El canal del siglo XVI que parte en dos Zaragoza: del 1% más rico de España a uno de los barrios con menos ingresos
El Canal Imperial de Zaragoza divide la ciudad y marca también la brecha en la renta media de los hogares. En el lado derecho del cauce, en la zona de Torrero, la renta bruta media por unidad familiar se encuentra entre el 15% más bajo del país, lo que contrasta con la realidad a apenas cinco minutos a pie, donde los hogares se colocan entre el 3% más rico de España.
Esta división económica se acentúa a medida que se sube por el curso del Canal. En el entorno de Ruiseñores y del Parque Grande José Antonio Labordeta, la renta bruta media supera los 90.000 euros y alcanza los 116.148 euros en algunas secciones. En Casablanca, el valor más alto localizado llega a los 167.076 euros anuales por hogar, frente a los 34.717 euros de media en los sectores de Torrero.
La densidad de población también condiciona estas zonas de Zaragoza y el tipo de edificios que se construyen. Frente a los pisos pequeños y en bloques de Torrero, las casas bajas y chalés de Ruiseñores y Casablanca. Los datos demográficos reflejan esta diferencia de modelo urbano: el distrito de Torrero-La Paz cuenta con 45.711 habitantes, frente a los 10.147 de Casablanca. Aunque son cifras que recogen espacios más amplios que las secciones censales de la renta, permiten contextualizar la cantidad de población en las dos zonas.
Los datos proceden de la estadística de renta media por persona y hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE), que recoge información de las declaraciones del IRPF por secciones censales. La renta bruta media por hogar refleja los ingresos declarados antes de impuestos, por lo que no incluye las rentas que quedan fuera de las declaraciones fiscales, como los ingresos no declarados o los procedentes de la economía sumergida.
Un origen común junto al Canal
El proyecto del Canal Imperial se remonta al siglo XVI, durante el reinado de Carlos V, aunque las obras concluyeron en el XVIII bajo el impulso de Ramón Pignatelli. Las aguas llegaron a Zaragoza en 1784 y, dos años después, se inauguraron los puertos de Casablanca y Torrero. El Canal permitió ampliar el regadío, abastecer de agua a la ciudad y desarrollar actividades vinculadas a la navegación y la energía hidráulica. A su alrededor crecieron asentamientos que, con el tiempo, evolucionaron de forma totalmente opuesta.
Torrero se convirtió en una zona habitada por las clases populares. El menor coste del suelo respecto al casco urbano y los ensanches favoreció la aparición de barriadas autoconstruidas. A comienzos del siglo XX, las canteras de yeso fueron una de sus principales actividades económicas y, en 1928, la construcción de la cárcel provincial terminó de marcar su carácter periférico. Tras la Guerra Civil, el barrio recibió una fuerte ola migratoria procedente del medio rural y experimentó un acelerado crecimiento residencial: en treinta años pasó de unas 1.200 a 12.000 viviendas. La Paz surgió como una extensión de Torrero a mediados de siglo, en una expansión que convivió durante décadas con situaciones de infravivienda.
Al otro lado, el desarrollo del eje de Sagasta siguió otra trayectoria. El antiguo camino de Torrero —hoy paseo de Sagasta— fue una de las principales vías de expansión de Zaragoza hacia el sur. A sus lados se levantaron casas de recreo, torres residenciales e industrias, comunicadas por el tranvía desde 1885. El paseo de Ruiseñores se trazó en 1903. Entre 1910 y 1925 se construyeron allí hoteles y residencias de familias acomodadas —como el chalet de la familia Ostalé, derribado en 1994—, en un proceso donde la burguesía local se implicó de lleno en el desarrollo del parque Pignatelli y su entorno.
Por su parte, Casablanca tomó su nombre de la casa blanca vinculada al molino situado junto a las esclusas del Canal. Su desarrollo se produjo sobre un territorio agrícola que durante buena parte del siglo XIX quedó al margen de la expansión urbana y de la residencia burguesa. El barrio conservó ese carácter rural durante décadas —algunas de sus calles no se asfaltaron hasta los años setenta—, hasta que su transformación residencial posterior, articulada en torno a viviendas unifamiliares y chalés, lo terminó convirtiendo en una zona residencial más exclusiva.
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