El fantasmático “Faro de la Muerte” de Cabo Mayor de Santander durante la Guerra Civil
Los falangistas elaboraron numerosas noticias falsas durante la Guerra Civil española a partir de sus imaginarios y obsesiones ideológicas. Uno de los más persistentes fue el del asesinato de inocentes, arrojados al mar por los milicianos del Frente Popular desde los acantilados del Faro de Cabo Mayor en Santander.
Fue un mito alimentado por los relatos de las familias de derechas que quedaron atrapadas en Santander tras el frustrado intento de golpe militar del 18 de julio de 1936 y la dura represión que se vivió en la ciudad durante los primeros meses del conflicto.
A proporcionarle verosimilitud y épica contribuyó la escritora Concha Espina con su novela 'Retaguardia', en la que describió una delirante escena donde un equipo de submarinistas descubría, en el fondo del mar y frente al faro, un macabro bosque de cadáveres que permanecían erguidos, anclados a una piedra por una cuerda atada a los pies.
Los líderes falangistas de Santander construyeron con el “Faro de la Muerte” uno de sus mitos fundacionales, convirtiéndolo en escenario para sus rituales de exaltación nacionalsindicalista. Cabo Mayor se transformó así en un altar para recuerdo y memoria de sus mártires y caídos, muchos de ellos asesinados frente a la isla de Mouro, y en otros lugares de los alrededores de la ciudad.
Tanta leyenda se había formado en torno de aquel paraje, que aquí ya no se hablaba de 'dar el paseo', sino de 'llevar al faro'
Un relato ficticio que el propio instructor franquista de la Causa General —nada sospechoso de connivencia con los republicanos— desmintió por escrito en una fecha tan temprana como octubre de 1937: “La prensa de la España liberada ha divulgado repetidamente los relatos que sobre ello —que tiraban a sus víctimas por el acantilado— hacían los evadidos de Santander, en los que se acostumbraban a incluir las noticias de que el torrero del Faro había enloquecido de presenciar tanto crimen y de que un buzo que descendió a aquellas aguas vio una impresionante multitud de cadáveres erguidos en el fondo del mar, por tener atados los pies a gruesas piedras. Tanta leyenda se había formado en torno de aquel paraje, que aquí ya no se hablaba de 'dar el paseo', sino de 'llevar al faro'”, señaló.
Fue mucho más allá de esa apreciación y llegó a advertir de ello: “Debió nacer este error de que los primeros asesinatos cometidos bajo el dominio rojo se perpetraron a unos centenares de metros del Faro; en que allí se hicieron varios simulacros de fusilamiento y en que, con frecuencia, aparecían en el mar cadáveres de ahogados”, dejó por escrito el propio instructor franquista de la Causa General en lo referido a Santander.
“De las averiguaciones hechas en esta Causa, aparece que ningún torrero perdió la razón; que ninguno ha visto cadáveres en el fondo del mar (todos los de Santander fueron interrogados) El Faro estaba habitado por dos torreros y sus familiares y por una guardia permanente de vigilancia de costas, lo que eran demasiados testigos para que ante ellos fueran a cometerse tantos crímenes, los cuáles no vieron nunca cadáveres en las lastras y peñas de al pie del acantilado, las que solo son cubiertas por la pleamar en las mareas más vivas. Los cuerpos que hubieran sido lanzados desde tan grande altura sobre las peñas del fondo quedarían con enormes traumatismos, que no se observaron en los muchísimos cadáveres recogidos en este litoral”, indicó el juez Antonio Orbe.
Sobre este blog
'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.
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