Trasteros y bajos sin locales: la “muralla de persianas bajadas” en la que se están convirtiendo los barrios zaragozanos
Las persianas bajadas del pequeño comercio ya no siempre esconden locales vacíos. En barrios como San José, en Zaragoza, ese espacio está siendo colonizado por un fenómeno creciente: los trasteros. Bajo el término 'trasterificación', un reciente estudio sociológico alerta sobre la reconversión masiva de antiguos locales de proximidad en centros de self-storage y garajes privados, un negocio rentable que, sin embargo, está “matando” la vida de calle.
El estudio sitúa al barrio de San José como un caso paradigmático. Con una de las densidades de población más altas de la ciudad y un parque de viviendas de los años 60 y 70 —caracterizado por pisos pequeños y sin apenas trasteros originales—, el barrio se ha convertido en el caldo de cultivo ideal para estas empresas.
“El diagnóstico temprano es vital”, señala la investigación de Diego Garulo, comparando este fenómeno con una enfermedad urbana. Lo que antes eran tiendas de ultramarinos o zapaterías, espacios que generaban tráfico peatonal y relaciones vecinales, hoy son pasillos ciegos de puertas metálicas. El resultado es un paisaje de “persianas bajadas permanentes”.
Los resultados de este estudio arrojan el dato de 55 locales reconvertidos: de ellos, 40 (72,73%) han sido destinados a trasteros –alquiler y venta– y 15 a garajes o usos mixtos –alquiler, venta y uso privado–. Estas reconversiones no son algo nuevo, expone: se han observado ocho operaciones anteriores a 2008. “Sin embargo, la evolución temporal de los datos indica que nos encontramos ante un fenómeno en claro crecimiento: el 38,18% se han producido en los últimos tres años”.
El estudio cruza estos datos con el Indicador Sintético de Vulnerabilidad por secciones censales, que revela “que las reconversiones tienden a producirse en las zonas más vulnerables del barrio”: El 72,73% de los casos se emplaza en las áreas con más precariedad económica.
Nuevas viviendas sin bajos comerciales
En las conclusiones de dicho estudio, Garulo expone que se han observado tres procesos que, en paralelo al avance de la ‘trasterificación’, estarían “contribuyendo a la aceleración de esa cronificación”. El primero, “la creciente tendencia a que las nuevas promociones de vivienda, ya estén ubicadas dentro del entramado de calles tradicional del barrio o en sus áreas de expansión, carezcan de locales en sus bajos, destinados ya desde su origen a usos privativos de la propia comunidad de vecinos”.
Esta tendencia encaja con lo que explica el geógrafo Francisco Pellicer. Para Pellicer, el modelo actual que se está implantando en Zaragoza es el de “ciudad como negocio” frente a la “ciudad para vivir”. El experto advierte que este fenómeno no es exclusivo de los barrios antiguos, sino que se replica en los nuevos desarrollos urbanísticos.
“Si matamos la calle, si la dejamos solo para los coches o para usos privados sin actividad, nos habremos fastidiado”, afirma Pellicer. El geógrafo crítica que tanto en las nuevas torres de lujo como en la rehabilitación de zonas como El Portillo o Averly, los bajos de los edificios carecen de programas de acción social o comercial ambiciosos. “Se comportan como una muralla. Estamos creando guetos de ricos dentro del espacio público, aprovechando los mejores sitios pero dejando los bajos vacíos de vida”.
El segundo proceso que está avanzando son las reconversiones de locales abandonados en viviendas que, aunque lentamente, han empezado a desarrollarse en el distrito. Y el tercero, “de menor relevancia, la proliferación de locales reconvertidos en estacionamiento para clientes de los supermercados ubicados en el barrio: un supuesto que, si bien actualmente da lugar a una circulación de personas relativamente densa, abre la posibilidad de que estos locales acaben igualmente reconvertidos en aparcamientos privados en el caso de que las cadenas de supermercados optaran por modificar su emplazamiento, dado que ya se han rehabilitado como tales”.
El estudio de Garulo concluye que la proliferación de estos espacios no es una solución al abandono de los barrios, sino que viene a “cronificar el problema del decaimiento de la actividad comercial en la ciudad consolidada, convirtiéndolo en estructural”. Esta transformación incide directamente en la “pérdida de espacios de socialización” y degrada la percepción de seguridad en el entorno urbano. Según el autor, se trata de un escenario de “mercantilización” del espacio, donde la necesidad de almacenaje —derivada de viviendas cada vez más pequeñas y del auge del teletrabajo— es aprovechada para “rentabilizar patrimonio estancado”.
Asimismo, la investigación alerta de que este fenómeno castiga con mayor dureza a las zonas más humildes, donde la falta de garajes y el exceso de locales vacíos facilitan esta reconversión masiva. Garulo advierte en su reflexión final sobre la necesidad de explorar las implicaciones de esta “proliferación de persianas que, fingiendo estar abiertas, se cierran a perpetuidad”.
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