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Migrantes que huyen de Trump a València: “En EEUU la inseguridad es un trauma colectivo”

Cuando Emma Sepúlveda llegó a Estados Unidos, huyendo del golpe de Estado de Pinochet en Chile, nunca pensó que décadas después dejaría el país temiendo una nueva forma de totalitarismo. La escritora y activista por los derechos de los migrantes ya tuvo que salir de Argentina, su país natal, tras el golpe militar de 1955 y, con la campaña electoral que precedió el primer mandato de Donald Trump, en 2016, se dio cuenta de que el país en el que llevaba cincuenta años estaba cambiando a una gran velocidad, dirigiéndose hacia un terreno peligroso. La alarma le estalló cuando en 2018 comenzaron a discutirse los derechos de las mujeres, con las medidas antiabortistas sobre la mesa. “Me di cuenta de que no podía vivir en un país donde mis nietas tuvieran menos derechos que yo”, explica en conversación con elDiario.es.

Atlas, un joven trans de 38 años y de origen venezolano, tuvo una revelación más brusca. De su localidad natal en Venezuela, este arquitecto e ingeniero migró con sus padres a Carolina del Norte, un Estado profundamente conservador en el que su padre obtuvo un empleo, pero de donde él tuvo que marchar. “Salí del closet y tuve que salir corriendo”, relata. De ahí su pareja, también trans, y él, se mudaron a Austin y a Seattle, una ciudad más liberal y queer, pero con un coste de vida elevadísimo. Además, apunta, “sigue siendo parte de Estados Unidos, y te preguntas cuánto tiempo puedes estar bien con una legislación anti LGTB”.

Las de Emma y Atlas son dos historias de migraciones encadenadas, dos vidas marcadas por esta condición. Ambos tienen además una fuerte convicción política de izquierdas, lo que les hace sentir en una posición vulnerable en determinadas localidades si participan en manifestaciones. También encarnan una nueva fuga de talentos de Estados Unidos, personas con elevada formación que no se sienten seguras en un país que se ha tornado caótico y que concentra profundas desigualdades.

La inseguridad y el retroceso en derechos frente a la vida lenta

La violencia en las calles, la cotidianidad de las armas, la falta de sanidad pública y una creciente tensión política son algunos ingredientes que llevan a la gente a marchar. “En Estados Unidos la inseguridad es un trauma colectivo”, relata Atlas. Emma cuenta cómo llegó a tener problemas hasta para acudir al cine o sentía miedo dando clase: “Pensaba ¿por dónde entraría un tirador? ¿Dónde me escondería?”.

Emma reside desde 2021 en València, ciudad a la que llegó con su marido John, un abogado nacido en Estados Unidos con el que comparte vida en el centro de la capital valenciana, junto a la Gran Vía. Ninguno de los dos pretende volver al país del que salieron tras el primer mandato de Trump, aunque les costó años tramitarlo todo. Escogieron la ciudad por su hijo, que se casó con una valenciana tras estudiar en Madrid y el matrimonio decidió trasladarse cuando tuvieron a sus dos hijas. Poco después les siguieron Emma y John, ahora enamorados de una ciudad amable.

Atlas llegó con su pareja, nacida en Oregón, en 2024, en vísperas del segundo mandato de Trump. “Vimos como se iba deteriorando la situación con Trump y no queríamos quedarnos cuando ganara. Hubo un tiroteo en Texas en una escuela, donde murieron 12 niños, y pensamos que allí no se podía hacer familia”, expresa. Habían viajado juntos a España en 2022 y tenían familia aquí, lo sintieron casa. Se parecía al pueblo natal de su padre y notaba muchas similitudes en el carácter mediterráneo, una cultura que llama de “vida lenta”, tranquila, pausada. Pero especialmente relevante fue sentir que el país abraza la diversidad. “Cuando escogimos España sabíamos que era un lugar más abierto. Obviamente hay miradas, preguntas, pero nunca he sentido en riesgo mi vida. Algún recelo, pero no inseguridad física”, expresa. “En general la vida es más lenta, más pública. En EEUU trabajaba 60 horas a la semana; tengo dolor crónico y me estaba acabando con el burnout. Sabía que iba a ganar menos dinero pero buscaba una vida más tranquila. Mis dolores crónicos han mejorado solo con quitarnos el estrés, la inseguridad, el miedo”, cuenta.

“Un país de migrantes que odia a los migrantes”

Emma Sepúlveda se ha pasado la vida tratando de explicar los Estados Unidos. Escritora, activista, profesora universitaria, trabajó para la campaña de Bill Clinton y también para Barack Obama. Fue candidata al Senado en Nevada y estuvo al frente de una fundación para la educación democrática de los latinos en Estados Unidos. Se ha recorrido el país y ahora teme volver. Incluso ha cancelado la gira de presentación de la traducción de su último libro allí. “Estados Unidos es un país de migrantes que odia a los migrantes”, señala, profundamente afectada por las noticias recientes sobre las redadas migratorias.

“Se ha ido instaurando un sistema autoritario que va a ser muy difícil de cambiar”, sostiene Sepúlveda. Alerta de las campañas de desinformación, y especialmente de “el desmantelamiento de los principios democráticos”, la criminalización de las protestas y los abusos de los agentes de ICE. “La gente sale a la calle y los están matando”, denuncia la escritora.

Atlas tampoco tiene pensado un regreso. Más bien, quiere que sus padres puedan salir del país. “No quiero volver. Yo soy una persona de izquierdas, venezolano, soy trans. Tengo todas las de perder. No creo que pueda regresar ni de visita. Ya no importa si eres ciudadano o no”, lamenta. Con todo, apunta, se siente feliz en València. “La vida lenta es donde disfrutas el placer, la comida, la socialización está más centrada que la individualización. Allí casi no hay contacto con la gente. Esta es la vida que podría haber tenido en Caracas, hay muchos espacios públicos... la gente aquí quiere descansar, no busca todo el rato comprar y trabajar hasta la muerte. Y obviamente está la cuestión de la salud y la seguridad social: soy feliz de contribuir con mis impuestos, con todas las grietas que tiene, el sistema sigue funcionando, puedo ir al hospital sin salir con 50.000 dólaress de deuda”

Comunidad de expats

Atlas y Emma no se conocen. Ni viven en el mismo barrio ni comparten costumbres diarias. Pero ambos comparten la condición de expatriados, una comunidad que ha crecido en los últimos años. A la migración de latinoamérica, la predominante, se ha sumado en el último lustro un crecimiento de los llegados de Estados Unidos, tanto de quienes poseían la nacionalidad como de quienes llevaban años viviendo allí. València cuenta en el censo con más de 3.200 estadounidenses y tanto la ciudad de València y su área metropolitana se han convertido en un destino atractivo. Escogen barrios como Russafa y Ciutat Vella pero también Quatre Carreres, zona nueva en expansión, y crean tertulias en los cafés del centro, actividades al aire libre en el viejo cauce o la playa y actividades socioculturales en conjunto.

El medio digital Politico recogió algunas historias de estadounidenses que huyen del trumpismo y que lo perciben como un modelo autoritario.

Los blogs o webs especializadas destacan el clima, el ocio, la seguridad y la calidad de vida. También medios como The Washington Posts, Forbes o plataformas para expats elogian la vertiente mediterránea del país. Por contra, movimientos ciudadanos y algunas formaciones políticas advierten que el desembarco de trabajadores que mantienen los salarios norteamericanos, o de otros países de Europa con rentas superiores, está tensionando el mercado de vivienda.