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Sobre este blog

'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

Armas para un enfrentamiento desigual en la Guerra Civil: de la compra a la mafia a la fabricación casera

Actividad en los muelles del puerto de Santander.

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Nadie esperaba en julio de 1936 que el pronunciamiento militar se convirtiera en una larga guerra civil. El ejército quedó fraccionado y el armamento con que contaban los contendientes era obsoleto y de mala calidad, aunque la situación fue cambiando progresivamente gracias a la ayuda exterior que ambos bandos se procuraron, empleando para ello todos los subterfugios posibles.

A pesar de la llegada de buques soviéticos con armamento a los puertos de Santander y Bilbao y de la permeabilidad intermitente de la frontera francesa, el territorio del norte de España quedó aislado y a más de 200 kilómetros de las posiciones republicanas más próximas. La consecuencia directa fue una escasez crónica de equipamiento militar, mientras que el bando insurgente, por el contrario, nunca tuvo problema para acumular suministros, armas y recursos ofensivos con los que romper las líneas republicanas y ocupar en pocos meses un territorio rico en recursos de todo tipo. 

La intervención italiana al lado de Franco fue persistente durante toda la guerra, respaldada por el objetivo personal de Mussolini de afianzar su poder político y militar en el área mediterránea. Por su parte, la ayuda alemana fue más importante en calidad que en cantidad, dejando siempre en manos italianas el mayor peso de la colaboración.

El bando sublevado tuvo una ventaja de partida que resultó esencial: las armas italianas y alemanas fueron manejadas de forma coordinada por los especialistas de sus respectivos ejércitos, mientras que en el bando leal los hombres que habían de utilizar aquellos arsenales tan variopintos no estaban familiarizados con ellos y nunca llegaron a recibir la necesaria capacitación para su empleo eficaz.

El conflicto civil español se desarrolló en los últimos años del periodo de entreguerras, por eso el armamento empleado por ambos bandos consistió una mezcla de modelos antiguos y modernos. Se utilizaron de manera abundante medios obsoletos de la Primera Guerra Mundial, y también se diseñaron y produjeron nuevos modelos y prototipos de aviones, blindados, artillería, con una eficacia aún no vista en los campos de batalla europeos.

Compra de armamento a la mafia

A los pocos días del pronunciamiento militar, y en un país prácticamente dividido por la mitad, al Gobierno republicano le quedó claro que no tenía capacidad para sofocar la insurrección. Sus carencias para sostener una contienda debido a la falta de equipamiento y a la política de no intervención impulsada por Francia e Inglaterra le obligaron a abastecerse de armamento en el 'mercado gris' centroeuropeo, controlado por todo tipo de mafias criminales.

El escaso entusiasmo de las democracias europeas a la hora de prestar su apoyo a la República y la conducta obstruccionista de sus respectivas bancas, dificultando las transferencias de fondos, obligó al Gobierno a emprender una alocada carrera para aprovisionarse de material bélico a través de delegados gubernamentales y de variopintos representantes del Frente Popular que se hicieron la competencia entre sí para comprar a cualquier precio a través de contactos en Bélgica, Suiza, Polonia, Holanda, los estados bálticos e, incluso, en la propia Alemania nazi.

La gran mayoría de estos enviados no sabían nada de la industria militar, ni estaban preparados para negociar con traficantes de armas, militares sin escrúpulos y regímenes políticos de todo tipo. Disponían de dinero en abundancia y tenían mucha prisa para cerrar acuerdos. Por eso, las negociaciones supusieron enormes sobrecostes, dando lugar, en algunos casos, a prácticas corruptas y al cobro de generosas comisiones.

Las poderosas redes de traficantes vendieron a la República abundante material obsoleto, procedente de los stocks almacenados de la Primera Guerra Mundial. Al mismo tiempo, facilitaron información sobre las operaciones a los agentes secretos franquistas cuando el material vendido a la República era de calidad. De ese modo, algunos de los barcos republicanos cargados con el armamento recién adquirido fueron desviados y acabaron en puertos controlados por los sublevados.

En paralelo a esta precaria situación, barcos alemanes e italianos burlaban el pacto de no intervención firmado con las potencias democráticas europeas y arribaban a territorio costero bajo control franquista, cargados con el más moderno material bélico, técnicos, instructores, piezas de repuesto, munición y combustible.

En el plano operativo, las compras realizadas en el mercado negro supusieron que el Ejército Popular contase con los más variopintos modelos de armas, tanto en calidad como en calibres, municionamiento y tipología; una circunstancia que pronto tuvo graves consecuencias en los campos de batalla. 

Tras un periodo inicial de caos y corrupción, se produjo una segunda fase de negociación con México, la URSS y Estados Unidos, en la que los suministros empezaron a llegar de una manera más regular al territorio republicano. A partir de ese momento, México se convirtió en el mejor garante de las operaciones, gracias a que su presidente, Lázaro Cárdenas, ordenó a sus diplomáticos defender la causa de la Segunda República española, autorizándoles también a adquirir suministros en su nombre para enviarlos a Madrid.

Los “Tiznaos”: Artesanía obrera para la defensa popular

Durante los primeros compases de la sublevación militar, y con el fin de hacer frente a la escasez de medios y recursos para combatir, aparecieron por Santander unas enormes y grotescas moles blindadas construidas apresuradamente en los talleres metalúrgicos de la ciudad y en La Naval de Sestao, en Vizcaya.

Aquellos impresionantes artefactos customizados (llamados popularmente 'Tiznaos' por su color negruzco) no eran más que vehículos civiles (autobuses, camiones o furgonetas) cubiertos con una protección de planchas metálicas. Además del blindaje artesano, muchos de ellos llevaban pintadas para indicar el bando en el que combatían, mensajes de ánimo o soflamas contra el enemigo.

A estos artefactos customizados se los conocía popularmente como 'Tiznaos' por su color negruzco.

Las zonas industriales del Norte y de Cataluña iniciaron una especie de 'carrera armamentística' para blindar el mayor número de vehículos posible y enviarlos rápidamente al frente. Grupos de obreros, secciones sindicales, amigos o clubes políticos con acceso a talleres mecánicos y a vehículos con ruedas participaron en la transformación, a veces de la manera más extravagante, de vehículos que no habían sido diseñados para participar en batalla alguna.

Para su blindaje se emplearon chapas de distintas calidades y grosores. En algunos casos se llegaron a utilizar incluso colchones atados con cuerdas a los laterales de los vehículos. El afán por reforzarlos lo máximo posible hizo que muchos de estos camiones y furgonetas resultaran demasiado pesados, impidiendo así que pudiesen maniobrar con libertad y limitando su velocidad, de tal manera que generalmente solo pudieron desplazarse en trayectos cortos y en terrenos totalmente llanos.

Tan imponentes como poco efectivos, los Tiznaos, construidos apresuradamente debido a la ausencia de medios blindados, rodaron desafiantes por las calles de Santander durante algún tiempo, generando una enorme expectación popular. A pesar de que no significaron nada desde el punto de vista militar, resultaron importantes en el plano de la moral republicana, aunque pronto fueron sustituidos por las auto-ametralladoras blindadas que se empezaron a adquirir en el mercado negro europeo.

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'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

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