José Ángel Núñez, jefe de climatología de la Aemet: “Tuvo que haber una reunión de coordinación la mañana de la dana”
El jefe de climatología de la Agencia Estatal de Meteorología en la Comunitat Valenciana, José Ángel Núñez, fue uno de los principales blancos en los que el expresidente del Gobierno valenciano, su Consell y todo el PP, trataron de descargar las responsabilidades de su desastrosa gestión de la catástrofe que dejó 233 fallecidos. Lejos de amilanarse, desmontó ante la jueza y en la comisión de investigación del Congreso todos los bulos que lanzaron sobre él. Uno de ellos, la manipulación de un audio por parte del equipo de Mazón, está siendo investigado en el juzgado. Natural de Ciudad Real con 60 años recién cumplidos, geógrafo y climatólogo, Núñez hace balance para elDiario.es de lo sucedido aquel trágico 29 de octubre de 2024 y de todo lo acontecido hasta ahora.
¿Qué balance hace desde el punto de vista institucional de estos dos años que han pasado desde la dana?
Todos nos hemos visto afectados y las instituciones, lógicamente, también. Pensamos que hicimos lo que se debía hacer, aunque la información no se interpretó correctamente. Sí que hemos tenido varias reuniones de lecciones aprendidas. Además, se han cambiado algunas cosas, como, por ejemplo, adelantar la hora de los avisos. En situaciones de aviso naranja alto o de aviso rojo, se crean grupos más amplios que los que había antes para la toma de decisiones y, sobre todo, para la correcta comunicación. Es muy importante, y hay estudios que lo ratifican, que una predicción puede ser buena, pero, si la comunicación no es buena, los impactos no llegan a la sociedad. También es muy importante establecer protocolos de comunicación en situaciones de tiempo adverso, que sean claros y puedan llegar a la gente. Sí que es cierto que, en el apartado de comunicación, no creo que lo hiciésemos mal ese día. La gran diferencia que se ha producido en estos dos años es que ahora se nos escucha más de lo que se nos escuchó ese día.
¿Y a nivel personal cómo se encuentra después de que le pusieran en el foco desde el PP y desde la Generalitat para tratar de eludir responsabilidades?
Bueno, recuerdo que aquellos días lo pasé bastante mal, sobre todo el día en que el presidente Carlos Mazón hizo la comparecencia en las Corts y me nombró. Aquello, la verdad, es que nunca lo olvidaré porque, en un discurso de tres o cuatro horas, larguísimo, solo me nombró a mí. Era un poco como señalarme como negligente aquel día. Yo simplemente fui la cara visible, pero la Agencia Estatal de Meteorología es un equipo de mil personas. Es cierto que quien tiene que dar la cara ese día tiene una responsabilidad tremenda, porque tienes que intentar comunicar bien los impactos y estar en tu lugar. Yo estaba convencido de que lo había hecho bien y, al verme señalado, la verdad es que me sentí bastante mal. Entonces, claro, a partir de ese momento pensé que iba a ser el señalado. Empecé a decir lo que realmente pasó. Durante estos dos años no he insultado a nadie, pero he dicho cosas que contradecían el discurso oficial de la Generalitat, y eso ha sentado muy mal. Pero es lo que hay. Yo creo que, con la perspectiva de estos dos años, hubo unos primeros meses en los que estábamos todos un poco desorientados y no sabíamos exactamente qué había pasado. Sin embargo, creo que ahora mismo ya lo tenemos todos claro. No sé si habrá responsabilidades penales o no, pero la gestión de cada cual ese día yo creo que queda más o menos clara.
¿Desde cuándo es usted jefe de climatología de la Aemet?
Yo soy jefe de climatología desde el año 2002.
Se lo preguntaba porque desde el PP le han acusado de “meteorólogo espía sanchista”...
Sí, lo recuerdo. Es una de tantas acusaciones infundadas. Soy un funcionario que lleva aquí trabajando con todos los gobiernos, tanto del Estado como de la comunidad autónoma, y nunca he recibido ninguna indicación del tipo «tienes que hacer esto» o «tienes que hacer lo otro». En fin, siempre hemos funcionado como un organismo técnico de la Administración.
¿Por qué cree que trataron de politizarle?
Porque intentaron buscar en la Agencia Estatal de Meteorología a la responsable de no avisar, de un supuesto apagón informativo. Yo, que estuve allí, expliqué lo que realmente había pasado. Hubo un momento en que pensé que se estaba grabando todo porque recuerdo que, en una reunión del Cecopi tras la dana, Mazón dijo que no hacía falta que se tomara nota, que se estaba grabando. Yo estaba deseando que se publicara todo lo que pasó allí, porque hay cosas que se te olvidan, pero finalmente no fue así. Entiendo que nadie quiera aparecer como culpable, pero intentar culpabilizar a alguien que no ha tenido ninguna responsabilidad en la tragedia... Bueno, les salió mal.
¿Recibió alguna presión o coacción de algún tipo?
El principal acoso que he sufrido no ha sido a través de las redes sociales, aunque también ha habido perfiles anónimos, sino a través de las ruedas de prensa del Consell. Cada vez que había una rueda de prensa, la escuchaba pensando: «A ver qué es lo que van a decir de mí». Y, bueno, la capacidad de todo un Consell de una comunidad autónoma es tan potente que, claro, me afectó, porque me sentía impotente. Entonces, todo lo que he ido haciendo ha sido lo que me ha salido, pero sí que es muy duro. Me consta que el Partido Popular y la Generalitat Valenciana estaban enfadados conmigo, pero, bueno, ¿qué querían que hiciera? No podía bajar la cabeza después de que Mazón hiciera unas declaraciones en las que sacaba de contexto unas palabras mías. Tenía que defenderme, y es lo que he hecho todo este tiempo.
¿Cuál es el diagnóstico que hace de lo que ocurrió aquel día, ahora visto con perspectiva?
Tuvo que haber una reunión de coordinación por la mañana. No sabemos qué habría pasado porque no podemos volver atrás en el tiempo. No sabemos si habría habido menos muertos, pero la lógica dice que, si te coordinas y te preparas antes de que la emergencia se desarrolle, el pronóstico va a ser más favorable. Además, estás haciendo lo que tienes que hacer. Era lo que se tenía que hacer, lo que se ha hecho siempre y lo que se ha hecho después. No es que, a raíz de la catástrofe del 29 de octubre, se hayan adoptado hábitos distintos, aunque quizás ahora haya más precaución, si cabe. Pero es que antes también se actuaba así. Hubo una dana en la Vega Baja en 2019 en la que también hubo una reunión de coordinación previa. Incluso recuerdo una gota fría que hubo en 2003, hace ya casi un cuarto de siglo, en la que se suspendieron los colegios y otras actividades con antelación.
Teniendo en cuenta su experiencia en otras situaciones de emergencia, ¿qué fue lo que más le sorprendió de lo que sucedió en aquel Cecopi del 29 de octubre de 2024?
Que no se tomaban decisiones. Yo, desde el primer momento, vi las cosas claras desde el punto de vista meteorológico y vi que los técnicos de otros organismos también las tenían claras. En cuanto empezó a hablar el portavoz de la Unidad Militar de Emergencias (UME), ya dijo que había gente en los tejados, que no podían llegar ni con las lanchas y que había no sé cuántas carreteras cortadas. Estamos hablando de carreteras. Pero, claro, cuando empezó el Cecopi, a las 17.00 horas, ya estaba media provincia inundada. Pradas se quejó de que yo no había estado presencialmente, pero es que nos convocaron a las 16.20 horas, cuando la reunión empezaba a las 17.00 horas. Yo casi siempre procuro estar presencialmente. De hecho, no me gusta participar a distancia. Tuve el tiempo justo para recabar todos los datos y trasladarlos a la reunión.
¿Le sorprendió que suspendieran la reunión y cortaran la conexión a las 18.00 horas?
Es algo que nadie ha explicado aún. Resulta que, cuando empieza la reunión, se dice que hay autovías cortadas, que no se puede acceder a los tejados y que en Forata estaban entrando 2.000 metros cúbicos por segundo y solo se podía evacuar agua a un ritmo de 1.000. Y resulta que, con toda esa situación, dicen que se retiran un momento a pensar. Un momento que duró casi una hora.
Y, de todos los bulos que se han contado para intentar derivar responsabilidades desde el Gobierno valenciano, ¿cuál ha sido el que más le ha molestado?
A ver, la manipulación del audio estuvo muy fea, muy fea, porque, además, fue chapucera. Es decir, la Generalitat tenía el audio porque la Aemet no graba las conversaciones. Entonces, manipularon un audio para tratar de culpar a la Aemet, pero es que, encima, fueron tan torpes que lo hicieron mal, porque enseguida, a las pocas horas, se filtró el audio completo. O sea, no solamente hubo una deficiente gestión de la emergencia, sino también una gestión de la postemergencia muy deficiente, incluida la comunicación. Aunque no soy un experto, me pareció una técnica de comunicación muy mala. Cada afirmación que hacían sobre la situación de Mazón aquella tarde quedaba desmontada.
Se dijo también que había un radar que no funcionaba.
Sí, eso partió de uno de estos influencers. Se estaba modernizando la red de radares. La primera fase de modernización del radar de Valencia, el de Cullera, finalizó en septiembre de 2023, pero, por mala suerte, cayó y dañó la línea de media tensión que lo alimenta. Se utilizó el grupo electrógeno de gasoil hasta que se reparó la línea de media tensión. El radar de Cullera estaba apagado el viernes 25, pero el lunes 28 se encendió con el grupo electrógeno y estuvo funcionando durante todo el episodio. No sé si fue a mediados de noviembre o por esas fechas cuando terminaron las obras de la línea de media tensión. Desde entonces, funciona con normalidad. Es decir, durante todo el episodio estuvo funcionando sin problemas.
Con los últimos episodios de avisos naranjas y rojos, parece que hay quien sigue sin acabar de entender cómo funcionan, cuándo se activan en función de los umbrales y, sobre todo, que una predicción no es una ciencia exacta. ¿Cree que una de las asignaturas pendientes desde la dana es la falta de pedagogía, es decir, divulgar cómo funcionan estos avisos y qué significan, incluso desde el ámbito escolar?
Sí, sí. Todas las administraciones tenemos una labor muy importante. Desde el punto de vista meteorológico, a nosotros nos corresponde explicar en qué consisten los avisos y la diferencia entre aviso y alerta, que no tienen por qué coincidir. Un aviso naranja no tiene por qué traducirse inmediatamente en una alerta naranja. Un ejemplo muy claro que suelo poner es el de una alerta naranja en Alcoy. Por ejemplo, no tiene ningún impacto en los colegios porque Alcoy no tiene colegios en zonas inundables. Entonces, un día de alerta naranja en Alcoy, en lo que respecta al riesgo, supone un peligro para los desplazamientos a los colegios. Sin embargo, ese mismo aviso naranja en una zona más sensible puede tener un impacto importante. Por tanto, hay que explicar la diferencia entre aviso y alerta, por qué se establecen determinados umbrales, qué significa un umbral y también cuestiones climáticas. Es decir, tenemos que volver atrás y explicar que lo que pasó el día 29 fue un fenómeno extremo amplificado por el cambio climático. Todo eso hay que explicarlo. Hay que explicar la geografía, el territorio en el que vivimos y los riesgos climáticos. También hay que explicar cuándo están previstas lluvias torrenciales y qué tipos de lluvias torrenciales hay. No es lo mismo que llueva en la montaña que en la costa. Y todo eso hay que organizarlo, empezando por los colegios.
En esa misma línea, ¿cree que también es importante concienciar y educar en autoprotección?
Así es. Hay que avanzar en ese ámbito porque la autoprotección es fundamental cuando existe un riesgo de esta magnitud. Pero, para protegerse, alguien te tiene que decir de qué te tienes que proteger, qué tienes que hacer, hacia dónde tienes que ir, hacia dónde no tienes que ir y si tienes que subir o no bajar en un momento dado. Me parece muy importante establecer grupos técnicos más homogéneos. No se trata de quitarle las competencias a nadie, sino de intentar crear oficinas técnicas en las que trabajen todos, sea de la Administración que sea. Y no solo para situaciones de crisis, sino también para el día a día.
¿Está encima de la mesa la creación de un aviso negro, superior en gravedad y riesgo al rojo?
El día 29 de octubre no fue un problema de avisos: los avisos estaban ahí. No podemos saber si habría habido un aviso negro si se hubiera actuado de otra manera. Crear un aviso negro... no sé. El sistema Meteoalerta está coordinado con Europa. En toda Europa es igual. Si entramos en la página de Meteoalarm, donde están todos los avisos meteorológicos vigentes en Europa, vemos que se utiliza un código de colores: verde, amarillo, naranja y rojo. Creo que, a raíz de las inundaciones de 2021 en Alemania, allí establecieron internamente un aviso negro. Bueno, es algo que hay que debatir. No es una cuestión que dependa de la Aemet, porque el plan Meteoalerta está consensuado con las comunidades autónomas y esto se discute dentro del Plan Nacional de Protección Civil. Hay que tener en cuenta que crear un aviso negro puede hacer que se infravalore el rojo, que ya es algo extraordinario.
Da la sensación de que han mejorado las relaciones con la Conselleria de Emergencias, que ya no entra en confrontación con la Aemet si alguna previsión no se cumple al 100 %. ¿A qué se debe ese cambio?
La verdad es que, en el último año, las relaciones han sido bastante buenas, como lo eran antes de la dana. Nos comunicamos fluidamente cuando hay una emergencia y hablamos de todo lo que hay que hablar, de la incertidumbre y de la previsión. Son relaciones fluidas, como las que había antes del 29 de octubre. Yo creo que la dimisión de Mazón y la entrada del nuevo presidente, Pérez Llorca, hicieron que las cosas se fueran tranquilizando. La salida de Mazón fue claramente un punto de inflexión, aunque el conseller sea el mismo. La tensión se relajó en este aspecto.
¿En qué medida afectó el cambio climático al impacto de la dana?
El cambio climático no es una cuestión de creencias ni de fanatismo, como dicen ahora. Los que nos llaman fanáticos climáticos lo hacen sin mirarse al espejo previamente. Las bases físicas del cambio climático se establecieron hace 200 años y, durante el siglo XIX, se fue desarrollando la ciencia. A mediados de ese siglo, aunque aún no se hablaba de cambio climático, ya se empezó a plantear que el CO₂ influye en que la Tierra sea notablemente más cálida. Esto empezó con Joseph Fourier hace 200 años. A mediados del siglo XIX, una científica estadounidense ya señaló que los gases presentes en la atmósfera que permiten que la Tierra sea más cálida son los gases de efecto invernadero, que hacen posible la vida sobre la Tierra y que la temperatura sea 33 grados más alta de lo que sería si no existieran. Lo que pasa es que hemos aumentado un 50 % los gases de efecto invernadero. Por explicarlo de forma sencilla, si una manta cubre la Tierra y la mantiene caliente y le añadimos otra media manta, la temperatura asciende. Eso es indiscutible, porque ya se ha demostrado que la temperatura está aumentando. En España, la temperatura ha ascendido aproximadamente 1,9 grados desde la época preindustrial, es decir, desde alrededor de 1850. La temperatura es una medida de energía y lo que nos indica es que estamos en un planeta más energético. En el caso del Mediterráneo, se trata de un mar semicerrado y su calentamiento está siendo notablemente superior al de los océanos. El calentamiento del Mediterráneo supone un mayor aporte de energía y de humedad. La lógica dice que una mayor energía y una mayor humedad tienen que dar lugar a fenómenos más violentos, y eso es lo que ya se está demostrando. Se han realizado varios estudios de atribución de la dana y todos coinciden en que fue entre un 15 % y un 20 % más intensa de lo que habría sido en un escenario sin cambio climático.
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