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Ricardo Compairé: el hombre detrás del pionero de la fotografía

Ricardo Compairé
31 de enero de 2026 22:48 h

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Un hombre avanza despacio por la montaña. Lleva más de cuarenta kilos a la espalda: cámara, trípode, placas de cristal… Los pastores con los que se cruza lo miran con una mezcla de desconfianza y curiosidad. No es exactamente uno de ellos, pero habla con calma, escucha y observa. Al final, casi siempre, consigue lo que busca: congelar un momento, un gesto, una forma de vivir en el mundo que hoy, un siglo después, nos permite vislumbrar un pasado perdido hace tiempo.

Esta imagen que acabamos de recrear, la del fotógrafo Ricardo Compairé cargando su equipo por los valles del Pirineo, representa casi a un mito. Intenta recrear el proceso de creación de una obra fotográfica única en nuestro país. Uno de los archivos visuales más valiosos del Alto Aragón. Hoy su obra es conocida, estudiada y expuesta con gran éxito, como el cosechado, por ejemplo, por la muestra celebrada en verano de 2021 en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

Pero bajando un poco a la tierra, quizá conocemos menos al Compairé hombre, el farmacéutico de profesión y fotógrafo por vocación irrenunciable. Este último es el protagonista del libro Ricardo Compairé. El farmacéutico que retrató el alma del Alto Aragón, de María Jesús Hernández Viñerta, que acaba de editar el Instituto de Estudios Altoaragoneses. 

Fotografía realizada por Ricardo Compairé

Un volumen que no nace un encargo académico ni editorial, sino de una perseverancia casi vocacional, la de Enrique Chabier Compairé, nieto del fotógrafo, que lleva décadas investigando, reuniendo materiales y cuidando el legado de su familia. Tras la muerte de su padre, Enrique se prometió velar por la memoria de su abuelo y este libro es uno de los frutos de su empeño.

La historiadora María Jesús Hernández confiesa que no se había planteado escribir este libro, porque la fotografía no es su campo de especialidad. Hasta ahora se había centrado más en la jota y el folclore aragonés. Sin embargo, el empuje de Enrique Chabier ha acabado resultando decisivo. 

El resultado es una biografía que rehúye deliberadamente el tratado de foto. “La intención del libro no era centrarme en su obra o en los aspectos técnicos de su fotografía, ya que están ampliamente documentados, sino mostrar al hombre, a la persona que había detrás de la cámara”, explica la autora. 

Un carácter montañés

Ricardo Compairé nació en Villanúa en 1883 y ese origen le marcaría. Según le ha explicado su nieto a María Jesús, “podía parecer un poco serio e incluso seco por ese carácter montañés”, aunque esa primera impresión se deshacía pronto. “Cuando se le trataba se veía que era una persona amable y cercana”, explica.

Fotografía de Ricardo Compairé

Esa combinación de reserva y don de gentes fue clave para su trabajo. Agliberto Garcés, uno de sus acompañantes habituales desde 1927, dejó escrito que allá donde iban “todo el mundo estaba pendiente de Don Ricardo” y que los trataban “a cuerpo de rey”. No era casualidad. Compairé sabía escuchar, observar y esperar, tres de las principales virtudes que debe reunir un buen fotógrafo.

Su formación también fue decisiva. Estudió Farmacia en Barcelona, donde se licenció con sobresaliente, y allí se despertó su interés por la pintura y el dibujo. Un día, pasó junto al escaparate de una tienda de fotografía de la capital catalana. Aquellos aparatos, que a principios del siglo XX todavía eran toda una modernidad, le cautivaron y acabarían marcando toda su vida.

Nada era improvisado

Al ejercer como farmacéutico en varias localidades del Alto Aragón como Boltaña, Panticosa o Hecho, el paisaje pirenaico y las personas que lo habitaban se convirtieron en el foco de su obra fotográfica, fuertemente influenciada por su formación pictórica.

Hoy en día, sus imágenes se han convertido en documentos etnográficos imprescindibles para recordar cómo vivían los montañeses de principios del siglo XX. Unas fotografías que, según María Jesús, conllevaban un concienzudo proceso de creación que empezaba mucho antes de disparar la cámara. “Antes de realizar la foto, viajaba al lugar, hacía un análisis de la orientación, de la calidad de la luz y calculaba incluso el momento ideal en el que iba a realizar el disparo”, explica la experta.

Fotografía realizada por Ricardo Compairé

De esta forma, sus imágenes consiguieron “captar con fidelidad ese modo de vida que estaba desapareciendo”, señala. Compairé era consciente de estar registrando algo frágil. Como ha recordado su nieto, al volver de Barcelona a Hecho en 1905, Compairé observó que la vestimenta tradicional estaba comenzando a ser reemplazada por otra más moderna. Eso le animó todavía más a dejar constancia de una forma de vida que estaba a punto de cambiar para siempre. 

El archivo salvado

En palabras de Maria Jesús, Compairé “era muy consciente de la obra que estaba construyendo. De hecho, en una entrevista en el año 46, creo recordar, le preguntan sobre su archivo y él dice que en ese momento es importante, pero que lo será mucho más el día en el que él no esté”.

Esa conciencia del valor de su obra explica uno de los episodios más reveladores de su biografía: el traslado y ocultación de su archivo durante la Guerra Civil. Ante el peligro real de bombardeos en Huesca, Compairé decidió proteger sus imágenes en Zaragoza.

“Gracias a su relación familiar con José Sender, el padre del escritor, que era secretario en Borja”, un hermano de Compairé estaba casado con una de las hijas de Sender, “supo que la farmacia de Borja había quedado vacante. En cuanto pudo y tuvo todos los papeles en regla, se fue a trabajar a Borja, abrió allí una farmacia y trasladó el archivo, escondiéndolo en una bodega de vino”.

Fotografía realizada por Ricardo Compairé

La elección de ese lugar no fue casual: “tenía la temperatura adecuada para que las placas fotográficas no se estropearan”, explica María Jesús. “Permaneció en allí hasta marzo de 1940. Acabada la Guerra Civil Compairé volvió de nuevo a Huesca. También su archivo. Salvando así uno de los mayores tesoros visuales del Aragón rural”.

Más allá del fotógrafo

El libro amplía el foco y muestra a un hombre profundamente interesado por la ciencia, la botánica, la micología, el folclore y el turismo. Fue un farmacéutico riguroso y respetado, además de un promotor cultural adelantado a su tiempo. Un ejemplo de ello es que promocionó el turismo de Huesca, siendo presidente de la Sociedad Turismo del Alto Aragón, y utilizando sus fotografías para mostrar la belleza oscense.

También se relacionó con figuras clave de su tiempo: como el citado Ramón J. Sender, Ramón Acín o Ricardo del Arco. Con Acín, incluso, llegó a diseñar escaparates para su farmacia de los que, lamentablemente, solo nos han llegado testimonios, no imágenes.

El papel de Enrique Chabier Compairé

Según María Jesús, si este libro existe es, en buena medida, gracias a la labor incansable de Enrique Chabier Compairé. “Enrique es un emisario incansable del legado de su abuelo”, afirma la autora. “Hasta hace poco tiempo ha estado dando charlas, conferencias, e incluso actuando como un guía excepcional en las exposiciones dedicadas a su abuelo, como por ejemplo en la realizada en el Paraninfo de Zaragoza y que duró varios meses”. 

“Él vive en Huesca”, continúa María Jesús, “venía a Zaragoza en tren y le encantaba acompañar a los visitantes. Se presentaba como su nieto, les explicaba las fotografías, el contexto en el que estaban hechas… O sea, que ha sido un auténtico embajador de la obra y de la memoria de su abuelo, contribuyendo indudablemente a que su legado se mantenga vivo”.

“Prueba de ello ha sido cómo me ha engatusado, en el sentido más cariñoso de la palabra, para que escribiera esta biografía, que podría haber escrito él perfectamente”, asegura. 

Un libro que, tal y como reconoce la autora, está hecho desde el cariño. “Es la historia de un hombre testigo de un tiempo que estaba desapareciendo y que decidió dejar constancia de ello”, concluye.

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