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CATALUNYA

ENTREVISTA | Josep Ramon Bosch (Societat Civil Catalana)

"Pedro Sánchez no ha cedido en nada ante los independentistas"

El presidente de Societat Civil Catalana, la principal entidad constitucionalista de Catalunya, defiende que "no existe una violentación del orden constitucional" que requiera una nueva aplicación del artículo 155

Bosch se desmarca de la manifestación de PP, Ciudadanos y Vox en la plaza de Colón: "No debería haberse producido porque no tenemos que ir en contra de un gobierno legítimo y constitucional como es el de Sánchez"

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El presidente de Societat Civil Catalana, Josep Ramon Bosch.

El presidente de Societat Civil Catalana, Josep Ramon Bosch. Xavier Jubierre

Josep Ramon Bosch (Santpedor, 1963) vuelve a presidir Societat Civil Catalana, la entidad que ya dirigió entre 2014 y 2015. Dice que su intención es estar el menos tiempo posible en el cargo y su propósito es pacificarla tras las tensiones y enfrentamientos personales que se vivieron en la etapa final de la presidencia de José Rosiñol. Asegura que tras auditar las cuentas, que fueron otro de los motivos de tensiones, no se ha detectado ningún agujero económico. Bosch insiste en que la financiación de Societat Civil es transparente y que el dinero llega a través de los socios y las donaciones de particulares y empresas.

El presidente de la principal entidad constitucionalista de Catalunya asegura que no tiene ninguna intención de entrar en política (pese a que ha tenido varias ofertas) y marca distancia respecto a la estrategia de su amigo Pablo Casado con Catalunya. A diferencia del PP, Ciudadanos y Vox, no considera que el Gobierno de Pedro Sánchez se haya vendido a los independentistas.

Bosch, que fue militante del PP durante más de dos décadas, niega en esta entrevista que esté vinculado a la Fundación Francisco Franco y se muestra partidario de exhumar al dictador para que no siga enterrado el Valle de los Caídos.

¿Por qué ha regresado a la presidencia de Societat Civil Catalana?

La verdad es que no entraba en absoluto en mis planes. Societat Civil Catalana vivió una grave crisis interna el pasado diciembre y pese a que existió un consenso entre los socios fundadores respecto a la necesidad de buscar una salida a los enfrentamientos ideológicos y personales, no hubo manera de consensuar una candidatura unitaria que se había pactado en los días previos a la asamblea de socios.

Me pidieron regresar como presidente y puse tres condiciones para aceptarlo: que fuese una presidencia lo más corta posible, limpiar la imagen después de que hubiesen aparecido informaciones que señalaban que se había producido irregularidades económicas y ser más transparentes con medidas como dar a conocer las cuentas.

¿Esas irregularidades económicas existieron?

Hemos hecho dos auditorías internas y las irregularidades económicas han quedado totalmente descartadas. Lo que hubo fue un mal funcionamiento interno puesto que durante cinco meses no se convocaron juntas, que por estatutos se celebran cada semana porque es donde se discuten las decisiones económicas y actividades.

¿Societat Civil cómo se financia?

Tenemos dos vías de financiación. La principal es a través de nuestros asociados, los 102 que somos fundadores, y unos 22.500 asociados y colaboradores que pagan sus cuotas o contribuyen con regularidad. Después tenemos otras a partir de particulares que no son asociados. Nunca a través de ayudas públicas. Ni las hemos pedido ni las pediremos.

¿Y reciben dinero de empresas?

Hay empresas que colaboran en pequeñas o mayores cantidades ya sea a través de Societat Civil Catalana o a través de otras vías como la organización de actividades relacionadas con la economía. Siempre con cantidades moderadas.

¿Qué son cantidades moderadas?

No lo sé. Acabo de entrar. Algunas pueden colaborar con 5.000 euros... hay también colaboradores generosos a título individual. A nosotros se nos acusa de ser el Ibex 35, como si aquí tuviésemos millones. No es cierto. Nuestro presupuesto es moderado. Este año está calculado en un 1,2 millones de euros. Como dice un amigo mío, aquí venimos comidos, no venimos a comer.

En una entrevista que concedió a El País justo antes de la manifestación en la plaza Colón dijo que Societat Civil no asistiría porque Pedro Sánchez es un presidente legítimo y su entidad no se manifiesta contra los gobiernos. Pero Carles Puigdemont también era un presidente legítimo y ustedes sí se manifestaron contra él y su gobierno.

Nosotros nos manifestamos a favor de la sensatez y el 'seny'. Es verdad que se profirieron gritos de 'Puigdemont, a prisión', pero desde la organización se pidió de forma explícita e implícita que no lo hicieran. Lo que pasa es que no puedes controlar lo que dice la gente. No nos hemos manifestado nunca contra un gobierno sino a favor de la concordia. Siempre he dicho que tanto con el Govern de Puigdemont como con el de Mas, con quien me reuní en el 2014, siempre hemos intentado mantener unas relaciones cordiales. Nosotros no estamos por el enfrentamiento ni mucho menos.

¿Esa manifestación de PP, Ciudadanos y Vox fue un error?

Que el presidente de Societat Civil Catalana valore si fue un error es complicado y complejo. Creo que fue una manifestación que no debería haberse producido porque no tenemos que ir en contra de un gobierno legítimo y constitucional como es el de Pedro Sánchez.

Uno de los argumentos de PP, Ciudadanos y Vox es que Sánchez ha cedido ante los independentistas. ¿Usted también lo cree?

No. Yo creo que no ha cedido en nada. El presidente Sánchez ha gobernado, ha intentado buscar cuáles son las vías para mejorar las condiciones de vida de los catalanes. La Generalitat no está gobernando y el Parlament está cerrado. Todo eso es muy grave.

¿Qué piensa cuando escucha a Casado, Rivera, Arrimadas o Abascal defendiendo que hay que aplicar otra vez el artículo 155?

El 155 es una medida que tiene que aplicarse cuando se produzca una clara violentación del orden constitucional en Catalunya, cosa que nosotros no vemos que esté pasando en estos momentos. Segundo, es una medida excepcional que si tiene que aplicarse es a través del Senado y con ratificación posterior del Congreso, no porque lo diga un partido. Rechazamos, por lo tanto, que se tenga que aplicar si no existe ese consenso constitucional. Utilizarlo como propuesta política es un grave error porque no contribuye a la convivencia. Si se tuviese que aplicar, cosa que no me corresponde decir a mí porque no soy jurista, tiene que ir acompañado de un relato muy claro y a ser posible en catalán para explicar los motivos.

¿Estas reflexiones se las ha trasladado a dirigentes del PP y de Ciudadanos?

Sí, claro. Yo me veo con cierto asiduidad con gente del PP y soy amigo personal de Pablo Casado desde hace mucho tiempo. Y soy amigo y tengo buena relación con Albert Rivera y Juan Carlos Girauta. Igual que la tengo también con Salvador Illa (PSC) y con gente del nacionalismo catalán.

¿Pero cuando le dice a Casado que no se dan las condiciones para aplicar el 155, él que responde?

Son conversaciones privadas pero creo que él también considera que en Catalunya hace falta un nuevo relato. Compartimos el mismo punto de vista en el sentido de que esto no se solventará aplicando el 155. En mi opinión personal no se solucionará con un gobierno de derechas en España que no tenga en cuenta el hecho nacional catalán, la nación cultural que es Catalunya. Y esta reflexión se la he hecho a Pablo Casado.

Tal vez lo que está pasando es que el PP está pensando más en los votos del resto de España que en solucionar el problema de Catalunya.

Sí, todos están en fase electoral. También el PSOE entrará ahora en esa fase electoralista y si no saca la bandera de España, sacará el españolismo. Es lícito pero también es peligroso. Nosotros no llevamos las luces cortas, en Societat Civil ponemos las largas. En Catalunya vemos una triple división. Una es geográfica, entre la Catalunya interior y la más costera. No es la broma de Tabarnia y Tractoria pero podría coincidir con esta idea. La segunda es económica puesto que el procés es una revolución de los ricos, de la clase media-alta. En Sant Cugat del Vallés o Matadepera, dos de los municipios más ricos de España, son eminentemente independentistas mientras que en Sant Adrià del Besòs, uno de los más pobres, el 90% de los votos son españolistas. La tercera división, que es la más difícil de gestionar de cara al futuro, es la lingüística. El 90% de los catalanohablantes son independentistas y más del 90% de los castellanohablantes son unionistas, y esta división se está acentuando.

¿La inmersión lingüística es un modelo adecuado para combatir esa división?

Son cosas distintas. Yo estoy a favor de la inmersión lingüística. Mi mujer es directora de una escuela pública, profesora de catalán y en mi casa siempre hemos hablado en catalán. Lo que digo es que no se está ofreciendo un relato de España a los catalanohablantes. Siempre pongo el ejemplo de Berga. Fue capital de los borbones, también del carlismo, una ciudad que votaba a la Lliga y que después fue franquista. Era una ciudad conservadora que votaba a Convergència y ahora Berga es la CUP.

De lo que se ha visto hasta ahora en la Sala segunda del Supremo, ¿qué opinión tiene del juicio del procés?

Es un disparo al propio pie del independentismo. Es la puesta en escena de los errores que han cometido los procesistas y que nos vacunará para años a los españoles de una nueva tentativa golpista. Vemos a 12 defensas diferentes, todos explicando que no había nada preparado, que todo era un cuento chino, que lo que querían era llegar a un pacto cuando lo que nos habían explicado es que tenían ya las estructuras de estado preparadas. Los días 6 y 7 de septiembre fueron los más trágicos de la historia de Catalunya, aparte, evidentemente, de la Guerra Civil y del 6 de octubre del 34.

Habla de tentativa golpista. Uno de los puntos claves de este juicio es demostrar si en Catalunya se produjo o no una rebelión. ¿Usted es de los que piensa que la hubo?

Yo no soy jurista, soy historiador y por lo tanto no soy capaz de discernirlo. Creo que hubo un intento de violentar el estado de derecho de una forma que parecía muy bien programada, aunque ahora estamos viendo que no lo estaba tanto. Lo que sí que creo que ha habido es una malversación de fondos públicos.

¿Cuando afirma que estamos vacunados de una nueva tentativa es porque cree que el independentismo no volverá a intentarlo?

Considero que la mayor parte de la gente se ha dado cuenta de que la vía unilateral es imposible. Estoy convencido de que los catalanes y el resto de españoles acabaremos votando algo, no sé si será una reforma de la Constitución u otra cosa. En todo caso, esto acabará con un gran pacto en el que todos podremos votar. Lo que no me gusta es que a un nacionalismo catalán se está contraponiendo un nacionalismo español, de base castellana.

Si tras las próximas elecciones generales acaba gobernando un tripartito de la derecha igual parece que esa votación iría para largo.

Como le decía, nosotros vamos con las luces largas. Hay dos millones de independentistas en Catalunya, 250.000 en la Comunitat Valenciana... y no desaparecerán de un día para otro. Al final, España siempre ha salido de las crisis cuando se producen estas tensiones territoriales. A veces con guerras, cosa que estoy convencido que no pasará. Se trata de mejorar la convivencia.

¿Considera que la prisión preventiva que se ha aplicado a los dirigentes independentistas ha sido una medida excesiva?

A mí no me gusta la cárcel preventiva y que haya gente en prisión sin haberse celebrado el juicio me parece injusto a no ser que exista un riesgo claro de destrucción de pruebas o de fuga. Evidentemente la huida de Puigdemont y algunos consellers le puso las cosas muy difíciles al juez.

Me gustaría que esta gente no estuviera en la cárcel, pero que a poder ser fuesen inhabilitados porque no se produjo ningún daño personal pero si un perjuicio económico para Catalunya que fue brutal. Hemos perdido oportunidades brutales como la Agencia Europea del Medicamento por la increíble inconciencia de una gente a la que le importaba todo tres pimientos.

Se ha publicado que usted podría ir en una listas a las autonómicas junto a Manuel Valls si el exprimer ministro francés no logra ser alcalde de Barcelona. ¿Es cierto?

No, en absoluto. No tengo ninguna intención de entrar en política. Conozco al señor Valls desde hace mucho tiempo pero no estoy trabajando con él. Le deseo suerte como se la deseo a Josep Bou o al amigo Jaume Collboni o a la señora Colau. Lo que sí es cierto es que me han ofrecido entrar en política.

¿Quién se lo ha ofrecido?

Algunos partidos, pero es algo ya pasado. Es verdad que en Societat Civil hay mucha gente que ha entrado en política. Pero la política, por desgracia, está muy mal considerada en este país, cosa que es un gran déficit democrático, y está muy mal pagada. Yo soy un profesional que me gano muy bien la vida.

¿Usted en el 2013 asistió a un acto de la Fundación Franco en Gandesa?

No.

¿No es cierto?

Yo fui a buscar a mi padre, que sí que estuvo en el acto. Acompañé a mi padre, y ahí me entrevisté con personas que habían participado en los tercios de requetés de Nuestra señora de Montserrat y con las que quería hablar para mi tesis doctoral sobre la Guerra Civil. No he asistido nunca a otro acto no solo de la Fundación Franco sino tampoco de otros. Y he asistido a actos de Podemos, de Convergència o de Comisiones Obreras.

A mí se me hizo una campaña brutal a través de Toni Albà, que me presentó una querella por supuestos insultos a través de una cuenta falsa de Facebook. La jueza la archivó porque ya había prescrito. Fui víctima de un auténtico escrache profesional a partir de correos y a través de un exconseller del Govern cuyo nombre no diré todavía.

¿Franco debe estar fuera del Valle de los Caídos?

Sí, claro. Franco ha sido probablemente el personaje más nefasto de la historia de España. Y lo digo yo que no soy una persona de izquierdas ni sospechosa de connivencia con Podemos.

¿Vox es un partido de ultraderecha?

Vox es un invento de los restos del carlismo vasco, inspirado en una persona como Jaime Mayor Oreja, y es un partido muy unionista. Esto le ha dado un corpus doctrinal muy católico y por esto no es asimilable a la extrema derecha del resto de Europa. Es una derecha dura y muy peligrosa en algunos discursos sobre xenofobia que la sitúan en algunos casos muy cerca de la extrema derecha.

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