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Carmen, desalojada de Uncastillo: “Nos han dicho que preparásemos una bolsa, pensaba que no era para tanto”

Llegada del convoy de la Cruz Roja con los usuarios de la residencia de Uncastillo desalojada por el incendio de Orés.

ElDiarioAragón

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Los 45 usuarios de la residencia Virgen de San Cristóbal de Uncastillo (Zaragoza) evacuados este jueves por el incendio iniciado la víspera en la localidad vecina de Orés ya se encuentran en Zaragoza. Se suman a los 53 residentes de los centros de Orés, Luesia y Asín que llegaron este miércoles a la residencia del grupo Mimara, ubicada en la avenida de Ciudad de Soria.

“Cuando hemos bajado a desayunar nos han dicho que preparásemos una bolsa, aunque yo creía que no era para tanto, ha sido un poco inesperado”, ha explicado a los medios de comunicación Carmen Alcubierre, de 93 años, junto a su hermano, Francisco, “más delicado de salud” y al lado del convoy de ambulancias de Cruz Roja en el que han viajado desde Uncastillo.

El traslado se ha decidido esta mañana por precaución y ante el empeoramiento de la situación, aunque Carmen ha explicado que “ayer el humo ya se notaba” cuando volvía de su casa, pegada al centro residencial, al que acude únicamente a comer y dormir. Entonces ya le sorprendió la caravana de coches que pasaron por la carretera del pueblo.

A unos metros Alberto Laparra esperaba a su madre, que llegaba de Uncastillo, donde también viven sus hermanos a temporadas. “Hemos estado constantemente informados a través del grupo de WhatsApp de la alcaldesa y de la web del Ayuntamiento”, ha apuntado Alberto, residente en Zaragoza y al que le ha venido a la memoria el drama de las 13.000 hectáreas arrasadas en 2013 en el incendio de Luna, Biota, El Frago y otras localidades de la comarca. “Esto es tremendo porque Uncastillo tiene unos recursos naturales maravillosos y ahora de repente los vemos ahí quemados otra vez”. Entonces, recuerda, “yo estaba más fuerte y participé en la extinción del incendio, que fue muy duro”.

Bomberos de la Diputación de Zaragoza esta tarde en Uncastillo.

A su lado, la vecina de Uncastillo Maruja Casaus, ha detallado que la localidad zaragozana cuenta con unos 600 empadronados, 400 de ellos residentes reales que estos días de verano se habían convertido en más de un millar. A ellos la orden de evacuación no les ha pillado por sorpresa: “Llevaban ya rato anunciando la suspensión de las diferentes actividades al aire libre, la piscina, la ludoteca, la escuela de verano y nos han pedido por favor que nos quedásemos en casa”, ha compartido.

La llegada del convoy se ha producido a las 15.00 horas en medio de un gran despliegue de ambulancias, vehículos y personal de la Cruz Roja. A las puertas del número 9 de la Avenida Ciudad de Soria los esperaban sus familiares. También trabajadores de las residencias desalojadas que, junto a empleados del grupo Mimara, suman cerca de 40 personas desplegadas para facilitar la aclimatación de los evacuados a un centro todavía en trámites para su apertura definitiva --en la fachada todavía no está colgado el cartel con el nombre-- y para el que ya se ha solicitado un refuerzo de personal ante la llegada de nuevos usuarios.

“Ha sido una logística bastante compleja porque al final era una situación de emergencia en la que hemos tenido que agilizarlo todo mucho y la verdad lo hemos hecho lo mejor que hemos podido y sabido y estamos poniendo todo nuestro empeño y muchísimos recursos en poder atender a estas personas”, ha reconocido el director general del Grupo Mimara, Miguel Márquez.

Agilidad en la respuesta

Desde que les han comunicado la llegada de los 45 residentes de Uncastillo, la recepción del centro, con capacidad para 270 personas, ha sido un ir y venir de empleados ultimando los detalles para la acogida: prevenidos los ascensores, el montacargas, las habitaciones, comprobado el lavavajillas, los listados con los nombres de los residentes y los cuidadores, la distribución de los ya alojados y los pendientes de llegar en las diferentes plantas del edificio para organizar la logística de las comidas y las salas de estar para los familiares. Todo ello, mientras el personal de las residencias desalojadas iba llegando y se esperaba para la tarde un camión con ropa para los residentes.

“Tengo que decir que se han adaptado muy bien, que tal vez nosotros estábamos más nerviosos que ellos y, aún así, tenemos aquí a un psicólogo por si alguna persona necesita asistencia psicológica”, ha explicado el director general y propietario del grupo.

Una gestión que ha agradecido el consejero de Desregulación y Bienestar Social y Familia del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco: “La comunicación ha sido superágil, ha sido rápida y se han prestado a recibir aquí primero a las 53 personas de Orés y Luesia y ahora a las 45 de Uncastillo. Hemos sido rápidos a la hora de poner este dispositivo de emergencia y estamos eternamente agradecidos a Miguel Márquez y al grupo Mimara por haber acogido a estas personas.

Sobre la amplia acera de la avenida han comenzado a desfilar los residentes evacuados, algo desubicados y con caras de asombro ante la presencia de tantas cámaras. Avanzaban ayudados por personal de Cruz Roja, algunos por su propio pie, otros apoyándose en andadores o sentados en sillas de ruedas y, los más delicados de salud, transportados en camillas.

Estos cuarenta y cinco personas se suman a las 53 llegadas ya este miércoles y que han pasado su primera noche en este centro residencial zaragozano. Personas como la madre de Virgina Godiño, una mujer de 96 años que es la usuaria más mayor de la residencia municipal Virgen del Campo de Asín, otro de los centros que tuvo que ser desalojado. “El viaje fue complicado porque tardaron bastante, las carreteras están cortadas y había muchos baches. Ella estaba asustada, dijo que vio mucha policía, pero menos mal que no vio las lenguas de fuego que vi en la tele porque fue terrible”, ha declarado Virginia. Pese a este susto, a ella le pareció una gran idea llevar a su madre a un centro rodeado de naturaleza: “Estaba feliz porque digo, estás tan bien aquí con todo verde a tu alrededor, aquí se respira, ojalá estuviera yo aquí”.

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