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Ilustradores y diseñadores, contra la proliferación de la IA: “He vuelto al rotulador para ser todavía más artesanal”

El ilustrador Xavi Forné, en su estudio de diseño, en Badalona

Luis Benavides

Barcelona —
18 de septiembre de 2026 22:07 h

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Cada vez vemos con más frecuencia carteles sospechosamente similares. Mismo estilo, composiciones parecidas, textos simétricos, colores saturados y un exceso de elementos decorativos. Y, si nos fijamos bien, podemos encontrar personajes con seis dedos, bailarinas sin brazos y otras incoherencias. Son imágenes generadas únicamente con Inteligencia Artificial, realizadas en cuestión de segundos; lo mismo sirven para anunciar el cierre por obras de una cafetería, la próxima apertura de una escuela de idiomas o un viaje en autocar a Peñíscola.

Este verano se desató la polémica porque la moda de los carteles exprés, sin inteligencia humana, llegaron a fiestas mayores de pueblo e, incluso, a concursos públicos para escoger el cartel de alguna feria. Los dibujantes y diseñadores gráficos consultados por elDiario.es, tres profesionales especializados en cartelería musical afincados en Catalunya, lamentan que empresas y administraciones usen o permitan esta tecnología con el único objetivo de abaratar costes.

“Es muy triste que los ayuntamientos, con los presupuestos que manejan, prefieran tirar por lo fácil con la IA para no pagar 500, 600, 1.000 o 5.000 euros, a un verdadero profesional por el diseño de un cartel o un póster original”, protesta Xavi Forné, un diseñador gráfico con más de 25 años de experiencia. “Seguro que hay ilustradores y diseñadores sufriendo con su irrupción, como puede sufrir un traductor o un programador informático. En mi caso, tengo la suerte de que las bandas y los festivales que me contactan buscan mi estilo, mi personalidad, y eso todavía no puede ofrecerlo la IA”, añade.

Forné tiene a su favor su trayectoria, una carrera que arranca en la escena más underground con un cartel alternativo para el Chola Crew Festival en 1999. “Era un póster muy cutre con un montón de bandas de rock, punk y hardcore”, advierte con una sonrisa. “Hecho con Word, porque entonces no tenía ni idea de que existían otros programas”. A partir de aquí, no dejó de diseñar carteles y merchandising para bandas amigas y se matriculó en un grado superior de Gráfica publicitaria donde aprendió la teoría del diseño y el funcionamiento de programas como Photoshop e Illustrator.

Su punto de inflexión profesional fue doble: el encargo de la gráfica para el Primavera Sound de 2013 y dos pósteres para la banda estadounidense The Black Keys el mismo año: “Aquí me di cuenta de que podía vivir de esto y dejé otros curros para convertirlo en mi trabajo principal”.

Imagen de Pol Abran en una caseta con sus carteles en el festival portugués Sonic Blast

Para Forné, una diferencia clave entre la IA y otras tecnologías aplicadas al diseño es el grado de implicación humana. “Canva, por ejemplo, te hace trabajar de alguna manera, porque tienes que pensar primero una idea, escoger cómo organizar los elementos… Y, al final, sientes que lo has hecho tú. La Inteligencia Artificial es un robot que trabaja para ti y eso me parece incluso perjudicial. No podemos acostumbrarnos a dar órdenes para que nos hagan las cosas”, subraya.

El diseñador gráfico Pol Abran, cofundador de Branca Studio, va más allá y denuncia que toda herramienta de IA generativa ha estado entrenada con “trabajos robados”; es decir: sin la autorización expresa de los creadores. “Estoy a favor de la tecnología, porque yo uso programas de edición, pero no utilizo la Inteligencia Artificial en mi arte por motivos éticos”, puntualiza Abran. Solo la usaría, sostiene, si entrara a trabajar en un estudio por cuenta ajena y le obligaran a usar esa tecnología por razones de productividad. “Eso es lo que le pasa a muchos diseñadores asalariados, que no se pueden negar”, asegura.

Branca Studio abrió sus puertas en 2015 con la idea de dar servicio a todo tipo de clientes. “Nunca pensé que me podría ganar la vida especializándome en música, pero tuve la suerte de posicionarme bien cuando redes sociales como Instagram todavía mostraban publicaciones de manera cronológica, sin tanto algoritmo”, rememora el cofundador de una agencia con merchandising propio y más de 84.000 seguidores en Instagram.

Respecto a los polémicos carteles hechos mediante IA pagados por ayuntamientos, Abran es pesimista y no espera ninguna regulación. “Nuestros representantes políticos parecen estar muy a favor de la IA y no paran de impulsar políticas para implementar esta tecnología en todas partes. En la educación, en la medicina… Y nos puede salir muy caro. Al final, los ricos tendrán un médico y a nosotros nos hará el cribado un robot”, pronostica.

Imitaciones sin personalidad

Para el creador e ilustrador Joel Abad, la inteligencia artificial generativa nunca podrá competir con un humano si se trata de realizar trabajos profesionales. “Puede hacer un trabajo del cole, puede hacer una canción para una fiesta de cumpleaños y puede hacer un cartel para salir del paso. He visto pocas cosas con IA que realmente me hayan hecho pensar que una persona no podría hacerlo mejor”, explica a elDiario.es este artista del lápiz que empezó haciendo carteles y portadas de discos para formaciones locales y ahora recibe encargos de bandas de primera división internacional del género como Against Me!, Rancid o NOFX.

El ilustrador Joel Abad muestra algunos de sus diseños

Abad estuvo este verano en el legendario festival itinerante Warped Tour, concretamente en la jornada en Long Beach, California. El póster era suyo y estuvo en una de las casetas firmando carteles. “Fue un sueño cumplido. Son muchos años de trabajo, de esfuerzo para estar al nivel de los referentes a los que admiras cuando empiezas, de echarle muchas horas para mejorar”, explica un ilustrador que todavía siente las mariposas en el estómago cuando recibe en su bandeja un correo electrónico de alguna banda rock que le gusta.

Y si le llegan muchas propuestas es justamente porque buscan sus ideas y su trazo humano, algo que, de momento, no puede ofrecer la IA. “Con el tiempo es posible que la máquina pueda imitar mi estilo, el tipo de línea, cómo uso el color, mis composiciones, pero estoy convencido de que le faltará personalidad y, sobre todo, alma”, remacha.

Aun así, hay muchos ilustradores que se han llegado a sentir frustrados y bloqueados ante la irrupción de la IA. Eso le ha pasado a Xavi Forné. Pero no se ha dejado vencer por el contexto y ha decidido explotar aquello que hace únicos a los humanos. “He vuelto a los rotuladores [digitales, usando una tableta gráfica] para ofrecer un producto todavía más artesanal”, apunta este artista. “Si dibujo a mano necesito mucho más tiempo y aplicar los cambios que pueda pedir el cliente puede ser más complicado, pero me encanta, me siento distinto”.

Después de ver tantos carteles casi clónicos por todas partes, el trazo humano podría volver a imponerse y a destacar frente a una masa de diseños genéricos y repetitivos. “Cuatro líneas dibujadas con corazón pueden tener mucha más gracia que un dibujo superbién acabado hecho con IA”, opina Abad, quien trabaja siempre a partir de ideas y bocetos, buscando siempre la mejor manera de transmitir un mensaje.

Por su parte, Abran también se muestra preocupado por la homogeneización visual que se produce fuera de las pantallas, en las calles de las ciudades. Pasa, explica, por la sustitución paulatina de comercios de toda la vida por franquicias y grandes cadenas. De esta manera, desaparecen rótulos con encanto, la mayoría realizados a medida y de manera artesanal, y aparecen otros mucho más modernos y con un estilo parecido.

Para preservar unos objetos que forman parte importante del paisaje urbano y emocional, Abran y una veintena de colegas del diseño crearon el colectivo sin ánimo de lucro Patrimoni Gràfic Sabadell (PGS) hace justo un año, y por ahora ya han conseguido rescatar una veintena de rótulos, cada uno con su estilo, su tipografía y una historia única. Siempre, subraya, con la debida autorización de sus propietarios.

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