspectos sociales de la seguridad.

Desde la Universidad vemos que este campo, el de la prevención, a pesar del progreso y el indudable avance que ha tenido con la Ley de Prevención de 1995 y su desarrollo, sigue necesitando de una verdadera integración de la dimensión social de la seguridad laboral. En mi área de conocimiento, la organización de empresas, sabemos que no basta sólo con introducir  normativas o mejoras técnicas para que una empresa cambie su forma de trabajar, sobre todo en lo que respecta a la actitud respecto a la seguridad y salud laboral. Los problemas técnicos de la prevención de riesgos son en general más fáciles de resolver y como decía anteriormente están mucho más avanzados los métodos y criterios para resolverlos.

A pesar de esto hay que resaltar que siguen existiendo lagunas normativas, que existe una excesiva regulación de la evaluación de riesgos y sin embargo no está suficientemente definida la estructura interna que debe hacerse cargo de desarrollar las medidas preventivas planificadas. Es cierto que es responsabilidad empresarial definir su sistema de gestión de la prevención, pero también es cierto que lo que previene los accidentes es la adecuada implementación de las medidas preventivas bien seleccionadas. Si además pensamos en las medidas relacionadas con la dimensión social de la prevención, el marco legal y los medios de control actuales, podemos decir que muy difícilmente pueden ser eficaces.

Dimensión social

Centrándonos en la dimensión social de la prevención, para conseguir un verdadero cambio de comportamientos y actitudes son precisos instrumentos eficaces. La gestión del cambio está profundamente relacionada con la cultura de la prevención en general, o como prefieren algunos autores, con el clima de seguridad en concreto. Llevar a las organizaciones a mejores niveles de cultura preventiva es a la larga el medio más eficaz para combatir la siniestralidad. Como propugnan autores como Hollnagel, llevamos demasiado tiempo analizando los fallos de la seguridad y es hora de construir organizaciones más seguras.
 
En mi opinión, en el caso particular de Andalucía, no solo se han introducido en los últimos años herramientas y programas novedosos en este tema desde la Administración, sino que se ha acertado en apostar por trabajar en esa dimensión social de los accidentes y en los medios para cambiar las organizaciones.

Las iniciativas de promoción de la cultura de la prevención o en mi caso para construir una propuesta conjunta de prevención y responsabilidad social corporativa, son parte de un nuevo concepto de prevención integrada y consustancial a los valores y los comportamientos en las organizaciones.

Hay que pensar que es el empresario quien conforme a sus motivaciones y valores  debe tomar la decisión del cambio. En ese contexto, muchas son las entidades implicadas en mayor o menor medida: Administración, Universidad, Colegios Profesionales, Técnicos de Prevención, Asociaciones Empresariales y Sindicales y si me lo permite los medios de comunicación también, entre otros.

Una vez el empresario tenga la convicción, debería tener a su alcance  herramientas e instrumentos validados y de aplicación sencilla y lo más inmediata posible. Hay que pensar que la directiva marco define unos objetivos a alcanzar para las empresas pero no le establece como conseguirlos. Desarrollar y poner a disposición del empresario esos instrumentos y herramientas es sin duda una necesidad.

Es cierto que existen entidades y personas especializadas en esta labor, pero la realidad es que queda mucho por hacer. Tanto la Administración como la propia Universidad deben liderar esta labor de propuesta, validación y fomento de aplicación de herramientas e instrumentos preventivos. En este tema, en la Universidad debemos ser autocríticos y examinar hasta que punto los diferentes grupos universitarios que trabajan en este campo son capaces de hacer llegar a las empresas lo que se desarrolla. Así en esta cuestión como en otras las redes deben conseguir una transferencia eficaz del conocimiento existente hacia las entidades especializadas y posteriormente a las empresas.

Por último y no menos importante, voy a defender la necesidad de la excelencia en la prevención. Se critica y argumenta la falta de medios, los conciertos con precios insuficientes y la llamada prevención de papel. Este tema no es nuevo en el mundo de la organización empresarial. Hace ya muchos años que sabemos que solo aquello que aporta valor a la organización termina teniendo la atención de los gestores.

Tres claves a considerar

El valor de la prevención, para una organización empresarial, tiene al menos tres dimensiones que deben considerarse.

En primer lugar, la dimensión interna. Una organización segura y saludable es más productiva y funciona mejor. Esto es conocido y es demostrable, el problema está en saber si nuestros planes de prevención mejoran esa dimensión o no. Más allá de cumplir la normativa, la prevención debe ser capaz de aportar valor en esa dimensión interna.

En segundo lugar, la dimensión externa. En la Cátedra de Prevención de Riesgos Laborales y Responsabilidad Social Corporativa vemos con satisfacción que cada vez más empresas son capaces de mejorar su posición en el mercado mediante un compromiso responsable, también en este tema. Además, trabajando la dimensión externa se potencia la implicación del personal en unos valores de la organización con los que luego será mucho más fácil trabajar la prevención.

En tercer lugar hay que considerar la dimensión de la calidad de los procesos. La calidad tal y como hoy se define en los modernos sistemas de gestión implica a todos los procesos y funciones de la organización. No es posible avanzar en la excelencia de la gestión sin incluir también la seguridad y salud laboral.

Concluyo este análisis de las posibles áreas de mejora en la prevención en Andalucía con un llamamiento al uso de criterios y métodos científicos en esta materia por las empresas. Si la ciencia de la organización de empresas ha aportado algo al mundo de la empresa, es la puesta a disposición de modelos y métodos científicos para mejorar la eficacia y la eficiencia. Y para mejorar sistemáticamente debemos medir el avance en pro de los diferentes objetivos de seguridad y salud laboral. Disponer de la evaluación de indicadores del nivel de seguridad y salud de las organizaciones que nos permita la medición de la mejora de los cambios introducidos, es vital. Una vez más, de acuerdo a los principales autores en este campo, llevamos demasiado tiempo midiendo riesgos y deberíamos medir seguridad. Son dos caras de la misma cuestión sin duda, pero hablar en positivo, hablar del valor aportando, de la mejora, de la capacidad de la organización para evitar accidentes, es un lenguaje que como casi todo el mundo, el empresario entiende mejor.  

Desde la Cátedra de Prevención de Riesgos Laborales y Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad de Málaga, seguiremos aportando un foro de debate y encuentro y trabajando en investigación, desarrollo y la transferencia  de instrumentos y herramientas útiles y que aporten valor a las organizaciones. Si somos capaces de avanzar en algunas de las áreas propuestas, estamos convencidos que podremos seguir con una mejora sostenida  en prevención en Andalucía.

Juan Carlos Rubio Romero
Cátedra de Prevención y Responsabilidad Social Corporativa
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial
Universidad de Málaga
www.prevencionrsc.es

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