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La muerte de una familia y su cobertura periodística

Iñigo Sáenz de Ugarte

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Cuanto más rápido, peor. Esa es una máxima que se puede aplicar a muchas situaciones del trabajo periodístico. Recientemente, hemos tenido un ejemplo característico: el caso de las tres personas fallecidas en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) por un caso de intoxicación alimentaria. Pepe Cervera explica cómo se extendió lo que bien podríamos denominar como un bulo. No hay ninguna razón a estas alturas para establecer una causa-efecto entre la difícil situación económica de la familia y su muerte.

Los resultados definitivos del análisis toxicológico no se conocen aún, pero la principal hipótesis de las autoridades es que fallecieron por la intoxicación accidental producida por algún producto químico. “No se muere por un alimento en mal estado en menos de 12 horas”, según fuentes citadas por El Mundo este sábado, una opinión que ha aparecido también en otros medios.

El 'paciente cero' parece ser un teletipo de Efe publicado por todos los medios con el titular: “Mueren de intoxicación alimentaria tres miembros de una familia que se alimentaban de comida caducada”. La frase clave del artículo: “Fuentes de la investigación han apuntado que los afectados vivían de la recogida de cartones y se alimentaban de comida caducada que le regalaban”.

Estos teletipos se publican de forma automática desde los sistemas de los medios digitales. Llevarlo o no a la home es una decisión de cada medio. En eldiario.es, se publicó en la home a partir de las nueve de la noche, no en ninguna de las dos posiciones que abren la página pero sí en una posición destacada. Por la cantidad de 'me gusta' en Facebook (como en otros casos, esa expresión adquiere aquí un tono macabro), se puede decir que se extendió rápidamente.

En esa noche del sábado 14 de diciembre, casi todos los medios dieron la noticia (el domingo fue la segunda noticia en el telediario de TVE de las 21.00), pero donde tuvo una amplia difusión fue en Twitter. Casi todas las reacciones en la noche del sábado y el domingo fueron de indignación y se relacionó directamente la muerte con las dramáticas circunstancias económicas de la familia, como también lo hicieron algunos partidos y colectivos sociales. El padre llevaba dos años en el paro y había pedido recibir un salario social. Eran un símbolo de las miles de familias que no tienen dinero suficiente para comer o pagar el recibo de la luz.

Si hubiera hecho referencia al caso en Twitter, además de reconocerlo, no tendría ningún inconveniente en señalar otros ejemplos, pero el caso es que no lo hice. De todas formas, cualquiera puede encontrarlos buscando por 'comida caducada'.

La información adquirió un contexto completamente diferente cuando el portavoz de la familia dijo el lunes que “no es cierto que estuvieran en la indigencia ni alimentándose en ningún momento de comida recogida de los contenedores de basura”. En eldiario.es se dio esa noticia en una posición similar a la primera del sábado. No tuvo la misma repercusión en redes.

Siempre hay que exigir más responsabilidad a los medios de comunicación que a los usuarios de Twitter. En algo se tiene que notar que los que trabajan en los primeros son profesionales. La alternativa de no dar nada, en este caso de no informar sobre la muerte de tres personas, nunca existe. La responsabilidad sobre lo que se da, sea con información propia o con una fuente anónima facilitada por una agencia, siempre es la misma. No hay excusas del tipo 'salía en un teletipo'. Sólo ayuda a entender el posible error.

Quizá en informaciones de última hora, sobre todo relacionadas con sucesos (máximo interés de la audiencia y dudas sobre las fuentes en un primer momento) convendría pensárselo dos veces antes de propagar una información en las redes sociales, aunque eso tampoco sirve de mucho cuando hay instrumentos para que los lectores lo hagan desde la propia noticia. Al menos, los periodistas pueden diferenciarse de cualquier otra persona no opinando en Twitter sobre lo que acaba de ocurrir hasta tener más datos.

Las mentiras del Gobierno a la hora de ocultar el impacto social de sus medidas económicas no justifican mentir ni exagerar cuando otras noticias parecen dejar patente el precio de esa política.

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Foto: imagen de la apertura de la portada de El Correo de Andalucía del domingo 15. Al día siguiente, y en la misma posición el periódico aportó la nueva versión.

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