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Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.

El impacto del cambio climático en la geopolítica internacional

Inundaciones en Filipinas. EFE/EPA/FRANCIS R. MALASIG

Marta Fernández Sebastián

Doctora en Ciencias Políticas, especializada en Relaciones Internacionales y Seguridad —

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Al hablar de cambio climático lo primero en lo que solemos pensar es en el impacto ambiental: sequias, inundaciones, nevadas, veranos más largos, secos y calurosos, inviernos templados con grandes olas de frío y la desaparición del otoño y la primavera.

Quizá vayamos un poco más allá y pensemos en las consecuencias que esos cambios puedan traer en la agricultura, ya no es raro ver almendros floreciendo en febrero y cada vez es más frecuente que nuestros agricultores adelanten unas semanas la recogida de la siembra debido a las temperaturas. También podemos apreciar que las estaciones tal y como las hemos conocido hasta ahora han desaparecido, apenas existen ya la primavera o el otoño. Escuchamos en los medios como los glaciares se están descongelando, lo que provoca la subida del nivel del mar que a su vez traerá consigo, en un futuro, la desaparición de algunas ciudades costeras. Hoy quiero ir un poco más allá, y reflexionar sobre el impacto que el cambio climático está suponiendo en cuestiones geopolíticas, en las relaciones entre los países y en las consecuencias en materia de seguridad que esto conlleva.

No cabe duda de que el calentamiento global afecta más a unas áreas del planeta que a otras y que no todas las regiones cuentan con los mismos medios para hacer frente a este tipo de cambios. Por ejemplo, Singapur, que es un país muy expuesto a verse afectado por la subida del nivel del mar, probablemente pueda adaptarse con éxito a estos cambios gracias a su capacidad tecnológica ya que es un país rico y desarrollado. En cambio, las zonas más desfavorecidas del planeta como el Cuerno de África o el Sahel no van a tener la misma suerte. Sus habitantes se dedican principalmente a la agricultura, la pesca y la ganadería y en los últimos años se suceden largos periodos de sequias con lluvias torrenciales que estropean las cosechas, acaban con los animales y traen consigo hambrunas, desplazamientos y una escalada de los conflictos internos.

El hecho de que las áreas más desfavorecidas del planeta vean aún más agravada su situación también tiene un impacto en nuestras sociedades occidentales

Todo esto nos puede parecer muy lejano, es fácil pensar que lo que ocurre en Somalia, Etiopía, Libia, Sudán o Mali no nos incube en absoluto, pero esto no es del todo cierto. El hecho de que las áreas más desfavorecidas del planeta vean aún más agravada su situación también tiene un impacto en nuestras sociedades occidentales, no olvidemos que suelen ser zonas ricas en materias primas, que obviamente aumentarán su coste ante la escasez, por lo que el precio de los productos también será más elevado. Los flujos migratorios en busca de mejores condiciones de vida también suponen un quebradero de cabeza para las sociedades occidentales, no olvidemos que son personas que necesitan salir dignamente adelante en sus países de acogida y muchas veces no hay recursos suficientes para garantizarles un bienestar. Por tanto, no podemos obviar que el impacto del cambio climático tiene repercusiones a nivel global y que, aunque pertenezcamos a una de las regiones del planeta más afortunadas, que además cuenta con grandes probabilidades de adaptarse a estos cambios, de una manera u otra también nos veremos afectados.

Ante esta situación y siendo conscientes de la realidad climática tan desalentadora que nos espera en un futuro, lo más lógico sería que existiera una cooperación climática internacional, que alentara a las regiones y naciones a unir fuerzas, ya no solo para combatir estos cambios sino para ayudarnos unos a otros a adaptarnos a esta nueva realidad que algunos científicos ya consideran irreversible. Por el contrario, parece que a día de hoy existe más bien una competencia en la adaptación climática donde cada país intenta por separado conseguirlo, ya no solo para la supervivencia de su población si no para escalar posiciones en este juego de estrategia que es la geopolítica internacional.

A pesar de todo esto, y de que la “cooperación climática” sea quizá una utopía, se puede mirar la competencia climática como algo positivo, un incentivo que haga que los países inviertan en investigación y tecnología para reducir emisiones y crear energía limpia. Quizá esa ambición por intentar ser los primeros en este “juego de estrategia” que hemos dicho que es la geopolítica, consiga revertir el daño y no haga falta que la lucha contra el calentamiento global sea uno de los puntos principales de las agendas políticas.

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