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Dos apuntes sobre el debate a siete

Álvarez de Toledo (PP) y Espinosa de los Monteros (Vox) usaron la táctica de siempre: intentar humillar al adversario por encima de todo, usando así su tiempo en otras cosas que no fueran propuestas.

En Vox son capaces de decir que el feminismo pone como víctimas a las mujeres y al día siguiente usarnos para decir que estamos aterrorizadas por la presencia de menores extranjeros en nuestras ciudades

Usted no es fuerte, Cayetana, usted es marquesa. Ni conoce nuestra realidad ni la conocerá jamás. No porque no pueda, sino porque no le interesa

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El PP cierra el debate pidiendo a los electores "no tirar el voto" apoyando a Ciudadanos y Vox

Los portavoces parlamentarios en el debate a siete de este viernes. Europa Press

El debate a siete de este viernes no fue un debate. Nunca lo son. Son los mismos de siempre repitiendo lo mismo que ya han tuiteado o que han gritado en sus propios mítines. Estos debates suelen ser un conjunto de monólogos agresivos (con las honrosas excepciones de siempre).

En concreto Álvarez de Toledo (PP) y Espinosa de los Monteros (Vox) llevaron adelante la táctica que sus partidos están acostumbrados a practicar: intentar humillar al adversario por encima de todo, sin necesidad de poner sobre la mesa medidas o políticas que solventen el problema del que se habla en ese momento.

Por poner un par de ejemplos:

A Iván Espinosa de los Monteros, cuando le tocó hablar en el bloque de igualdad y cambio climático, prefirió sacar el tema de la "inmigración ilegal". Dijo: "Esos MENA (menores extranjeros no acompañados) que están aterrorizando a nuestras mujeres e hijos (...)". En Vox son capaces de decir que el feminismo pone como víctimas a las mujeres y al día siguiente usarnos para decir que estamos aterrorizadas por la presencia de menores extranjeros en nuestras ciudades. Mezcla además al conjunto de las mujeres junto al de los niños: el sector de la ciudadanía que protege y cuida en su inmensa mayoría a la infancia resulta ser un sector que tiene temores similares al que puedan sus tutelados. Eso pone a los hombres en una posición de autoridad sobre mujeres y niños: ellos no tienen miedo, ellos son machos.

No hace falta desmentir que las mujeres no tenemos miedo de los MENA, y que los niños y niñas no aprenden por sí solos a temer al diferente, al extranjero, al que tiene diferente color de piel. El racismo no viene en nuestro ADN, es algo aprendido, y Vox es una gran profesor en estas lides. A su mentira sobre nuestros temores añadió a regañadientes que "algunos hombres también (estaban aterrorizados por los MENA)". Algunos hombres. Hombres... medio hombres, debió añadir. Hombres débiles y asustadizos como mujeres y niños. Hombres que no han desarrollado toda su masculinidad, que no los tienen bien puestos. Porque ¿cómo vas a tener miedo a un MENA siendo un tiarrón? ¿Es que te faltan huevos, nenaza?

Irene Montero le hizo un apunte sorprendida: "Algunos hombres... no todos, claro". A lo que Espinosa contestó: "Algunos, sí, hay señores mayores que están aterrorizados". Ahí estaba la explicación: hombres mayores, ancianos. Lo que se traduce en que solo los hombres jóvenes o maduros no temen a los MENA. Él, por ejemplo, no teme a los MENA. Si en Vox pretenden hacer leyes para expulsarlos del país no lo hacen por ellos, ni por los xenófobos como Espinosa de los Monteros, sino por nosotras, por los mayores y por los niños. El machismo y el racismo que rezuman tanto Espinosa de los Monteros como en Vox es tan hediondo que se hace difícil de escuchar. Pero por si no teníamos suficiente, acabó su discurso (sobre cambio climático e igualdad, no lo olviden) afirmando que los MENA y la valla de Melilla eran verdaderamente "lo que preocupa a los españoles". No creo que haya una sola persona en España que vaya a terapia por este asunto. Sí que conocemos, todas y todos, personas que buscan ayuda por muchos otros motivos que son solucionables con políticas sociales: tratarse la adicción a las apuestas, soportar dolores crónicos y enfermedades mientras estás en lista de espera, tratar las secuelas de abusos sexuales, de acoso, de bullying, intentar gestionar que tu nuevo casero te vuelve a echar con una subida desmesurada del alquiler...

Aun con todo esto, no fue el momento estrella de Espinosa. No fue hasta que se habló de memoria histórica cuando dio la puntilla final: carcajeándose durante la intervención de Irene Montero en la que denunciaba que aún hoy hay decenas y decenas de miles de personas enterradas en cunetas por el franquismo.

No fue el único, por supuesto, que demostró estar completamente alejado de la ciudadanía y de sus problemas diarios. Cayetana Álvarez de Toledo, en su turno de palabra, con respecto al cambio climático no dio soluciones, ni una sola, en cambio se dedicó a señalar, asegurando que quien había hecho menos por el planeta y el cambio climático eran los padres de Greta Thunberg. Como lo oyen. Y, esto, pretendía ella que fuera un dardo para los partidos que reconocen la valía de una chica que ha movilizado a millones de personas en todo el mundo. Riñe para que no te riñan, que decía mi abuela. Miente, miente, que algo siempre queda, que decía alguien menos interesante que mi abuela.

En su turno de palabra sobre la parte de igualdad, Álvarez de Toledo no propuso absolutamente nada: necesitaba ese tiempo para releer frases pasadas de Carmen Calvo (otra que tal) y así mataba dos pájaros de un tiro: seguía fiel a su estrategia de no proponer absolutamente nada y a la vez desviar la atención de un problema del que no tiene ni idea, ni quiere tenerla.

Tanto es así, que no defraudó las expectativas de quienes ya conocemos su soberbia, –esa que la hace hablar sin parar para dejar claro el tamaño de su ignorancia– y nos obsequió con esas frases que ya todas habéis escuchado: "No todas pensamos que los hombres sean asesinos o violadores en potencia" y "Las mujeres han de ser educadas para ser fuertes".

Cayetana, a las mujeres fuertes también las violan, a las mujeres fuertes también las matan, a las mujeres fuertes también las acosan, a las mujeres fuertes también las maltratan, también las echan del trabajo por quedarse embarazadas, también son peor pagadas, también recaen sobre ellas el cuidado de la casa y la crianza. Usted no habla como mujer fuerte, usted habla como marquesa, completamente distanciada de las mujeres de a pie, de las mujeres que conformamos la mayoría del país. Mujeres que trabajan, que se enfrentan al machismo de nuestros compañeros, de nuestros padres, nuestros jefes e incluso de nuestros dirigentes, mujeres que sufren machismo por el simple hecho de ser mujeres. 

Y usted es un claro ejemplo de por qué el feminismo ha de ser de clase: las mujeres con tanto poder como usted, las mujeres de clase alta como usted, son ajenas a muchas de las trabas que el machismo nos pone cada día. Tienen a otras mujeres trabajadoras que se encargan de sus hijos e hijas cuando ustedes no quieren o no pueden. Tienen a empleados por debajo y no jefes por encima. Tienen dinero y propiedades que evitan que se enfrenten al reto de pagar las subidas del alquiler sin mesura que está viviendo este país, que evita que las deporten al denunciar una violación, sólo por ponerle un par de ejemplos que probablemente ni se haya imaginado jamás.

Usted no es fuerte, Cayetana, usted es marquesa. Ni conoce la realidad de la mayoría ni la conocerá jamás. No porque no pueda, sino porque no le interesa.

¿Era débil la chica de 16 años a la que han violado cinco hombres en Manresa? ¿Era débil Laura Luelmo, que recorrió todo el país para ejercer la profesión para la que se había preparado toda la vida? ¿Era débil Ana Orantes, que fue a la televisión para denunciar el calvario que había sido su vida? ¿Era débil la víctima de 'la manada'? ¿Era débil Nagore cuando la asesinaron por defenderse con uñas y dientes de su violador? ¿Son débiles absolutamente todas las mujeres víctimas de la trata? ¿Son débiles todas las kellys que sufren acoso sexual durante su jornada laboral? ¿Eran todas las temporeras de la fresa en Huelva débiles?

No, marquesa, no son ni eran todas mujeres débiles. No es la debilidad lo que hace que una mujer necesite el feminismo, el factor común de todas esas mujeres es que eran mujeres, no débiles. Mujeres y no precisamente marquesas o condesas, sino mujeres trabajadoras, estudiantes, mujeres que engrosan esta mitad de la población de la que usted no tiene ni idea, y sobre la que quiere gobernar.

Sobre el sólo sí es sí, se lo explico yo ahora mismo de una forma que usted pueda entender: sólo si una papeleta lleva el logo del PP puede usted contarlo como voto a su partido. Si está en blanco, NO. Si pone PSOE, NO. Si hay una rodaja de chorizo, TAMPOCO. Si pone Unidas Podemos, tampoco le vale. Sólo si pone PP es para el PP.  Con las relaciones sexuales pasa lo mismo: sólo sí es sí, lo demás, señora marquesa, es violación.

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