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Vacaciones, viajes, comidas fuera de casa, picnics en la playa o determinados excesos nos cambian muchos de los hábitos que hemos mantenido a lo largo del año. Todo ello, unido a la temperatura y la humedad típicas del verano, hace que nuestra salud digestiva se vea resentida. Y es que el tracto gastrointestinal es uno de los más afectados por el estrés térmico.

¿Cómo afecta la temperatura a nuestro intestino?

Sabemos de la importancia que tiene nuestro microbioma intestinal y de asegurarnos de comer bien para cuidarlo. Pero, ¿qué hay de mantenernos frescos? Aunque pueda sonar extraño, la exposición prolongada al calor también puede afectar a nuestra salud intestinal.

Cuando nos exponemos a temperaturas de calor, el organismo redirige el flujo sanguíneo para hacer que podamos mantener la temperatura corporal. Y lo hace enviando la sangre a la piel para expulsar el calor. Esta redirección afecta a nuestro tracto gastrointestinal porque el sistema digestivo necesita una cantidad concreta de sangre para funcionar de manera correcta.

Además, los cambios en la alimentación de estos meses también colocan a los intestinos en una situación bajo presión cuando hace calor: tendemos a comer más cantidad de alimentos fríos y crudos (a los que tenemos que acostumbrarnos, sobre todo si somos más sensibles a los cambios); solemos movernos menos; a menudo, nuestra calidad del sueño se reduce por el intenso calor. Todos estos factores son clave para mantener nuestros intestinos saludables. 

Por tanto, algunas de las prácticas típicas de verano como los atracones de comida y bebida, las comidas nocturnas y copiosas y un estilo de vida sedentario se convierten en los grandes enemigos de nuestra salud digestiva.

Problemas digestivos más comunes en verano

La deshidratación, la preparación inadecuada de alimentos y los alimentos que priorizamos durante estos meses (que no suelen ser los más saludables) elevan el riesgo de sufrir trastornos digestivos. Los que aparecen con mayor frecuencia en verano son:

  • Intoxicaciones alimentarias: los problemas provocados por patógenos como bacterias o virus en alimentos son los más comunes durante el verano, sobre todo provocados por Campylobacter, Salmonella, Escherichia coli y Listeria Monocytogenes. Estas inflaman la mucosa del estómago y del intestino y aparecen síntomas como vómitos, diarrea, náuseas o retortijones que desaparecen a los 2-3 días.
  • Cortes de digestión: la hidrocución se produce por un contraste térmico entre la temperatura de nuestro cuerpo y el contacto con algo externo, como el agua. Los síntomas más comunes son mareos, bajada de la presión arterial, estómago o escalofríos.
  • Estreñimiento: los cambios en la dieta pueden desequilibrar el funcionamiento normal de la digestión porque, por ejemplo, no tomamos la suficiente cantidad de fibra. Este problema puede aumentar también con la deshidratación, común en verano, y que hace que el cuerpo extraiga los líquidos de lugares como las heces, que se resecan y son más difíciles de expulsar.
  • Pérdida de apetito: la pérdida de agua que sufrimos durante el verano puede provocar una mayor evacuación de vitaminas y minerales, sobre todo cloruro de sodio. Esta caída de la concentración de minerales afecta a nuestro metabolismo. 
  • Diarrea: se caracteriza por la evacuación frecuente de heces acuosas, lo que provoca una escasa absorción de agua y nutrientes. A veces puede ir acompañada de dolor, debilidad, náuseas, vómitos, fiebre o pérdida de hambre. Puede estar provocada por una infección vírica intestinal o la ingesta de alimentos o agua contaminada por gérmenes patógenos.
  • Digestiones pesadas: comidas copiosas, desordenadas, exceso de fritos y grasas o un mayor consumo de alcohol pueden acabar en molestias estomacales y digestiones pesadas. También las bebidas gaseosas pueden favorecer los gases y ocasionar molestias.

Las temperaturas extremas también pueden aumentar el riesgo de enfermedades inflamatorias del intestino como la colitis ulcerosa. 

Cómo prevenir estos problemas digestivos en verano

Para evitar problemas de digestivos es aconsejable:

  • Ingerir pequeñas cantidades de alimentos y con frecuencia. Esto ayuda a mantener la saciedad sin sobrecargar el estómago.
  • Comer poco a poco porque hacerlo rápido puede estresar el estómago y provocar gases, hinchazón y molestias.
  • Planificar los horarios de comidas y esperar al menos una hora después de comer antes de hacer ejercicio físico.
  • Almacenar y manipular los alimentos correctamente ya que el sol y las altas temperaturas pueden promover el crecimiento de bacterias en los alimentos.
  • Evitar alimentos que pueden interrumpir el proceso de digestión o causar molestias como hinchazón en el caso de alimentos ricos en grasa o ácidos, así como el consumo frecuente de café, alcohol y refrescos porque pueden irritar y dañar el revestimiento del estómago.
  • Mantener el cuerpo hidratado con la ingesta de líquidos, priorizando el agua. 
  • Ingerir alimentos probióticos y prebióticos para tener un intestino sano. Las bacterias buenas presentes en el tracto gastrointestinal facilitan la digestión y las deposiciones. El yogur es un buen probiótico.

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