Cinco claves para proteger adecuadamente a tu perro del frío

Foto: Jordi Sabaté

Cuando llega el invierno, dos cosas están aseguradas: coger el metro se convierte en un deporte de riesgo, con vagones atestados y escalones que resbalan, y los perretes salen a la calle forrados de ropa. Pitbulls con jerséis de cuello vuelto. Galgos embutidos en petos polares. Y lustrosos mestizos dentro de plumas acolchados. Más allá de que tu amigo perruno esté la mar de guapo con ellos, lo cierto es que un abrigo puede resultar de gran ayuda como protección para el frío. Y hay más cosas que puedes hacer para que se mantenga calentito y cómodo, y para proteger sus patas de cortes y grietas durante el invierno.

Puede que tu perro necesite un abrigo

Hay perros que no lo precisan. De hecho, su sistema circulatorio está mejor equipado que el nuestro para resistir el frío. Pero no todos son iguales: por mucho que tu amigo esté cubierto de pelo de las patas a la cabeza, no des por hecho que está preparado para cualquier invierno. El problema: muchos carecen del pelaje suficiente, o este no resulta efectivo en la tarea de mantener el calor.

A menos que tu compañero de tiriteras tenga la rotunda y gruesa capa de pelo de razas árticas como el samoyedo, el husky o el malamute, cuando el mercurio baje le vendrá bien un abrigo. "Si viven en una zona de clima frío, todos los perros de pelo corto, como los galgos, podencos, chihuahuas, bracos, entre otros, suelen necesitar ropa de abrigo en invierno", explica el veterinario Miguel Seco. Incluso perros de razas de origen montañoso, como el shiba inu, que cuenta con una capa aislante natural, pueden beneficiarse de una prenda adicional durante los días más gélidos, lluviosos, ventosos o de nieve. Y si es bonita, pues mejor.

En todo caso, los más pequeños, como el chihuahua, el caniche, el bulldog francés o compis mestizos similares, son los que peor lo pasan, porque su pelo prácticamente no los protege. Preservar la temperatura corporal resulta, además, crítico para todos los cachorros, así como para los perros delgados, mayores (su sistema inmunológico suele debilitarse) o que sufren una enfermedad crónica, como un problema cardiaco, diabetes o artritis.

Los que mejor llevan el frío: huskies, malamutes y, en general, razas nórdicas de pelo largo. Por su parte, perros como el labrador, el golden retriever y similares se encuentran en un punto intermedio. Pero incluso si tu amigo luce pelazo, puede agradecer un jersey durante los días más gélidos. Del mismo modo que te preocupas porque tu camarada peludo coma bien, y dedicas horas, dinero y mimos a buscar su comida perfecta, suele merecer la pena invertir en comprarle un buen abrigo a juego con su pelambrera.

Si te decides, escoge una prenda perruna que le cubra desde la base del cuello hasta la cola, y que le proteja el pecho y el abdomen. Debe quedarle ceñida, pero sin apretarle ni restringir el movimiento; las tiras o velcros ajustables se antojan como una buena idea, ya que te ayudan a poner y quitar el abrigo. Para los días de lluvia o de nieve, te será útil contar con una prenda impermeable. Pero asegúrate de que la etiqueta indique que la prenda es transpirable: no quieres que tu amigo se ase. Y, mejor aún, que además pueda meterse en la lavadora.

Otros consejos contra el frío perruno

  1. Protege sus patas, no descartes las botas: las almohadillas de tu perrete soportan bien el frío moderado. Pero la cosa cambia en circunstancias más extremas: en ese caso, necesitan protección. Aunque tú no lo notes, el frío puede tener consecuencias dolorosas para tu amigo. "En invierno, las almohadillas del perro suelen secarse y agrietarse con mayor facilidad", afirma Seco. Recuerda hidratar sus patas: existen productos veterinarios específicos para esta zona, pero un poco de vaselina antes del paseo también puede servir. Para el frío extremo y la nieve, no descartes usar unas botas perrunas: las hay ligeras, preparadas contra resbalones y monísimas.
  2. Baños peludos al mínimo: como le sucede a la nuestra, la piel perruna también se reseca y vuelve tirante con el frío. Por eso, intenta reducir los baños de tu amigo al mínimo.
  3. Aceite de oliva o coco en la comida: para evitar la sequedad, puedes añadir un poco de aceite de oliva o de coco a su dieta, ya que ayudan a hidratar la piel perruna. Con media cucharadita basta para un perrete por debajo de los 13 kilos; pero añade una entera si tu amigo es más grande. Consulta con tu "vete".
  4. Sueños peludos y calientes: asegúrate de que tu compi dispone de un sitio cálido y confortable donde dormir, protegido del suelo y lejos de corrientes de aire. Una camita acolchada con una manta e incluso una almohada (a muchos perretes les encanta apoyar en ella su cabeza) son ideales. También hay mantas térmicas para tu amigo, que emiten calor gracias a circuitos eléctricos seguros.
  5. Rampas y escaleras para los mayores: la artritis perruna, que sufren muchos perros ancianos, se agrava con el frío. Si tu amigo presenta síntomas de movilidad reducida o ya la tiene, unas rampas y escaleras colocadas en lugares estratégicos pueden ayudarle a moverse por casa sin que resulte un suplicio. Por ejemplo: una escalerita para subir al sofá. Además, hay muchos tratamientos contra el dolor; pregunta a su veterinario para asesorarte.

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Publicado el
26 de enero de 2020 - 23:11 h

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