Una consulta 'fantasma' y seis meses esperando cita en psiquiatría: la atención a la depresión posparto en Aragón
Diez meses después de dar a luz a su hija, María —nombre ficticio— logró que su matrona la derivase a salud mental con un diagnóstico de depresión posparto, requisito imprescindible para acceder a este tipo de atención. Acudió con la expectativa de recibir tratamiento especializado, pero, según relata, se encontró “en una habitación dentro del Centro de Salud Mental Infantojuvenil Amparo Poch de Zaragoza con una enfermera especializada en salud mental perinatal. Ese era todo el personal”.
“Yo pensaba que me vería la enfermera y después un psiquiatra o un psicólogo especializado, pero no hay, esos son todos los recursos”, denuncia. Madre soltera por elección, con un hijo de seis años y una niña nacida en diciembre de 2024, describe la vuelta a casa tras el parto como “complicada”: una episiotomía “agresiva” que no terminaba de cicatrizar, dolor constante y un bebé con cólicos durante meses que lloraba durante horas cada día.
Considera que el primer fallo se produjo en Atención Primaria. “Me mostraba decaída, triste y agotada, no dormía, y ningún profesional detectó que tenía un problema”, señala en referencia a su matrona, la enfermera pediátrica, la pediatra y su médico de cabecera. La derivación no llegó hasta que ella misma la solicitó “por favor”, y lo hizo diez meses después de dar a luz. Relata además “falta de empatía” por parte de algunos profesionales. “Llorando desconsolada empecé a culpabilizar a mi hija, no sabía qué hacer, no estaba bien. La respuesta de la pediatra fue gritarme y decirme que mi hija sí que lo estaba haciendo bien”.
María cuestiona la falta de coordinación entre los distintos profesionales que la atendieron: “Veían a una madre soltera con dos niños, que acudía con frecuencia a consulta, con un problema físico sin resolver y visiblemente decaída. No soy yo como paciente la que tiene que solicitar ayuda, son los profesionales los que tienen que detectarlo. A mí la sanidad pública me ha fallado”, afirma.
Una unidad especializada sin personal
Cuando finalmente acudió a la consulta especializada, esperaba encontrar herramientas y un equipo multidisciplinar. Sin embargo, asegura que fue atendida por una enfermera y una residente. “Me preguntó si tenía ideación suicida y otras cuestiones que debería explicarme ella. Cuando le pedí orientación, me dijo que era enfermera”, relata. A su juicio, la atención debería implicar a psiquiatras o psicólogos especializados. También denuncia comentarios que considera inapropiados: “Me preguntó por qué había tenido una segunda hija si el primer parto fue tan difícil o por qué los había tenido sin padre. Yo tenía depresión posparto; si tienes prejuicios sobre mi vida, cállate”. “Para cuidar a un bebé hay que cuidar a la madre. No puedes decirle esas cosas a alguien con depresión posparto. Salí de ahí devastada”, resume.
Según su testimonio, la propia profesional le reconoció que no podían atenderla adecuadamente “porque no hay profesionales de salud mental perinatal” y le facilitó información de una entidad privada. “Yo quería que me atendieran en la sanidad pública”, subraya. Tras insistir, fue derivada a psiquiatría, pero meses después sigue sin cita: “Esto fue en octubre y a finales de marzo todavía no tengo fecha”.
Aragón no cuenta, al menos de forma pública, con una unidad específica de salud mental perinatal, aunque sí existen programas de detección y atención dispersos en Atención Primaria y salud mental. A diferencia de esta comunidad, en Cataluña, el Hospital Clínic de Barcelona dispone de un programa consolidado de psiquiatría perinatal; en Comunidad de Madrid, centros como el Hospital Gregorio Marañón cuentan con unidades específicas; y en Comunidad Valenciana se han desarrollado consultas monográficas en hospitales como el Hospital La Fe de Valencia.
La prevalencia de la depresión prenatal se sitúa entre el 7% y el 19%, y en el posparto entre el 10% y el 15%, según datos del VIII Simposio de Salud Mental Perinatal. Extrapolado a Aragón, entre 2.000 y 2.700 mujeres podrían experimentar estos trastornos cada año. “Las madres somos las que traemos criaturas. Es de justicia social que se destinen recursos y profesionales preparados para atender a las madres que lo necesitan. Los cuidados comienzan con el nacimiento de un bebé y de la madre, si eso no se cuida es una sociedad enferma, si no se atiende a una madre enferma el bebé no va a estar bien”, reitera.
“Si tienes dinero puedes tratarte; si no, estás desprotegida”
María denuncia la “falta de recursos profesionales en la sanidad pública” y advierte de una desigualdad en el acceso a la atención: “Si tienes dinero puedes tratarte; si no, estás desprotegida”.
La depresión postparto de María no vino solo derivada de su parto y la crianza. Tal y como ella explica, el factor económico influyó. En su caso, estuvo tres meses sin cobrar “por falta de personal” en el INSS. Relata que tuvo que ir presencialmente a la oficina y no pudieron resolver la situación: “Estuve tres meses sin ingresos, la razón es porque no había personal, me ha pasado a mí y a más gente. En el expediente consta que en mi casa solo están mis ingresos, mi familia depende de ello, se debería priorizar”.
Ahora, tiene que pagar de su bolsillo la atención psicológica que necesita. Explica que, tras la experiencia en la sanidad pública, llamó “a todas las puertas” y “gracias a otras madres contacté con mi actual psicóloga. Me ayuda mucho, pero es un gran esfuerzo económico y mi situación es precaria”. A pesar de que su entorno más cercano “no me supo sostener”, María destaca la colaboración entre madres, en su caso dentro de la asociación de madres solteras por elección, gracias a las cuales ha contactado con su actual terapéutica. “Las madres son las que están salvando a las madres, eso no puede ser, nos han dejado huérfanas de la atención que nos corresponde y nos merecemos”: “Mis hijos y yo estamos vivos de milagro”.
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