Los canarios podrían sufrir más pobreza energética que el resto del país en las noches de verano, pero aún no lo saben

Imagen de archivo de un termómetro marcando más de 40 grados en Tenerife

Toni Ferrera

Las Palmas de Gran Canaria —

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Es verano y las temperaturas marcan más de 35°C en San Bartolomé de Tirajana, el municipio turístico por antonomasia de Gran Canaria. El día se ha hecho apacible en la playa, pero llega la noche y el valor en el termómetro apenas varía. Comienzan los sudores, el aire seco que entra por la ventana y la necesidad de refrigerar la vivienda. Canarias es la comunidad que más noches tropicales sufre durante todo el año, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), pero se desconoce cómo afecta esto a sus habitantes y de qué forma se protegen ante ello.

La pobreza energética, según el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España, se mide a partir de cuatro indicadores: gasto desproporcionado, pobreza energética escondida, retraso en el pago de las facturas de suministros del domicilio e imposibilidad de mantener una temperatura adecuada en el hogar. Esta última variable solo recoge los datos correspondientes al invierno y por lo tanto a la calefacción de las casas. Pero olvida lo relativo al resto del año. Expertos afincados en las Islas creen que esto perjudica al Archipiélago porque existe una realidad palpable de la que no se manejan cifras.

Según datos de la AEMET, la media anual de noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima supera los 20°C, es de 132 días en Gran Canaria y 143 en Tenerife. En comparación, ese dato cae a 75 días en Barcelona y 74 en Alicante. Se trata de un fenómeno que se ha multiplicado en las últimas décadas por la crisis climática y del que múltiples estudios han evidenciado su impacto en la mortalidad. El calor excesivo durante el tiempo de descanso puede llevar a alteraciones y privaciones del sueño, influyendo en el aumento del desvelo y la incomodidad térmica.

El Gobierno de Canarias sacó a exposición pública el Plan de Transición Energética de las Islas el pasado mes de junio. En él dejaba constancia de que varios estudios nacionales sitúan al Archipiélago como una de las comunidades con menos pobreza energética de España, pero recordaba, al igual que hace el Ejecutivo nacional, que no se dispone de información sobre la necesidad de refrigerar las viviendas. Eduardo Martín del Toro, doctor en Arquitectura Bioclimática por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), considera que el Archipiélago debería contar con sus propios indicadores.

“Canarias es una singularidad dentro del territorio nacional. No hay datos porque no se estudia al ser algo que principalmente nos afecta a nosotros. Habría que elaborar indicadores específicos para estudiar la pobreza energética en las Islas y eso tendría que salir del Gobierno regional”, explica el experto, quien agrega que en la comunidad se trabaja con “otros materiales, de otra manera y otra cultura constructiva” y que, por culpa de las normativas europeas y nacionales, en la región “se siguen diseñando casas más pensadas para el frío que para el calor”.

La Asociación Canarias Archipiélago Sostenible (ACAS) ha hecho llegar al Parlamento autonómico esta problemática. Según dicen, las directrices sobre la eficiencia energética de bienes inmuebles proceden de Europa y no se corresponden con la climatología de las Islas, sino que se centran en la acumulación de calor para combatir el frío. Araceli Reymundo, también experta en arquitectura bioclimática y colaboradora del artículo Canarias ante la emergencia climática, redunda en esta idea.

“Si tú quieres alquilar o comprar una vivienda, el propietario te tiene que dar una certificación energética del edificio. Y la manera de calcular esa certificación energética no premia demasiado el que le pongas aislamiento al domicilio o una buena carpintería, mientras sí que lo hace con las placas solares y muchísimo más con las calderas de biomasa. Tenemos una situación diferente a la del resto de España”, analiza Reymundo.

Según continúa la experta, en el Archipiélago es más importante el aislamiento térmico “porque en determinados climas y en determinadas estaciones hay edificios donde se está peor dentro que fuera”. Y resalta que la diversidad climática de las Islas obliga a repensar la edificación según el municipio en donde se encuentre. No es lo mismo pasar noches en Tejeda a más de 1.500 metros de altura que a pie de playa en Mogán. “Habría que profundizar más en el tema de la protección solar y la ventilación cruzada”, remacha.

Existe un manual de diseño bioclimático para Canarias del que apenas se conoce su existencia. Reymundo aclara que es un documento opcional, pero reconoce que es una pena que prácticamente no se haya utilizado en los más de diez años que lleva disponible. En el texto se aclara que un material como la madera podría ser perfecto para el aislamiento porque se calienta poco, mientras que Del Toro agrega que lo ideal sería “jugar con ventilaciones cruzadas para refrescar lo más posible al menor coste”. Aporta un ejemplo:

“Si pongo un toldo y abro una ventana en dos fachadas opuestas, eso tiene el coste de hacerlo, evidentemente, pero para su funcionamiento no tiene ninguno. Si hay una ayuda por parte del Gobierno para esas actuaciones, luego el usuario ya no va a tener que pagar para refrigerar su hogar salvo en los días más calurosos”, lo que vendría muy bien en el Archipiélago, una de las regiones más pobres de todo el Estado donde muchas personas no pueden pagar un aire acondicionado o ventilador.

Sin datos… Aunque cada vez más asociaciones los reclaman

La Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2019-2024 elaborada por el Gobierno nacional recuerda un dato de 2012 del Instituto Nacional de Estadística (INE) que detalla que uno de cada cuatro hogares en España manifestó la imposibilidad de mantener una temperatura adecuada en verano. Desde entonces no se han actualizado las cifras, pero el documento explicita que se aprecia una “clara relación” entre el nivel de renta y la dificultad de refrigerar el domicilio.

Organizaciones como la Alianza contra la Pobreza Energética han pedido que se vuelva a tener en cuenta este parámetro porque “hay muchas necesidades básicas asociadas a la electricidad que se necesitan durante todo el año”, explica la portavoz María Campuzano en declaraciones al periódico Infolibre. En una encuesta en 2017, el 43% de los residentes en Barcelona admitieron dificultades para refrescar sus casas y Cruz Roja ha admitido que el verano pasado realizó 17.000 actuaciones en este sentido solo durante el mes estival. Todo apunta a que este año ese valor podría aumentar ante la ola de calor histórica que está viviendo el país. 

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