Ojalá hubiera un Villepin en la derecha española
El 14 de febrero de 2003, con motivo de la guerra de Irak, el entonces ministro de Asuntos Exteriores francés, Dominique de Villepin (Rabat, 72 años), pronunció un discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU que merece ser releído para comprobar hasta qué punto tenía razón, igual que la tiene ahora al rechazar la operación de Israel y Estados Unidos en Irán, que ha desembocado en la situación que vive hoy Oriente Medio.
“En este contexto, hoy no está justificado el uso de la fuerza. Hay una alternativa a la guerra: desarmar a Irak a través de las inspecciones. Además, recurrir prematuramente a la opción militar tendría graves consecuencias (...) Nadie puede afirmar hoy que el camino de la guerra será más corto que el de las inspecciones. Nadie puede afirmar tampoco que desembocará en un mundo más seguro, más justo y más estable. Pues la guerra es siempre la constatación de un fracaso. ¿Va a ser, acaso, nuestra única salida frente a los numerosos desafíos actuales? Concedamos, pues, a los inspectores de las Naciones Unidas el tiempo necesario para que su misión tenga éxito”, alertó.
Villepin, que antes, entre 2005 y 2007 fue primer ministro bajo la presidencia de Jacques Chirac, y que tras ocupar la cartera de Exteriores fue también titular de Interior, es una voz conservadora que nunca se llevó bien con correligionarios suyos como Sarkozy, con quien acabaron en los tribunales.
Diplomático de carrera, apodado en su momento el “diplomático poeta” por sus inquietudes literarias, y con claroscuros en su trayectoria, como tantos otros políticos, ahora explota sus dotes de comunicador en tertulias de medios franceses. Y es en esas mesas, despojado de ataduras partidistas aunque coquetea con presentarse a las presidenciales de 2027 con su partido ‘La Francia humanista’, donde su voz se ha convertido en una rara excepción en el centro-derecha francés, y también en el europeo.
Fue uno de los primeros que desde un principio calificó de “drama humanitario” la situación en Gaza. También de los pocos que, desde su posición política, la de alguien que trabajó entre 2002 y 2005 para que Hamás se incluyese en la lista de organizaciones terroristas, considera que el concepto “genocidio” encaja para describir qué ha provocado Israel en esa zona.
Este fin de semana, en una mesa de la cadena BFMTV, Villepin volvió a hablar claro para insistir en que esta nueva guerra iniciada por Israel y Estados Unidos es ilegal. “Decimos claramente a Estados Unidos que su guerra contra Irán es ilegal, ilegítima y peligrosa”. Además, expresó de nuevo su apoyo a la posición de Pedro Sánchez, por ser quien, en palabras de Villepin, “ha salvado el honor de Europa”.
El discurso de Villepin contrasta con el de la mayoría de dirigentes de su misma familia política. El PP español, en su única estrategia de cargar contra el Gobierno, ha llegado a acusar a Sánchez de “avalar” la dictadura iraní y a difundir bulos como el de un apoyo de la ministra de Defensa, Margarita Robles, al ataque de Estados Unidos.
Tampoco tiene nada que ver con la posición de Ursula von der Leyen, quien sin consensuarlo con el resto de Estados ni ser la responsable de la política exterior de la UE, se descolgó este martes abrazando el mundo sin reglas que Trump o Putin pretenden imponer. De un plumazo, la presidenta de la Comisión Europea se saltó los tratados fundacionales y el de Lisboa. Ahí es nada.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, uno de los que aún se salva entre tanta mediocridad, le ha enmendado la plana y ha reivindicado el Derecho Internacional. Algo que, hasta antes de ayer, ningún mandatario europeo, si descartamos a Orbán y a ratos a Meloni, hubiera cuestionado. Sin embargo, así estamos.
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