Barcelona se despide de los bares y restaurantes hasta nuevo aviso: "Creemos que esto será más largo que 15 días"

El bar en el centro de Barcelona.

Nadie diría que es el último día hasta que uno empieza a preguntar. De lejos parece un jueves noche cualquiera de otoño: grupos de jóvenes y personas de mediana edad beben y ríen y conversan en las mesas repartidas por la plaza del Sol, en el barrio de Gràcia. De cerca, sin embargo, todas las respuestas admiten que la noche tiene el aire incierto de las despedidas.

La Generalitat mantiene el cierre de bares y restaurantes esta medianoche a la espera de que la Justicia avale el resto de restricciones

La Generalitat mantiene el cierre de bares y restaurantes en la medianoche del jueves a la espera de que la Justicia avale el resto de restricciones

Centenares -probablemente miles- de barceloneses han salido este jueves a tomar la última caña de bar, a su restaurante favorito o a su coctelería de confianza. Las nuevas restricciones decretadas por el Govern, que entraban en vigor esta madrugada, le han conferido a la noche un aire de despedida, de hasta luego, sin demasiadas garantías de cuando será el reencuentro. Después del confinamiento de la primavera, la gente prefiere ser cauta a la hora de calcular cuando podrán regresar al bar.

“Tengo la sensación de que esto será mucho más largo que 15 días”, reflexionaba Amparo Garrido, sentada junto a un grupo de cuatro amigas en el bar Marcelino de la plaza del Sol. “Como mínimo esta vez no nos pasará como en marzo y hemos hecho la última quedada”.

Eran muchos los locales llenos en el barrio de Gràcia, una imagen que contrastaba con la que presentaban varios establecimientos del centro. A las 22 h, aquellos locales enfocados al turista no contaban con nadie que quisiera despedirse de ellos. En cambio, otros bares céntricos regentados por clientes de toda la vida o extranjeros que viven en la ciudad estaban a pleno rendimiento.

“Hoy es una locura, estamos trabajando a tope”, aseguraba en un parco español la camarera del bar Oviso, situado en la plaza George Orwell y con clientela mayoritariamente extranjera. El encargado, de mientras, invitaba eufórico a chupitos a todos los clientes como si mañana se acabara el mundo. "Mañana esto ya no estará abierto, ¡Aprovechad!", arengaba a los parroquianos.

La confusión reinaba en muchos locales hasta el punto de que algunos hosteleros no tenían claro cuándo debían bajar la persiana. Durante la tarde del jueves, algunos medios anunciaron erróneamente que el cierre de los bares y restaurantes se demoraría al menos hasta el viernes y a primera hora de la noche todavía había hosteleros que no tenían claro en qué momento entraban en vigor las medidas. La Generalitat mantuvo el cierre en la hostelería esta medianoche a la espera de que la Justicia avale el resto de restricciones.

“Vamos a esperar hasta mañana a ver qué pasa”, respondía bruscamente el encargado de la pizzería napolitana Sports Bar, en el barrio Gótico. “Ahora mismo no te puedo decir mucho... No sabemos si haremos servicio para llevar o cómo nos organizaremos, la verdad”.

A pocos metros, Joan y Tizia cenaban un plato de pasta y una pizza mientras las pantallas del local escupían partidos de Calcio con las gradas vacías. “Nos gusta venir aquí, es barato y bueno y me recuerda a Italia”, explicaba ella. “Hemos venido a despedirnos hasta la próxima... Esto es triste, triste, triste”.

No todo el mundo había salido en grupo. Aunque el mejor lugar para estar solo en un bar -la barra- está vetada en muchos locales, en algunos establecimientos quedaban todavía esos personajes que van a beber sin intención de relacionarse con nadie. El bar Tower, en la Plaça de la Llana, era uno de ellos. Nadie quería responder a ninguna pregunta.

Àngel y Xavi Juez, padre e hijo, regentan el mítico bar l’Ascensor, también en el Gòtic, con la experiencia del que las ha visto de todos los colores. Lamentaban la falta de ayudas para su sector y recordaban que ellos, a diferencia de los restaurantes, ni siquiera podrán poner copas para llevar cuando bajen la persiana.

Su bar, no obstante, llevaba dos noches lleno de clientes habituales que se querían despedir de su barra favorita. “Al final un bar es como la vida misma”, apuntaba Àngel, que lleva más de 40 años al frente de este pequeño local donde todo el mundo se saluda al entrar. “Las cosas pueden ir mal pero se acaban arreglando”.

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16 de octubre de 2020 - 06:46 h

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