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Laura del Hoyo murió estrangulada por asfixia manual

Los médicos forenses han explicado en el juicio que del Hoyo también recibió un golpe en el pómulo izquierdo

Han señalado también los desgarros y roturas de la ropa de Laura, que interpretan como producto de un forcejeo con su agresor

Familiares de Laura del Hoyo a las puertas de la audiencia provincial de Cuenca

Familiares de Laura del Hoyo a las puertas de la audiencia provincial de Cuenca Las Noticias de Cuenca

Laura del Hoyo murió estrangulada por asfixia mecánica a mano debido a la presión ejercida por su asesino sobre la parte central de su cuello bien de frente a la víctima o rodeando su cuello por detrás, alcanzando la parte delantera y sujetándola con la mano izquierda en forma de pinza, no descartándose la aplicación de un mecanismo de elevación.

Y ello después de propinarle un golpe en el pómulo izquierdo que le provoca un hematoma compatible “con haber aplicado dos dedos”, de tres por dos centímetros, lo que abarca “prácticamente todo el pómulo”, le afecta al músculo sin fracturar el hueso y que le deja “bastante disminuida” su capacidad de defensa y le provoca una alteración del equilibrio, circunstancias compatibles con un “forcejeo” con su agresor que, además, le habría provocado desgarros en sus ropas.

Así se desprende del testimonio aportado por parte de uno de los tres médicos forenses que participaron en la autopsia practicada a su cadáver y cuyas conclusiones ha expuesto a lo largo de la cuarta sesión de la vista oral del juicio que se sigue contra Sergio Morate como supuesto autor de su asesinato y el de su exnovia Marina Okarinska y según el cual, “ejerciendo la presión necesaria, dos dedos son suficientes para que los cartílagos queden estrechados de tal manera que pueden provocar la muerte”. “No es necesario usar todos los dedos de la mano”; ha subrayado.

Según el especialista, el cuerpo presentaba un hematoma de forma helíptica de eje mayor horizontal por debajo de la base del cartílago tiroides, en el tercio medio del cuello, de eje mayor horizontal y unas dimensiones de cinco por dos centímetros hacia la derecha del tiroides y la otra, a la izquierda del tiroides, también de forma helíptica de cuatro por dos centímetros.

En cuanto a las estructuras blandas del cuello del cadáver no se evidencian hallazgos patológicos en el interior de faringe, lengua ni tráquea según avanzaba el estudio histopatológico del bloque cervical. El forense ha hecho referencia al análisis histopatológico del paquete cervical según el cual no se aprecia osificación ni fractura de los cartílagos laríngeos porque se trata de una paciente joven, al igual que en el caso de Marina.

Testimonio forense

Dado el estado de putrefacción del cadáver de Laura, más elevado que el que presentaba el cuerpo de Marina, los músculos de la laringe no presentan ningún tipo de hemorragia. Los análisis practicados no arrojan presencia de semen en su cuerpo ni sangre de origen humano en sus uñas y sus estructuras y tampoco aparecen lesiones en la cavidad torácica, ni externas ni al corte, así como tampoco en ningún órgano vital y no presenta lesiones ni en el periné ni en los genitales.

La frente carecía de partes blandas, los globos oculares estaban completamente deshidratados, se descarta fractura de nariz y se observa una mancha putrefactiva en el pómulo derecho de cuatro por dos centímetros. Asimismo, el examen interno del cadáver presenta un hematoma de uno por un centímetro en la región parietoccipital izquierda, a la altura media de la parte posterior de la cabeza que solo afecta al lado interno de la piel.

Estudio entomológico de la fauna cadavérica, complementario de la valoración del estado de putrefacción de los cadáveres permite determinar que las jóvenes llevaban más de cinco días muertas antes de la autopsia.

Tras indicar que la pierna derecha presenta amputación de la falange del quinto dedo del pie compatible con mordeduras por animales, al igual que ocurriría en el pie izquierdo, donde solo se conserva el tercer dedo, ya que ambos aparecen desnudos, el forense ha indicado que la escápula izquierda del cuerpo mostraba una extensa zona de pérdida de sustancia compatible con mordedura de animales, que aparecen también en los glúteos.

A lo largo de su testimonio, el forense ha explicado que, a su llegada al lugar donde se localizaron los cadáveres, en el interior de la fosa ubicada en el paraje El Bodegón, en el nacimiento del río Huécar, en Palomera, se visualizaba “claramente” cabeza, cuello y espalda del cadáver de Laura del Hoyo, así como sus glúteos y pies, sin calcetines y que, al igual que en el caso del cadáver de Marina, tampoco el suyo “presentaba signos de haber sido impregnados con cal mezclada con agua”, ha aclarado, aunque sí estaban parcialmente cubiertos por arena y una “sustancia que pudiera ser cal”.

Desgarros en la ropa de Laura

El forense ha indicado que a los especialistas les “llamó poderosamente la atención” la rotura y desgarros que presentaban las ropas de Laura, que, considera, se pudieron corresponder con una “confrontación con el autor de la muerte de Marina, se puede deducir así”. “La víctima ha intentado zafarse del agarre del agresor, que consiguió cogerla, se produce un forcejeo hasta el punto que la ropa se ha roto”, situación en la que, además, “se pudo producir un puñetazo posterior ya que en ese escenario de violencia todo es compatible”.

Es el caso de la camiseta tipo nadadora que aparece desgarrada en la parte de los tirantes y la porción lateral derecha, desgarros “que en absoluto proceden de una acción animal, se producen por acción humana” como consecuencia “de la distensión de la prenda hasta el punto de romperla y eso un animal no lo hace”.

En un primer examen del cadáver, aún en la propia fosa, los forenses que lo examinan también comprueban que el broche posterior de la banda del sujetador “está hacia adentro, en contacto con la piel y con arrugas, que indican que el sujetador ha sido abrochado demasiado apretado”.

“Ninguna mujer se abrocha el sujetador con tanta tirantez como para que le haga esas arrugas en la espalda”, ha agregado el forense, para, a continuación precisar que el tirante derecho estaba deformado estirado y doblado, y el izquierdo roto en el inferior, “arrancado”, roturas que tampoco obedecerían a la acción animal.

El pantalón vaquero corto que vestía no presentaba roturas ni desgarros de interés y apareció con el botón abrochado y la cremallera subida, pero al tanga sí le faltaba la tira lateral izquierda, “lo que requiere de un tirón por acción humana”. “El animal, cuando accede a un cadáver vestido no quiere alimentarse de la ropa, la rompe para alimentarse de la carne”. Asimismo, como en el caso del cadáver de Marina, bajo sus uñas se han encontrado restos de fibras de color azul cuya procedencia no pudo determinarse.

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