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Otra manera de publicar, autoras jóvenes que retoman el amor por el papel

Fanzine 'Un lugar'

Aitana Enciso Membrado

29 de marzo de 2026 23:13 h

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La Montonera es una pequeña librería especializada, en el barrio de San Pablo, donde se cuida la parte comercial, pero también las actividades de diversos tipos en torno al mundo del libro. Su dueño es Raúl Royo, quien la inauguró poco después de la pandemia; y con el apoyo y colaboración de diversos profesionales además de dos presentaciones a la semana, alberga cuatro tipos diferentes de clubs de lectura, tres talleres de escritura y otras actividades. Es un establecimiento muy pequeño y llama la atención al programar tantas actividades literarias.

Desde principios de 2026, Royo está comercializando y organizando presentaciones de autoras jóvenes de fanzines. Primero fue el nuevo libro de la autora de fanzines Andrea Galaxina, presentado en febrero, editado por la editorial independiente sevillana Barret. Y desde hace semanas, 'Un lugar', autoeditado y que no entra en la idea común preconcebida de un fanzine realizado a base de collages y fotocopias, sino que se trata de un formato más artístico, cuidado y pensado, realizado por dos autoras y una ilustradora, que se presentará el lunes 30 de marzo. Las autoras y el librero explican el cariño por el papel y la situación actual de las librerías especializadas y la escritura novel.

Un lugar 

'Un lugar' es una pequeña recopilación de cuentos que gira en torno a una población imaginaria, pero que puede ser reconocible e incluso universal. Están escritos por Marina Arrabal y Clara del Rey, y acompañados de las ilustraciones de Mila Vicente Sáez. Se trata de una pequeña publicación muy artística, desplegable, con tapas de azul ultramar de un papel más pesado y papel reciclado e ilustraciones muy cuidadas. Marina Arrabal explica como fue el origen: “Clara y yo nos conocimos en un taller de escritura online, y después comparando un carnet de biblioteca de 1994 en mi perfil de Instagram, ella tenía uno igual. Resulta que habíamos sido niñas en el mismo pueblo y lo habíamos abandonado para ir a estudiar la misma carrera en la misma universidad, aunque en años distintos. Desde que dejamos de vivir allí ninguna lo reconocemos como nuestro lugar”. Desde esta perspectiva surgió este fanzine: “Dos niñas que viven en un pueblo, lo recorren, juegan, se apoderan de él. Escribimos desde el recuerdo, pero también intentando que ese lugar fuera universal, podría haber pasado en cualquier pueblo. Al acabar los textos, buscamos a una artista local para que se encargase de la parte plástica. Nos pareció que Mila tenía la sensibilidad perfecta, conectó enseguida con el proyecto y pronto empezamos a darle forma”.

Fanzine 'Un lugar'

Clara del Rey trabaja como correctora de textos y explica las dificultades que ha tenido para mantener la motivación a la hora de escribir estos relatos. “Empecé con este proyecto sin mucha fe en que saliera adelante. Tenía implantada muy hondo esa falsa creencia de que hay escritores de verdad y escritores amateur; los primeros tienen talento, capital cultural, disciplina, hábito de planificación y capacidad de sentarse jornadas larguísimas a escribir su proyecto. Luego, estamos las otras, que escribimos un poco cuando podemos y dejamos todo a medias.” Afortunadamente su compañera le animó: “Marina daba por hecho que el proyecto saldría, yo decidí engancharme al carro porque no tenía nada que perder. Si acaso, cualquier cosa que consiguiéramos serían ganancias: escribir más, pasar el rato, fabricar algo chulo. Cuando se unió Mila con las ilustraciones me di cuenta de que realmente íbamos a hacer un objeto, y ya adoptamos la ética del DIY o Hazlo tú mismo, y también la del DIWO (Do it with others), quizás sola no puedas, pero con amigas sí.” 

Deslocalizar la población para escribir los cuentos 

Clara del Rey afirma que mira su fanzide “desde una óptica deleuziana según la cual hay procesos de territorialización tanto en el marco de los cuentos y collages como entre nosotras”: “El territorio de 'Un lugar' es algo más que la suma de sus elementos, son las posibles interacciones que se dan entre ellos. En nuestro caso, es un territorio de clima continental, sin etapas dulces, y por lo tanto hostil. Ese eje determina la obra y la organiza en dos, no por azar, sino porque los comportamientos de los niños, de los animales, de los hitos geográficos o narrativos —la casa abandonada, el río seco, la bruja, la santurrona, el cerro— varían con la alteración de la temperatura”. Las tres crecieron en el mismo pueblo de La Mancha: “Mila y Marina nacieron allí y aún tienen contacto con el municipio, yo viví allí de los 6 a los 18 y luego no volví más hasta el verano de 2025, cuando nos juntamos para hacer esto. Más que el municipio, para mí es importante el territorio que se fue dibujando entre nosotras mientras desarrollamos la obra: un territorio de tres elementos que de seguro no habrían creado así en solitario; 'Un Lugar' es un fanzine colectivo total, veo las voces muy armonizadas, estamos haciendo lo mismo, eso me gusta mucho”.

Autoedición, elección del formato y fabricación 

“Clara y yo conectamos enseguida a nivel creativo, compartimos muchas referencias. Nos apetecía hacer algo juntas. Las coincidencias en nuestros pasados eran tan grandes que no pudimos evitar fijarnos en ellas para iniciar un proyecto, así que no tardamos mucho en empezar a escribir”, explica Marina Arrabal. El proyecto surgió “de manera orgánica” a lo largo de un año en el que intercambiaron textos e ideas, hasta un día en el que le dieron forma: “Durante los meses siguientes, Mila creó los collages y construimos la maqueta. Después empezamos a trabajar con la imprenta, haciendo pruebas y seleccionando materiales. Hicimos fotografías y creamos todo el márketing alrededor. Tardamos más de un año y medio en tener la publicación en la mano.”

Las tres tenían claro que tenían tener el control de todas las fases del proyecto, lo que implica la autoedición. “No queríamos forzar la extensión ni sacrificar el formato de la maqueta. Hemos elegido todo: desde las tipografías de letras a los papeles utilizados, pasando por cada detalle de estilo y de edición en los textos. Publicar con una editorial clásica puede tener grandes ventajas y resultar menos trabajoso, pero hay que hacer cesiones para adaptarse a la línea editorial. Estamos seguras de que si hubiéramos hecho un libro con una editorial el formato habría sido diferente y no habríamos aprendido tanto”, explica Arrabal. La elección de los papeles o el trabajo con el color es parte fundamental de la obra, algo que, según explica Mila Vicente Sáez, ha sido posible al hacerlo de forma independiente: “No sé si se podría hacer con una editorial pequeña, de este modo hemos sido bastante libres”.  

Fanzine 'Un lugar'

Clara del Rey considera que “este es un objeto delicado y laborioso. Interior y cubierta están impresos en materiales de composición y gramaje distinto” La cubierta, más rígida, tiene cuatro pliegues. A su vez, cada una de las siete hojas del interior presenta tres pliegues que deben hacerse a mano por su orientación: “Con eso se consigue un efecto mapa muy chulo, pero que encarece bastante la unidad. No sabría decir cuál sería el coste total del proyecto si incluímos los viajes que hemos hecho para reunirnos, las horas de trabajo, las horas de reuniones… pero sobrepasa de largo los supuestos ”beneficios“. Si el objetivo de hacer un fanzine es el lucro, no renta, sale a pérdidas. Por suerte, para nosotras no lo era, además afortunadamente agotamos la primera tirada de 120 ejemplares dándolo a conocer en redes sociales y por el boca oreja”.  

Una librería no es solo un expendedor de libros 

“El fanzine es en muchas ocasiones un ámbito de experimentación muy creativo, en sus formas de narrar, editar, y a la hora de construir el objeto. Los coleccionaba ya de antes, y me parecía que tenía sentido tener un pequeño espacio en la librería para las autoras y autores de fanzines, donde además de comercializarlos puedan tener un punto de encuentro y referencia”, explica Raúl Royo. En su caso, “desde el principio al idear el proyecto, y fijándome en otras librerías que admiraba, entendí que las librerías pequeñas no son un mero expendedor de libros, sino un espacio cultural en torno al mundo editorial. Lo que procuro es, junto a las colaboradoras de los clubs de lectura y el resto de actividades, ser un punto de encuentro para lectores o amantes de la literatura creando una comunidad. Me parece que esta parte presencial donde puedes acudir, con todo el respeto por las redes sociales, cuya carga de trabajo encima asumo individualmente, es mucho más interesante y con más contrapartidas y beneficios, que los lectores nunca van a encontrar en una cadena, franquicia o gran superficie”. La Montonera por un lado realiza las presentaciones de libros, casi siempre junto a los autores, y luego los clubs de lectura y talleres de escritura: “También programamos actividades de otro tipo si alguien necesita el espacio para recitales de poesía, o incluso música en directo acompañando. Ahora tenemos dos clubs de lectura de narrativa, otro de ciencia ficción, y uno de lecturas de filosofía. Acabamos de empezar otro grupo de lecturas de ensayo, hay un taller de narrativa joven, otro taller de escritura de poesía y también un taller de escritura entre mujeres. De manera online colaboramos con un club de literatura argentina”. 

Los problemas a los que se enfrenta un autor o autora novel para conseguir que se le publique “son similares, tenga la edad que tenga”, explica el librero: “Además de escribir bien, uno de los obstáculos es acceder a los circuitos editoriales con sus reglas, ubicaciones y privilegios geográficos, que pueden limitar la mirada de los editores. Hay vías más proletarias que tienen que ver con presentarse a diferentes concursos y esperar que eso sirva… O ya pasar a autopublicarse. Lo cierto es que en el mundo de la autopublicación hay prácticas virtuosas pero desgraciadamente también predatorias. Además, hoy en día es muy fácil que a un influencer, por cualquier razón, se le proponga hacer un libro. O si ya eres considerado escritor, y también tienes otra vida y te dedicas un poco a la promoción personal y las redes sociales, la realidad es que tienes acceso a un tipo de editoriales más grandes.”

La Montonera es un proyecto unipersonal: “Es una carga que asumo solo, un poco como hombre-orquesta, pues también hago el diseño de la cartelería, o el mantenimiento del local, que me ocupa bastante tiempo”. Le gustaría mejorar la gestión de redes, pero “prefiero cuidar la parte presencial y social, para mí insisto en que la parte principal es la offline, cuando la gente acude, y las redes solo sirven para atraer un poco al público o informarles, porque el cuidado y la atención es lo que nos diferencia a las librerías pequeñas frente a los grandes establecimientos capitalistas”.

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