ENTREVISTA: VIOLENCIA DE GÉNERO DIGITAL

“Las secuelas de las agresiones digitales son equiparables a las de los secuestros”

Salvador Samper es forense informático y presidente del Observatorio Español de Delitos Informáticos:

La asociación de mujeres supervivientes de violencia de género Somos+ está conmemorando su quinto aniversario con un ciclo de conferencias que busca seguir cumpliendo con sus objetivos: prevenir la violencia machista y arropar a las víctimas para que den el paso de denunciar. El próximo jueves, dentro de ese ciclo, impartirá una conferencia el presidente del Observatorio Español de Delitos Informáticos, Salvador Samper (Alicante).

¿Cómo suelen comenzar los casos de violencia de género digital?

El comienzo es algo complicado de definir porque comienzan con cualquier tipo de acceso a las nuevas tecnologías. El punto inicial sería, simplemente, que la mujer víctima hace uso de nuevas tecnologías: ese es el vínculo que facilita al agresor digital la posibilidad de agredir a la víctima utilizando los medios digitales como herramienta de agresión. 

¿Es más frecuente que se trate de hombres que han ejercido otros tipos de violencia contra sus víctimas antes?

La problemática radica en que la vieja escuela venía aplicando únicamente el patrón de pareja o expareja. Sin embargo, eso, actualmente, no debería ser el patrón a seguir. La constante es que es un hombre que utiliza los medios digitales para llegar a agredir a la mujer. Los motivos por los que lo hacen son varios, pero principalmente es que encuentran en los medios digitales, en algunos casos, un amparo de anonimato y, en otros casos, que los protocolos no se activan de forma tan reactiva como cuando es una agresión física y existe un parte de lesiones. Cuando es algo digital, para activar el protocolo se necesita de un trabajo especializado, que en este caso lo prestamos los informáticos forenses y los analistas. Es importante recalcar que los maltratadores digitales, en algunos casos, incluso están disfrutando. Hay agresores digitales que le piden a la víctima selfies llorando y encima disfrutan con ese sufrimiento. También está aumentando terriblemente el número de agresiones digitales a mujeres en el ámbito político, para tratar de silenciarlas o de que eliminen sus perfiles, su vida digital. Es decir, tratan de matar a las mujeres en el ámbito político porque la mujer está ocupando en la sociedad un papel muy importante, que es el que le corresponde en paridad. 

Sin ese trabajo, ¿los agresores digitales sienten cierta impunidad?

A veces sienten impunidad al esconderse en perfiles falsos. En otras ocasiones, sienten impunidad al utilizar software espía o dispositivos físicos de seguimiento y geolocalización que ponen escondidos en un bolso, en una mochila o en el vehículo de la víctima; nos los hemos encontrado incluso en vehículos de movilidad personal, como patinetes eléctricos. En muchos casos nos encontramos que se utiliza a los menores, a hijos o hijas a los que les entregan dispositivos que están envenenados, que son un caballo de Troya: el hijo tiene un dispositivo con software espía, con lo que cuando está en casa y se conecta al wifi, el agresor digital está escuchando todo lo que ocurre.

Entonces, ¿los agresores buscan principalmente controlar a la víctima?

No sólo. Existen porcentajes en los que las parejas o exparejas quieren seguir teniendo el control o la dominación de la mujer, su sometimiento, pero para eso necesitan tener de forma constante información en tiempo real, que es lo que permiten las nuevas herramientas digitales: obtienen los mensajes que envían, a quién, qué tipo de mensajes, dónde se encuentra la víctima en todo momento, pueden llegar a el micrófono para escuchar el sonido ambiental para saber qué dice en su casa, activar las cámaras frontal o trasera del teléfono... El software espía es auténticamente terrible. Hay otras variables: cuando la víctima lo desconoce, pero le regalan un teléfono móvil o el agresor instala una segunda cuenta para monitorizarla. No llega a ser software espía, pero es un sistema de monitorización de la víctima. Hay muchas posibilidades, desgraciadamente.

¿Es necesario que los agresores tengan amplios conocimientos informáticos para agredir a las mujeres?

Hay dos variables. Por un lado, están los agresores digitales que no tienen los conocimientos, pero deciden adquirirlos a través de Internet. Hay incluso foros en los que los miembros se reúnen para ayudarse a espiar a las víctimas sin dejar rastros. Luego, hay otra variable que consiste en pagar por estos servicios: en Internet hay páginas que ofrecen monitorizar o espiar a tu pareja o expareja. Hay que dejar claro que estos servicios son ilegales, aunque se ofrezcan. El problema es que es posible que quien ofrece ese servicio no se encuentre en este país, con lo que no es fácil perseguirles. Pero deberíamos tener claro que supone contratar a un ciber sicario.

¿Cuáles son los efectos de estas agresiones para las víctimas?

Los efectos son total y absolutamente terribles: la integridad física y psíquica de la víctima se ve mermada. Comienza siendo un ataque psíquico o psicológico, que produce insomnio, muchísima ansiedad, alteraciones en el estado de ánimo… todo esto lleva a un aislamiento de la víctima, que ya no quiere utilizar los medios digitales; incluso en el mundo de la política. Por otra parte, las agresiones digitales provocan una merma del estado físico. Al dejar de dormir o dejar de tener una calidad de sueño óptima, pierden el apetito y aparecen secuelas como el estrés post traumático. No soy experto en esta materia, pero me apoyo en las compañeras que se dedican a este ámbito, analistas de la conducta, psicólogas o psiquiatras, que equipararan las secuelas de estas víctimas a las de una situación de secuestro. El estrés post traumático que sufre una víctima de violencia de género digital es muy alto; principalmente porque en la actualidad el uso que le damos a las nuevas tecnologías es un pilar fundamental, la vida física y la vida digital es una hoy en día. Si rompemos uno de esos dos pilares, la vida física se ve afectada de forma irreparable. Por ejemplo, cuando hay una filtración de un vídeo de contenido íntimo; son situaciones que sólo las víctimas saben lo que se puede llegar a sufrir. Hemos tenido casos en España y fuera de España donde una víctima finaliza todo este sufrimiento con un suicidio, es la única salida que encuentran algunas víctimas. Esta víctima fue Verónica, una trabajadora de una fábrica de automoción.

¿Habría que reformular los protocolos de atención a víctimas de violencia de género para atender correctamente estas agresiones digitales?

Lo primero que necesitamos es que se pongan de acuerdo todos los ámbitos. Hacemos un llamamiento a combatir la violencia de género digital desde todos los ámbitos, unidos: el judicial, el político, el policial, administrativo, privado, público... todos deben reconocer esta lacra. Años atrás, se consideraba algo muy híbrido, difuso, dificultoso de identificar. Los informáticos forenses somos una profesión muy necesaria en nuestra sociedad y trabaja estas cuestiones, pero ha costado mucho conseguir un reconocimiento. Sin ir más allá, la ONU y la Comisión Europea han reconocido recientemente la violencia de género y la violencia de género digital, ambas, equiparables a delitos de terrorismo. Es decir, la violencia de género digital ya consta como euro delito. Por tanto, ningún ámbito público ni privado puede mirar hacia otro lado. No digo que lo estuvieran haciendo, pero hay que poner al alcance de las víctimas todas las herramientas necesarias para tratar de combatir las agresiones digitales. Y no sólo mediante campañas de concienciación, que están bien y siembran para el futuro, sino con herramientas o puntos de atención temprana para estas víctimas para abordar el problema de forma inmediata. No se le puede pedir que espere. Si hay un móvil que necesita ser analizado, una víctima no puede esperar seis meses o un año. No puede. Actualmente, con las noticias que tenemos semana sí, semana también sobre asesinatos de víctimas de violencia de género, tenemos un gran problema y hay que abordarlo en todo su contexto. Me gustaría también incidir en que más del 76% de las víctimas asesinadas no interpusieron denuncia; es muy preocupante, también deberíamos analizarlo y meditarlo.

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