ENTREVISTA
Raquel Larrosa, nominada al Goya: “Esta historia da la vuelta a la imagen que se tiene de las mujeres árabes en conflictos armados”

Raquel Larrosa, directora del corto 'Disonancia', nominado al Goya.

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —
11 de febrero de 2026 16:05 h

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En el imaginario colectivo de occidente, cada quien ocupa un rol en los conflictos armados internacionales. No suele ser casual, ni una mirada amable, concretamente la depositada sobre el papel que desempeñan las mujeres, retratadas como víctimas pasivas sin apenas voz, pero de las que mucho se habla. La directora y periodista oscense Raquel Larrosa da la vuelta a este concepto en Disonancia, cortometraje documental nominado al Goya que retrata a las mujeres saharauis desminadoras del Sáhara Occidental y su trabajo en los campamentos de población refugiada de Tinduf, en Argelia. Durante el rodaje Larrosa acompaña la labor de Fatimetu Bucharaya la asociación SMAWT (Saharawi Mine Action Women Team), un equipo pionero de mujeres que detectan minas antipersona y trabajan en la sensibilización de la población civil.

Fotograma del corto 'Disonancia' donde se aprecia el trabajo de las mujeres desminadoras del Sáhara Occidental.

¿Por qué nace Disonancia? ¿Qué le llevó a mirar hacia las mujeres saharauis que desactivan minas?

Disonancia es parte o una pequeña historia del proyecto un poco más grande que, de alguna manera, quería contar el papel o el trabajo de mujeres en zonas de conflicto. No tiene por qué ser conflicto armado, pero puede ser en un país, por ejemplo, con democracia, pero que aún tuviera sin resolver el tema de memoria histórica, consecuencias que de alguna forma afectan a los derechos humanos. Yo llevo trabajando varios años en el conflicto del Sáhara. Lo conocí por otro trabajo cuando era muy joven, tras graduarme, y me di cuenta de que este conflicto estaba silenciado y de alguna manera todos estos años he ido yendo, viniendo, conociendo a más familias saharauis, a más personas que están allí, que trabajan con el pueblo saharaui y que de alguna forma me inspiraban.  Sabía que había un grupo de mujeres saharauis desminando desde hace varios años, ya lo había seguido a través de la prensa, pero me llamó mucho la atención en uno de mis viajes a la zona de campamentos ver que se había formado un grupo solo de mujeres desminadoras. No todas desminaban, pero, de alguna manera, todas se coordinaban para sacar este trabajo y de alguna forma quise conocerlas, me presenté, las conocí, vi el trabajo, y, bueno, decidí seguirlas.

Esta historia no solo daba la vuelta a la imagen que se tiene de las mujeres en conflictos armados, sino en concreto de las mujeres árabes, y en este caso saharauis, que yo en la realidad tenía una imagen muy distinta que la que estábamos acostumbradas a ver o que ni siquiera veíamos

En un panorama saturado por imágenes de guerra, ¿qué vio en la historia de Fatimetu Bucharaya y de SMAWT que le hizo pensar que sería innovador?

Bueno, yo he visto, leído y escuchado mucho sobre los conflictos armados. Me llama mucho la atención, desde que soy pequeña, sobre todo ese oficio de corresponsal de guerra, aunque me gusta más, como dice Olga Rodríguez, corresponsal de paz, y otros periodistas que han ido cubriendo estos lugares. Yo creo que aquí no es fácil, pero he ido a muchos seminarios, me he formado mucho, he escuchado a personas que llevan muchos años trabajando, y, de alguna manera, siempre me ha llamado mucho la atención, como esa primera línea de fuego o esa romantización a veces de los conflictos bélicos, y sobre todo me alarmaba mucho la parte de reducir a las mujeres a un estereotipo, simplemente como víctimas, cuando todo el mundo es víctima de un conflicto armado, pero en no darles voz, en no hacer que sean sujetos activos, pues me alentaba mucho, y yo tenía una visión diferente de un conflicto que además conocía y que había viajado mucho al terreno. Entonces, de alguna manera, todo lo que he leído, bastantes libros, en teoría quería verlo en la práctica. De alguna manera, esta historia no solo daba la vuelta a la imagen que se tiene de las mujeres en conflictos armados, sino en concreto de las mujeres árabes, y en este caso saharauis, que yo en la realidad tenía una imagen muy distinta que la que estábamos acostumbradas a ver o que ni siquiera veíamos.Y creo que esto es algo que está gustando mucho.

Yo quería hacer una historia muy humana, por eso me acerco tanto, por eso estoy tan cerca, intento que la cámara sea invisible para de alguna forma quedarme con ellas

Fatimetu Bucharaya, fundadora y líder de SMAWT (Saharawi Mine Action Women Team), en un fotograma del corto 'Disonancia'.

El corto nos muestra a mujeres saharauis en el centro de la acción, buscando minas con detectores de metal y asumiendo un riesgo físico enorme, muy lejos del tópico de víctimas pasivas. ¿Qué decisión consciente hay detrás de esa forma de encuadrarlas?

Precisamente esto era algo muy clave en este proyecto, un grupo de mujeres que son diversas, aquí solo salen tres, pero son unas siete, van cambiando estos años, cada una con su historia, cada una con sus estudios, que ninguna trabaja de lo que ha estudiado, pero todas con un objetivo común, que esto es algo muy habitual a lo largo de la humanidad, grupos de mujeres coordinándose para seguir ganando derechos, hacer cambios y hacerse más fuertes. Entonces esto me parecía muy potente, y sobre todo yo quería hacer una historia muy humana, por eso me acerco tanto, por eso estoy tan cerca, intento que la cámara sea invisible para de alguna forma quedarme con ellas, y que luego todas las preguntas ocurran después de ver esta película.

No es fácil entrar en El Aaiún con una cámara y ya sin cámara, siendo periodista, activista o bajando con alguna entidad relacionada con la lucha por los derechos humanos

En otras entrevistas usted ha defendido el cine documental como herramienta de intervención sociopolítica y arma de denuncia. ¿Cómo se traduce esa idea cuando hablamos específicamente de cuerpos de mujeres en un territorio militarizado?

Para mí el cine no es un fin; no aspiro, y esto es verdad, a ganar premios. Considero que el premio es que un festival lo seleccione, la película se ponga, vaya el público y haya un coloquio, para mí ese es el verdadero premio, y no solo para generar sensibilización y conciencia, sino para llevarlo, ¿por qué no?, al Parlamento Europeo, que es nuestra idea. El cuerpo de las mujeres a lo largo de los años ha sido efectivamente, un territorio de guerra, de hecho, en la zona de campamentos ellas deciden utilizar sus cuerpos para seguir resistiendo frente al invasor, que en este caso es Marruecos, y a través de un trabajo, que salva vidas frente a la muerte. Literalmente, los cuerpos de las mujeres de los territorios ocupados del Sáhara Occidental, precisamente, están en primera batalla de guerra, eso está así, y es muy difícil de contar porque no es fácil entrar en El Aaiún con una cámara y ya sin cámara, siendo periodista, activista o bajando con alguna entidad relacionada con la lucha por los derechos humanos.

Fotograma del cortometraje 'Disonancia'.

Yo lo intenté y de momento no he podido todavía. De modo que ponen sus cuerpos, hay varios informes de organizaciones de derechos humanos que están contando esto, Aminatou Haidar es una emblemática activista, pero hay muchas más que ponen sus cuerpos y también afecta, claro, a los hijos o hijas que tengan allí en esa zona ocupada. El cine al final es evidencia. Yo siempre lo cuento cuando voy a algún coloquio y es que se debería de avanzar en la parte de cine documental como evidencia de denuncia, porque esto está pasando, por mucho que luego haya gobiernos o haya personas responsables o que tengan acceso a voz y puedan contar una narrativa diferente, es muy importante hacer mecanismos de control en lugares donde además hay un mecanismo que no vigila derechos humanos pero que debería hacerlo, y que de alguna forma desmonta toda esta otra narrativa y ayuda un poco a esa verdad, justicia y reparación.

Ellas llevan su melhfa , que es su vestimenta de identidad saharaui, y si tienen se tienen que meter unos pantalones se meten y si tienen que coger el detector, lo hacen

Uno de los objetivos declarados del proyecto es cambiar la imagen de la mujer árabe en los medios y en la sociedad. ¿Qué imágenes quería desmontar y qué otras nuevas imágenes quiere proponer?

La imagen de la mujer y en concreto árabe, como si no hablaran, como si no hicieran nada, cuando todas las mujeres del mundo son muy diversas. Esa riqueza en el presente de todo lo que se sigue haciendo, lo que se está consiguiendo. Me parecía muy importante traer esa imagen tal cual y ese sonido aquí a esta historia y quería desmontar un poco, por ejemplo, que ningún trabajo tiene género. Que esto es algo que, fíjate, aún pasa en todas las sociedades y que las mujeres, pues, al final la forma de abrir ese camino hacia la igualdad, independientemente si viven en el Sáhara, en Senegal, en España, en Estados Unidos o en Irán, necesitan un trabajo, es lo que les va a dar, de alguna manera derechos y de alguna manera igualdad respecto a sus comunidades. Esto era muy potente; ellas llevan su melhfa , que es su vestimenta de identidad saharaui y de alguna manera, si se tienen que meter unos pantalones se meten y si tienen que coger, pues, el detector lo hacen, si tienen que ir al frente del muro donde están los soldados marroquíes y desactivar esos campos de minas, pues, lo van a hacer, porque al final es su tierra, es su territorio y es su lucha.

Creo que estaría muy bien llevar esta historia tan humana al Parlamento Europeo y obligar a los países que firman el Tratado de Ottawa, que son muchísimos, a invertir en la zona de desminado

El corto llega a los Goya después de un recorrido importante por festivales, con premios en Huesca, Elche, en el Humans Fest de Valencia, menciones en el Thomas Edison Film Festival o en citas dedicadas al cine social. ¿Qué le está devolviendo el público sobre las protagonistas y sobre el Sáhara?

Esta parte de festivales creo que es muy bonita, sobre todo porque el público, el jurado, los festivales, son una oportunidad brutal para los cortos, porque si no, de alguna manera, aquí ahora estamos haciendo otros circuitos, en educación, en entidades saharauis que están empezando a inscribirnos, pero esos festivales no solo te dan ese cruce con el público, también de alguna manera empiezas a ver si tu película llega, si alguien siente algo, si alguien tiene una o muchas preguntas o si alguien quiere hablar. Me gustan los trabajos que de alguna manera no cierren, porque hay cosas que aún no se pueden cerrar y que cada persona con la información que tiene, eso lo bonito, que sume.

Si pudiera decidirlo usted, ¿cuál le gustaría que fuera el efecto concreto de esta nominación en la vida de las protagonistas y en la propia lucha del pueblo saharaui?

Sería demasiado ambiciosa en esto, pero creo que estaría muy bien llevar esta historia tan humana al Parlamento Europeo y obligar a los países que firman el Tratado de Ottawa, que son muchísimos, a invertir en la zona de desminado y que se llegara a un acuerdo entre Marruecos y el Frente Polisario, en este caso, para que parar la guerra. Pero claro, es que la guerra no va a parar mientras siga habiendo ocupación y mientras Marruecos, de alguna forma, tenga separadas a las familias saharauis en la zona ocupada de campamentos o en la diáspora. Naciones Unidas ya pone el Sáhara como territorio pendiente de descolonización, tiene derecho a su autodeterminación. Estas personas siguen resistiendo, siguen luchando, siguen aguantando, aunque la gente, no es que se haya olvidado de ellas, sino que hay un lobby muy fuerte que las ha silenciado y creo que esta película, de alguna forma, se cuela en medio de este silencio y no solo nos recuerda, sino que creo que inspira y creo que puede ayudar a cambiar cómo no, alguna política. Pensando en soñar, pero es que si no soñamos con escenarios mejores, seguramente no llegaremos a tenerlos nunca.

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