The Economist no sabe perder
The Economist apoyó a Mario Monti antes de las elecciones italianas. No es que lo considerara el mejor candidato. La revista pensaba que era la única alternativa posible. Es lo que tiene la democracia. No funciona como una empresa o multinacional. Es por definición impredecible y responde ante ciudadanos, no accionistas (a los que, por cierto, también se puede engañar).
The Economist ha sacado buenas portadas dedicadas con mucha mala leche a Berlusconi (y alguna sencillamente gloriosa). Aquí parece jugar el papel del mal perdedor.
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La respuesta desde Italia: ¿quién es el payaso?
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Este reportaje de la web del NYT es de 2007, pero explica bastante bien las razones del éxito de Beppe Grillo.
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