Un colegio electoral entre cañas en Valladolid: “Si en todas partes las urnas estuvieran en un bar, habría más participación”
“A ver qué colegio electoral tiene un bar anexo”, bromean dos hombres en la barra mientras se piden una cerveza después de haber votado.“ Si en todas partes las urnas estuvieran en un bar, habría más participación”, le replica el otro. El barrio de Santa Ana de Valladolid no vota en un centro cívico o un espacio educativo, sino en la entrada de un bar. En esta gran urbanización de chalets del sur de la ciudad ganó el Partido Popular en 2022 con el 37,1%. Vox fue segunda fuerza con 23,4% y el PSOE, tercer partido con el 22,3% de los sufragios y estará por ver cómo es equilibrio de fuerzas en estos comicios de 2026.
Solo quienes viven en la urbanización saben que este bar también hace las veces de colegio electoral. Además de servir copas, funciona como su centro social. Cuando se habilitó como tal, no había otro espacio disponible y con el crecimiento de la población en los alrededores, se ha decidido mantener como colegio electoral. Antes las urnas estaban colocadas en la sala que hay encima del bar, pero las dificultades de acceso y el voto anciano de las residencias de alrededores animaron a la Junta Electoral a votar en la entrada del edificio, 100% accesible para personas con movilidad reducida.
Aquí todos se conocen: un presidente de mesa pregunta a un joven votante por sus padres: “Sí, ahora vendrán en cuanto salgan de misa”, responde mientras busca un sobre y una papeleta.
Esta zona de Valladolid se empezó a construir a principios de este siglo entregándose las primeras fases en 2007. En total, en Sata Ana viven unos 1.500 vecinos en 492 viviendas unifamiliares y es una de las zonas con más renta en la ciudad del PIsuerga. En el entorno a la urbanización se ha ido construyendo una zona que combina chalets —de toda tipología— hasta bloques de edificios que previsiblemente llenarán las pocas parcelas libres que rodean la zona.
Una pareja comenta cómo venían de Asia Central para colocar la sede de su empresa y casi se quedan tirados en Dubai tras los bombardeos a Irán. Sobre la una de la tarde, ni las camareras del bar ni las mesas electorales dan abasto. Una ración de rabas se desliza por la barra mientras no queda un solo hueco libre.
“Esto es… explosivo, hay muchísima gente”, explica el presidente de una de las mesas, aunque bien podría ser cualquiera de los camareros que están en el bar. “Hemos tenido mucha gente”, dice junto a él su compañera.
Mientras algunos hacen cola para votar, otros ya se han sentado en las mesas, disfrutando del sol. Familias con niños y mayores echan un refrigerio, hay sol, vermú y se ha cumplido con el derecho a voto; un domingo electoral redondo.
3