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CV Opinión cintillo

Vox Valencia: Del cortijo de Llanos al panteón de Gil Lázaro.

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Moncada se convirtió este fin de semana en la Rávena verde, donde ante la presencia de la representante del emperador de Amurrio María Ruíz, se materializó el cambio de dirección iniciado con el cese de José María Llanos, disfrazado como es norma entre los de Bambú, de abandono para centrarse en la vida política, con la presentación por parte de Gil Lázaro del nuevo Comité Ejecutivo Provincial. Atrás quedaron aquellos años de cortijo monoteísta en torno al político tórrido y mate de José María Llanos, donde los Comités Ejecutivos y Vicesecretarias se trufaban de familiares y amiguetes con más pasado polémico que presente político. Desfilaron desde una hijastra modista que acabó convirtiéndose diputada por aquellas dimisiones extrañas que se producían tras los viajes furtivos de los llamados hombres de negro de Ortega Smith hasta un investigado por presunta estafa a una anciana. Eran aquellos tiempos de pagar el trabajo gratuito de compadreo en la cúpula provincial con puestos de asesores en la Diputación Provincial o el Ayuntamiento del Cap i Casal, con escasa asistencia al puesto de trabajo y continuos escándalos en medios de comunicación por presuntas malas praxis. Nunca faltaron miembros hijos de adinerados empresarios o políticos del Partido Popular todos bajo el denominador casi común de su pertenencia al Opus Dei y organizaciones ultra católicas.

Pero tanto escándalo alrededor del autoproclamado líder perpetuo cuando sentenciaba con aquella frase tan suya de “Yo soy Vox” no pasaba desapercibido para el emperador de Amurrio ni para los que le mandan y decidieron sustituirlo por el hasta entonces persona de confianza del Presidente en Valencia Ignacio Gil Lázaro, aquel empesebrado de la vida política que tras alcanzar la vicepresidencia cuarta de la Cámara no conseguía hilar un discurso efectivo capaz de retrotraerle a su único y glorioso momento Faisán. Y por aquello de que la “vuelta a casa por navidad” en Vox siempre trae malas consecuencias y más desatinos, se hizo cargo de la Presidencia provincial consiguiendo en tiempo récord desmembrar los equipos locales y hacer fichajes del nivel de un aspirante a Presidente de la Generalitat con el marchamo de su condena firme por maltrato o de un Aspirante a alcalde de la ciudad del Turia que aseguraba megáfono en mano que haría “una valencia más inclusiva”. Participó en el pacto de la servilleta con un resultado que recordaba a aquellas votaciones de Eurovisión en 1979 donde España le dio la victoria a Israel relegando a Betty Missiego a un segundo puesto, el mismo lugar  que ocupó él en las listas de Vox al Congreso por Valencia al tenerse que comer con patatas a su fichaje estrellado en la línea roja del Partido Popular por maltratador. Pero tampoco fue capaz de controlar a su otro fichaje en el Ayuntamiento, que lejos de buscar líneas de encuentro que permitiera amarrar un Gobierno en el Consistorio, se dedicaba a performance en busca del minuto de gloria, ruedas de prensa inauditas y desplantes públicos hacia aquellos con los que estaba necesariamente obligado a entenderse, el Partido Popular y con una Alcaldesa con la tejía líneas de desencuentro diarias tal vez a colación de viejas rencillas en clave universitaria. Así que tuvo también que participar en “el pacto del canapé” en el Ayuntamiento de Valencia, y tras una “fina negociación” obtuvo cuatro concejalías prácticamente sin recursos económicos y vaciadas de competencias reales. Un recorrido desde su nombramiento hasta la fecha tan desafortunado en lo político como errático en la elección de candidatos. Por eso y tras conocer a los nuevos miembros de la Ejecutiva provincial, he comparado a la población de Moncada con la italiana Ravena, ultima capital del imperio romano. Y es que la configuración del equipo de Gil Lázaro, recuerda más a la decadencia del Imperio que a la esperanza de España como él la calificó en su mensaje de clausura del acto.

En el nuevo comité ejecutivo provincial no solo hay caras nuevas y algunas desconocidas, sino otras sacadas del baúl de la piqué con la esperanza en este caso, de que tiempos pasados aseguren éxitos futuros. En el caso del  Secretario Provincial José Pedro Martínez Carrión, éxitos en el plano político no ha cosechado, ya que todos aun recordamos el gran fracaso como candidatos en las municipales de 2019 por Vox en el Puig de Santa María, por tanto supongo que el éxito será el de haber segado la hierba debajo de los pies junto a algún concejal del ayuntamiento de Valencia al que era su presidente permitiendo así la llegada de Gil Lázaro. Aunque este, en otro mal augurio, parezca haber olvidado la frase de Servilio Cepión de “Roma no paga traidores”. Pero no es el único olvido que ha tenido Gil Lázaro en su elección, y es que ha olvidado unas declaraciones de su Vicepresidenta Helena Martinez Losada a los medios tras su fichaje por el Grupo Mirabaud que la convierten en alguien incompatible con el partido verde. Helena hablando de inversiones sostenibles aseguraba que “todos somos conscientes de la emergencia climática y de la necesidad urgente de tomar grandes medidas para reducir la huella de carbono”. Así que o la Vicepresidenta del nuevo CEP desconoce el posicionamiento político de Vox o bien poco le importa si así consigue llega al poder. Otro error sea como fuere. Pero por aquello de que no hay dos sin tres, vayamos con el nuevo responsable de Organización, Sergio Pastor. Responsable de Organización también del sindicato Solidaridad desde hace casi dos años a él se le atribuye  la pírrica implantación del sindicato en la provincia de Valencia y que llevó al fracaso de la convocatoria de huelga General del 24N en la provincia. Y es que era difícil pensar que Pastor pudiera crear una estructura en el Sindicato cuando acabó por destrozar el equipo de Manises que le aupó a la concejalía en la que ha revalidado al poco tiempo de su toma de posesión. Unos conflictos internos que forzaron su cese como coordinador de Manises. Conflictos que son bastante similares a los que mantiene la nueva responsable de acción municipal Mónica Gil en el Grupo del Ayuntamiento de Valencia, y donde esperan de ella que haga con el Portavoz lo que Ignacio Gil Lázaro no fue capaz. No le arriendo las ganancias a ninguno. Esperemos que al menos Salvador Tena como responsable electoral sea capaz de poner remedio a tal colección de errores del “errante Faisán” y no confíe todo a los rezos del rosario y las plegarias marianas a las que parece haber entregado la estrategia política el partido verde. De no ser así, la decadencia del imperio de él de Amurrio en Valencia será un hecho y acabará con la trayectoria política de algunos buenos que habrán pasado, inexorablemente del Cortijo de llanos al Panteón de Gil Lázaro.

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