La boca, aunque no lo parezca, no es el interior de nuestro organismo. Está en contacto permanente con el exterior, y como corresponde, tiene microbiota, un conjunto muy diverso de microorganismos (bacterias, virus, hongos y otros) que viven de forma natural en esta cavidad. En los últimos años se ha comprobado que los problemas más comunes de la boca, como la caries o la gingivitis, tienen su origen en una alteración de la microbiota oral, es decir, de estas colonias de microorganismos. Por eso la higiene bucal tiene tanta importancia y puede afectar a la salud de todo el organismo.
La higiene dental y los problemas de la boca
En España, la boca solía estar descuidada, pero se han producido avances. Según el Barómetro de la Salud Bucodental 2025, de cada diez personas, cuatro se cepillan los dientes tres veces al día, y otras cuatro dos veces al día. Aun así, un 36% no saben qué es el bruxismo, una de las afecciones de la boca más comunes, y un informe del Consejo General de Dentistas advertía en 2020 de que el 56% de la población tenía algún problema bucodental.
Los problemas más comunes en nuestra boca son viejos conocidos, pero no por ello menos dañinos. Ganan la caries y la gingivitis, que puede terminar en piorrea (enfermedad periodontal), como los más comunes. “En consulta sobre todo tratamos lesiones de caries y problemas relacionados con la inflamación gingival (sangrado, halitosis)”, explica la doctora Noelia Santos Puerta, odontóloga especialista en conservación de la clínica Ferrus & Bratos. “Pero cada día es más habitual tratar problemas relacionados con el bruxismo (rechinar o apretar los dientes), añade.
Aunque hay mayor conciencia sobre el cuidado de los dientes, existen diferencias importantes. La primera viene dada todavía por los condicionantes sociales. Un estudio reciente en escolares de Mallorca revela que el tipo de colegio y el nivel educativo de los padres suponen una diferencia importante en la salud dental de los niños. Los alumnos de colegios públicos presentaban un índice de caries significativamente mayor que los de centros privados o concertados, una brecha que tiene que ver poco con la genética y mucho con la nutrición y la información.
La salud de la boca no solo se traduce en tener una sonrisa bonita. Por ejemplo, la inflamación de las encías de la gingivitis y la periodontitis pueden afectar a la salud del resto del organismo. La inflamación que producen se traduce en un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infartos y accidentes cerebrovasculares, obesidad, diabetes, Alzheimer, enfermedades respiratorias y autoinmunes, entre otras.
Más allá del cepillo de dientes
Los expertos no se cansan de repetir lo mismo: la receta para tener una boca sana es sencilla, pero exige constancia. La regla de oro es el cepillado después de cada comida, y especialmente el de antes de dormir, a ser posible con una pasta dentífrica que contenga flúor.
Pero cepillarse los dientes en lo que dura un anuncio de la tele no basta. La recomendación es que el cepillado debe durar al menos dos minutos, con una técnica que limpie todas las caras del diente y, muy importante, el borde de la encía. Aun así, el Consejo de Dentistas calcula que el 60% de las personas en España no dedica el tiempo necesario.
Además, el cepillo solo llega al 60% de la superficie dental. El 40% restante está en los estrechos espacios entre diente y diente, que es precisamente donde se gestan muchas caries y problemas de encías. El uso de hilo dental, que aún es minoritario en España, según el informe anterior, es una necesidad, y requiere una técnica aún más específica que el cepillado. “Generalmente la gente sigue las recomendaciones de higiene bucodental, pero muchas veces desconocen las técnicas adecuadas de cepillado y uso de la seda dental”, confirma la doctora Santos.
Los cinco hábitos que mantienen una boca sana
“La clave está en el estilo de vida”, afirma la doctora Santos. El cuidado de los dientes y encías no solo depende de la limpieza, sino también de la dieta:
- Hidratación: beber agua, especialmente después de las comidas, ayuda a arrastrar restos de alimentos y a neutralizar los ácidos que atacan el esmalte, manteniendo un entorno hostil para las bacterias dañinas.
- Visita al dentista: la recomendación es visitar al dentista una o dos veces al año, incluso (y sobre todo) cuando no duele nada.
- Dos minutos de cepillado: la mejor forma es ponerse un temporizador o una canción que dure dos minutos, pero también se puede dividir en cuatro partes de 30 segundos: dientes superiores cara interna, superior cara externa, inferior cara interna e inferior cara externa.
- Seda y cepillos interproximales: la seda dental elimina la placa y los restos de comida entre los dientes y debajo de las encías, que son zonas inaccesibles para el cepillo. Además, cuando los espacios son grandes la doctora santos recomienda los cepillos interproximales.
- Usar un cepillo eléctrico: con la importancia que tiene la técnica, el cepillo eléctrico hace el trabajo más fácil. “Realiza los movimientos adecuados, de manera uniforme, y el paciente únicamente debe acompañar ese movimiento por la boca”, dice la doctora Santos.
Los cinco hábitos que estropean tu boca
A veces estamos dañando nuestros dientes y encías sin darnos cuenta. Estos son algunos de los hábitos más perjudiciales:
- Los palillos de dientes: “Son una muy mala idea” dice la doctora Santos. “Se pueden astillar e incluso quedar clavado algún fragmento produciendo dolor y sangrado”.
- Picar y beber refrescos entre horas: aunque nos cepillemos los dientes después de las comidas, no es tan probable cuando comemos una chocolatina o bebemos una coca cola. “Conviene evitar los azúcares y la bebidas carbonatadas”, recomienda Santos.
- Fumar: el tabaco no solo mancha los dientes y causa halitosis, también reduce el riego sanguíneo en las encías, enmascarando el sangrado de la gingivitis y acelerando la destrucción del hueso que sujeta los dientes.
- Masticar hielo: hay personas que tienen esta mala costumbre, pero la dureza y la baja temperatura del hielo pueden provocar microfracturas en el esmalte, aumentar la sensibilidad e incluso dañar empastes o coronas existentes.
- Morderse las uñas, masticar hielo o mordisquear bolígrafos: “con mucha frecuencia vemos desgaste o fractura en los dientes por estos hábitos”, dice la doctora Santos. Además de introducir gérmenes en la boca, somete a los dientes frontales a una presión que puede desplazarlos o astillarlos, y castiga la articulación de la mandíbula.
- El bruxismo: rechinar o apretar los dientes, sobre todo durante el sueño, está relacionado con el estrés, desgasta las piezas dentales hasta aplanarlas y sobrecarga la articulación de la mandíbula, pudiendo causar dolores. Es necesario tratarlo.
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