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Pilar Aranda, rectora de la Universidad de Granada: “Algunos piensan que la educación es un negocio”

La primera mujer en alcanzar la rectoría de la Universidad de Granada opina que se está "atacando a la universidad pública", y que los rectores han hablado "muy bajito" hasta ahora.

"El principal problema que tienen las universidades es la pérdida de capital joven formado".

"Tenemos que cambiar la mentalidad del profesorado", considera, para "ahondar" en el espíritu crítico de los estudiantes.

Pilar Aranda, primera rectora de la Universidad de Granada

La Universidad de Granada fue fundada en el año 1531 por iniciativa del emperador Carlos I de España y V de Alemania, y Pilar Aranda, 56 años, es la primera mujer en ponerse al frente de esa institución en sus casi cinco siglos de historia (tras batir a su rival, Indalecio Sánchez-Montesinos, con un contundente 67% de los votos). Catedrática de Fisiología, viene desarrollando su labor en la UGR desde 1982, habiendo colaborado también con la Autónoma de Madrid, la Carlos III y la Autónoma de Barcelona (y en universidades de México, Colombia, Ecuador…). Eso, en lo referido a lo académico, porque su currículum cuenta también con un apartado dedicado a lo que ella misma denomina participación ciudadana: fue durante más de tres años presidenta de la Comisión de Control de Caja Granada, responsable de investigación del Plan Director de la Alhambra, vocal del Consejo de participación del Espacio Natural de Doñana…

Se considera "machadiana", mira a los ojos al hablar y responde de manera enérgica, aunque aún no sean las 9 de la mañana de un día destemplado: dio tiempo a casi todas las preguntas, antes de que su eficaz jefe de prensa se la llevara en volandas al siguiente de los compromisos que su nuevo cargo le viene imponiendo, uno detrás de otro.

Para ser rectora, ¿cuánto de académico y cuánto de político hay que tener?

Hay que tener un 75% de académico y un 25% de político. O un 80/20. Pero necesitas un componente de política universitaria, y de política. Porque parece que se desdeña a la política, cuando es el arte de hacer posible la utopía, o al menos de hacer posibles algunos sueños. Eso sería lo ideal. Así que no creo que la política sea mala.

La universidad, ¿para qué sirve? O ¿para quién sirve?

Sirve para la sociedad. Y para el mundo. A mí me parece que el valor más importante es formar a personas con espíritu crítico; con valores de libertad, de solidaridad, de liderazgo –que parece que también es una mala palabra, pero es necesaria–; capaces de tener un criterio para diferenciar. Trabajar para hacer ciudadanos libres, capaces de pensar, de analizar; y de ilusionarse, que es ahora complicado… Por ejemplo con los estudiantes: ¿cómo los ilusionas con lo que están viendo? Entre el profesorado desmotivado, los ataques a la Universidad pública, y ese mensaje de que somos insostenibles… A lo mejor hay que analizarlo y decir: quizá haya cosas insostenibles, pero los profesores hemos perdido un 30% del poder adquisitivo y no ha pasado nada, porque somos conscientes de cómo está la sociedad…

Aute nos decía, hace ya casi dos años, que se ha convencido a la gente de que el conocimiento es algo prescindible porque no produce beneficio (beneficio monetario, se entiende).

Es que eso es lo que ha pasado, ése ha sido el problema, la frivolización de la sociedad. Se ha frivolizado, y se ha pretendido adormecerla (…en España se pensaba que el país iba bien porque se ponían ladrillos, pero no se puede decir de un país que va bien cuando la gente joven abandona la educación para irse a la obra porqueasí ganaban 3.000 euros, eso no puede ser). Por eso la única cosa capaz de transformarla es el conocimiento, porque educa, forma, hace ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. Eso que decía Marx de que la religión es el opio del pueblo, lo vemos hoy con el deporte o la televisión… Esa pax social falsa. No hay más que ver los medios de comunicación, los anuncios, qué es lo que se ha puesto en positivo. Fíjate en los programas de entretenimiento… Eso, ¿qué modelos representa? La frivolidad, el jiji-jaja, la ropita… ¿Qué tiene eso de fondo? ¿Qué mensaje se aporta a la sociedad con eso, la estética? Porque la ética no.

¿Y no le parece que la Universidad vive demasiadas veces de espaldas a la vida más concreta? Respecto a ese espíritu crítico que menciona, mucha gente piensa hoy que en vez de focos de pensamiento, de formulación de mecanismos para mejorar la vida (preguntarse para qué se vive, por ejemplo), las facultades son fábricas productoras de mano de obra para el mismo sistema que no admite cuestionamientos.

Es que tenemos que cambiar también la mentalidad del profesorado, en sentido de que hay que ahondar más en esa formación completa. Porque lo primero que tú tienes que enseñar es que tu asignatura tiene un aspecto crítico… La ventaja de Bolonia (que no hemos hecho bien…) debería ser un proceso más dinámico de aprendizaje, con un feed-back por parte de los alumnos para que puedan rebatir los mensajes….

¿Se está yendo hacia un modelo cada vez más clasista en la educación? Ya hay gente que está abandonando su carrera por no poder pagar la matrícula.

…Y hay un tema también: la cultura del esfuerzo no existe. Eso a veces no hay que achacarlo a la escuela sino al entorno familiar. Yo soy madre, tengo dos hijos mayores ya. Y lo del esfuerzo se ha perdido. Por tanto, ¿qué tiene que hacer un estudiante? Estudiar, formarse. ¿En qué ambiente? En el mejor posible, con los mejores profesores posibles… hacia ahí tenemos que ir. Pero tenemos que ser conscientes de que cuando uno entra por las puertas de la universidad, parte de su puesto escolar lo está pagando la sociedad, y se está pagando con impuestos de gente que a lo mejor no va a poder mandar a su hijo a la universidad.

¿Qué hay que enseñar en las casas, y qué en el colegio?

En la casa hay que aprender la convivencia, la generosidad, el respeto, el esfuerzo… En la escuela, todo eso también, que a veces es muy complicado, pero también a convivir con personas de otra ideología, de otra formación, origen… Y la transmisión del conocimiento formativo.

Respecto a su mandato, ¿qué es lo que espera?

Trabajar mucho, llevar a cabo el programa. Yo sé que tenemos que recobrar mucha paz social con los sindicatos. Y ahora mismo los decretos del Gobierno central han reducido muchísimo la capacidad de la universidad… Yo en estos momentos de pactos y demás tengo un mensaje positivo: esto es política también, vamos a ver cómo se va desarrollando todo. Entiendo que haya gente preocupada pero tampoco valoramos lo que es la oposición, porque el pensamiento único no existe. Tú tienes que oír a todo el mundo, no sólo a los que te regalen el oído. Ahí yo soy muy machadiana: tener los pies en el suelo para que te den la estatura de ti misma. Hay que saber dónde estás y escuchar las críticas, porque del elogio no se aprende.

¿Y qué margen tiene una universidad cuando se le ponen palos en las ruedas desde arriba?

Fortalecer las medidas del Consejo de Rectores. Yo creo que los rectores tienen que hablar más fuerte, porque han hablado bajito. Y bueno, porque nos están atacando; cada vez hay más universidades privadas, y más que se van a crear. Madrid tiene ya más privadas que públicas. ¿Qué quiere decir? Que hay quien piensa que la educación es un negocio, y no un valor de transformación de la sociedad. Sí, eso de que lo público tiene que ser rentable. Nosotros necesitamos fondos para poder hacer planes de investigación, de movilidad…

Hablando de movilidad: tengo que preguntarle por el caso de los Erasmus granadinos del curso 2011/12: sigue aún su contencioso contra la Junta de Andalucía por el dinero de su estancia que nunca recibieron. No sé si ha estado al tanto…

Hay una deuda de la Junta con la Universidad. El Consejo de Gobierno de la Universidad puso un plan propio con una acción especial para los estudiantes que se habían quedado colgados, porque la Junta no había cumplido. Pero sí, ahí tuvimos que ser más activos.

Usted ha dado clase también en Latinoamérica. ¿Qué ha visto por allí?

Pues he visto unas ansias de saber muy grandes, un sentido para valorar la educación muy alto; estás con ellos y ves que valoran el aprender, el esfuerzo… (lo de las telenovelas también tiene su parte, pero yo he visto todo esto). Aquí nos hemos creído que los valores democráticos nos los merecemos y ya, cuando hay que ganárselos. Ésa es la diferencia.

Y cuando ve a tanto científico joven y preparadísimo yéndose de aquí, porque no le dejan desarrollarse, ¿qué es lo que siente?

Para mí es muy doloroso. Es el principal problema que tienen las universidades, la pérdida de capital joven formado; la gente que se ha estado formando con becas doctorales: ahora, ¿qué posibilidades les damos? Yo decía el otro día en una lectura de tesis doctoral que son días de alegría, pero también de tristeza, porque se te quedan mirando y te dicen: ¿y ahora qué? La política tiene que ser consciente de ese problema importantísimo; están el paro, la exclusión social, y también esto, la pérdida de capital humano joven. Que va a hacer que la sociedad se empobrezca y que volvamos al modelo del ladrillo.

Porque volveremos ahí…

Se puede prescindir de todo menos del conocimiento; de eso no… Machado: ¿se lee a Machado? El Quijote es denso, pero ahí están representados todos los personajes que te vas a encontrar en la vida… Sobre Machado hay una anécdota magnífica, de cuando estaban los hermanos (Antonio y José) exiliados en Colliure: tenían sólo una camisa en condiciones. Así que bajaba a cenar uno con ella, y luego subía y le daba la camisa al otro, para que bajase a cenar con ella también. Ésa es la dignidad. Eso es el escaparate de lo que es la dignidad humana.

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