Desirée de Fez, escritora: “El terror corporal está siempre ahí hasta que revienta”
Al repasar la trayectoria profesional de Desirée de Fez se puede llegar a la conclusión de que es una de las personas más atareadas de España. Periodista y escritora, se reúne en Barcelona con elDiario.es tras regresar del Festival de Cine de Málaga, dónde ha presentado Pizza Movies, una cinta dirigida por su marido Carlo Padial y donde ella ha trabajado como guionista junto al realizador y Carlos de Diego.
Además, acaba de publicar su primer libro de ficción, la novela No la dejes sola, con la editorial Blackie Books y ya está previsto que salga en inglés en Reino Unido y Estados Unidos el próximo otoño. La autora es experta en el género del terror y la fantasía y su novela se mueve en estos términos, aunque no se olvida de que lo horrible también reside en la cotidianidad.
La intención de la escritora estaba muy lejos de elaborar una tesis. Ella quería contar una historia cuyo germen se encuentra en la observación de mujeres jóvenes que siempre están acompañadas, generalmente por sus progenitoras. “Vas a la puerta del cole y están con la madre, vas al ambulatorio y están con la madre, vas al mercado y están con la madre”, explica.
Como buena periodista, tiró del hilo y descubrió que existe el miedo a quedarse solos puede ser una patología y se llama ‘autofobia’. Así que decidió llevar esa idea al extremo y utilizarla como recurso narrativo para desarrollar una ficción acerca de cómo los vínculos familiares pueden llegar a ser asfixiantes aunque partan de las mejores intenciones.
Las protagonistas del libro son tres mujeres: Carmen y sus dos hijas, que ya viven en pareja y con su propia descendencia. Pero mientras Alba, la pequeña, se ha quedado en Cornellà (Barcelona), la ciudad donde nacieron y crecieron, Diana se ha ido a vivir a la capital. Esa tríada femenina está en contacto de forma constante, a través de videollamadas, acontecimientos y, en el caso de Carmen y Alba, en persona. Su hija menor es la que no quiere estar sola y ella, aunque de manera no oficial porque tiene su propio piso, casi vive en su casa.
Es imposible no ver reflejada a la autora en Alba por su trabajo, su procedencia y su estructura familiar aunque: “No es un relato autobiográfico, pero sí que se alimenta de los lugares y de la gente con la que yo he convivido. Si planteaba un personaje en el que volcar un poco las ansiedades que tengo, porque es un libro que en realidad va mucho de ansiedad, de vivir incómodo en tu propio cuerpo, me parecía una tontería lo de maquillar a los personajes para que no se parezcan a ti. Pero no es una autobiografía en clave fantástica”.
“Ellas están conectadas de la forma más extrema posible, es una historia de amor entre tres mujeres que tienen un vínculo increíble, que algunas veces las asfixia y que necesitan romperlo aunque sea esporádicamente para respirar”, desarrolla De Fez. “Pero la fuente de todo eso es que se tienen un amor tan incondicional que a ojos de los otros no tiene ningún sentido”, agrega. Las parejas de las hijas (el padre falleció) las acompañan, las quieren, pero no entienden nada.
Carlos, el compañero de Diana, le señala que, aunque se comunican todo el rato, nunca hablan de cosas importantes. De Fez explica que una de sus intenciones en la novela era plantear qué pasa si, aunque se intuye que pasa algo, no se puede actuar. Todo el mundo sabe que Alba tiene esa movida, pero nadie lo dice y es una cosa que tendría que verbalizarse.
Esta encrucijada permite a la autora desarrollar la parte de ‘body horror' del libro. “Tiene que ver con esa relación difícil que tienen con su propio cuerpo por una cuestión de ansiedad, de nervios y de ir agotadas”, apunta la autora: Alba con urticaria en los ojos; Carmen con los pinkis de verano en pleno diciembre como una especie de castigo; Diana con el sufrimiento si engorda un par de kilos: “El terror corporal está siempre ahí hasta que revienta”.
Costumbrismo y espacios liminales
No la dejes sola se divide en dos partes. La primera sirve para conocer a las protagonistas. De Fez hizo un esfuerzo extra para que sonaran naturales y divertidos incluso en algunas de las partes más traumáticas. “Desde el principio vi muy claro que tenía que ser un diálogo muy directo, en el que hubiera mucho sentido del humor, sin demasiadas acotaciones, que explicaran a los personajes”, mantiene la catalana.
En la novela hay un escenario principal que es el centro comercial, al que Carmen y Alba van cada día después de dejar a los niños en el colegio para hacer tiempo antes de volver a por ellos. La hija siempre tiene una misión, en esta ocasión cambiar unos mandos de la Switch para el regalo de Navidad de su hijo mayor. “El centro comercial es como un Second Life [una comunidad virtual] para ellas. Esas mujeres que están al límite, cuando llegan ahí encuentran un espacio en el que no tienen que ocuparse de nada. Todo está ordenado, nadie te pide nada. Es al revés, pides tú algo si lo necesitas”.
Cuando el recinto cierra por las noches se convierte en un espacio liminal, un asunto que interesa mucho a la autora. “Son los lugares que son de uso común, que siempre están hipertransitados, ya sea un centro comercial o un trasbordo del metro, que cuando se vacían de gente se pueden volver lugares misteriosos, terroríficos, inquietantes”. Menciona algunos títulos que tratan esta materia como La casa de las hojas de Mark Z. Danielewski o la película Skinamarink de Kyle Edward Ball, pero puede que sea en Internet donde se encuentren las mejores historias.
“Hay un hilo muy guay en Reddit que se llama The Mall World (el mundo de los centros comerciales), en el que había una chica con un sueño recurrente en el que iba al mismo centro comercial. Era ilustradora, así que hizo un dibujo del sitio y lo compartió en TikTok y muchísima gente empezó a decirle que visitaban ese mismo lugar en sus sueños”, cuenta De Fez.
La autora considera que puede ser un efecto contagio pero se preguntó si allí había algo: “La idea del centro comercial vacío como una proyección del inconsciente colectivo me parecía muy chula”.
Otro escenario clave en la trama es el camping Filipinas, uno de los tantos que había en la autovía de Castelldefels, donde veraneó la familia. Mientras que Diana tiene recuerdos malos (entre otros) de la experiencia, Alba vivió allí algunos de los momentos más felices que guarda en su memoria. “La razón por la que estaban tan llenos de gente es que estaban muy cerca de Barcelona, entonces los padres podían ir y volver de trabajar”, comenta. Cuando los cerraron, muchas de las familias se quedaron sin lugar de veraneo y muchos críos pasaron las vacaciones en el barrio.
La escritora se propuso evitar a toda costa que se hablara del barrio como el gueto o algo exótico. “Aunque Diana haya marcado esa distancia y se haya venido a vivir al centro de Barcelona, no es mejor su vida que la de Alba y Carmen. ”Lo raro es vivir en el centro de Barcelona, lo normal es hacerlo en una ciudad de las afueras tal y como está la vida a día de hoy“, manifiesta.
Además de escribir artículos en prensa, ensayos como Reina del grito. Un viaje por los miedos femeninos (Blackie Books, 2020) –que derivó en un podcast homónimo–, Desirée de Fez también forma parte de la organización del Festival de Sitges, hace guiones y es miembro del podcast Marea nocturna.
Se tuvo que esforzar para que su primera novela no tomase los giros de un guion cinematográfico porque quería que fuese muy literario, a pesar de las apuestas que hizo en detalles como la presencia de los diálogos. Aunque siempre queda alguna influencia cinematográfica. “De alguna forma, para mí el libro es como una conversación entre mi madre y David Cronenberg, que son un poco mis modelos de referencia”, concluye.
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